Avicultura

Diez regiones genéticas explican la virulencia del virus de Marek

Publicado el 05/08/2026 · REDACCION

Un análisis de 65 cepas aviares relaciona variantes del genoma con la formación de tumores y la capacidad del patógeno para superar la protección de algunas vacunas


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.

Investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos identificaron diez regiones del genoma del virus de la enfermedad de Marek asociadas estadísticamente con una mayor virulencia, la formación de tumores y la capacidad de ciertas cepas para superar la protección proporcionada por vacunas avícolas.

El hallazgo procede de un análisis genómico de 65 cepas recopiladas entre 1962 y 2016. El trabajo no demuestra todavía que cada variante sea responsable directa de la mayor gravedad de la enfermedad, pero reduce considerablemente el número de regiones que deberán estudiarse para conocer cómo evolucionó este herpesvirus y orientar el diseño de vacunas más duraderas.

Una enfermedad aviar que continúa circulando en granjas

La enfermedad de Marek afecta principalmente a los pollos y no enferma a las personas. El virus puede provocar linfomas, daños nerviosos, parálisis y mortalidad, además de propagarse con rapidez dentro de una parvada cuando no existen medidas adecuadas de vacunación, higiene y control sanitario.

Las aves infectadas liberan partículas virales asociadas con células de la piel y restos de plumas. El material contaminado puede incorporarse al polvo de los galpones y alcanzar a otros pollos por vía respiratoria. Esta persistencia ambiental ayuda a explicar por qué el patógeno puede mantenerse en las explotaciones incluso cuando la enfermedad clínica no resulta inmediatamente visible.

Los productores pueden consultar información específica sobre los síntomas y la prevención de la enfermedad de Marek en pollos, entre ellos alteraciones de la movilidad, parálisis, cambios oculares, pérdida de peso y lesiones tumorales en órganos internos. La confirmación requiere evaluación veterinaria y, cuando corresponda, diagnóstico de laboratorio.

Sesenta y cinco cepas comparadas durante más de cinco décadas

El equipo secuenció los genomas completos de cepas conservadas en una amplia colección del USDA. Cada una había sido clasificada mediante pruebas estandarizadas en uno de cuatro patotipos, desde formas relativamente leves hasta variantes altamente virulentas.

Esta clasificación tuvo en cuenta tanto la gravedad de los síntomas como la capacidad de las cepas para causar enfermedad en aves protegidas con distintas generaciones de vacunas. Las cepas de alta virulencia pueden superar la protección de las primeras vacunas desarrolladas, mientras que las categorías superiores también muestran capacidad para atravesar defensas de segunda generación.

Al alinear las 65 secuencias, los investigadores localizaron cerca de 800 posiciones donde una letra del ADN variaba entre cepas. También encontraron regiones con inserciones o eliminaciones de segmentos genéticos. Con estas diferencias construyeron un árbol evolutivo destinado a observar cómo se relacionaban las cepas y si compartían antecedentes genéticos.

El análisis reveló que las cepas de mayor virulencia incluidas en la muestra procedían de un ancestro común. Esa relación indica que una mutación o una combinación de cambios genéticos pudo surgir dentro de esa rama evolutiva y contribuir a la capacidad del virus para causar cuadros más graves o superar determinadas vacunas.

Diez variantes asociadas con tumores y escape vacunal

Los científicos aplicaron un estudio de asociación de genoma completo, conocido como GWAS, para determinar qué variantes aparecían con mayor frecuencia en las cepas más virulentas. El procedimiento señaló diez regiones genéticas vinculadas estadísticamente con la tumorigenicidad y el escape de la protección vacunal.

La asociación más intensa correspondió a una repetición en tándem, una modificación en la que un fragmento de ADN aparece duplicado consecutivamente. Algunos de los sitios ya habían sido observados en investigaciones anteriores, mientras que otros representan candidatos nuevos para estudiar los mecanismos de virulencia.

Alejandro Ortigas-Vasquez, estudiante de posgrado de Penn State y primer autor del estudio, señaló que el siguiente paso será comprobar experimentalmente la función de esas variantes. Hasta que se realicen esas pruebas, los resultados deben entenderse como asociaciones genéticas y no como demostraciones definitivas de causalidad.

El nuevo estudio amplía investigaciones previas sobre la evolución de cepas virulentas del virus de Marek, que habían prestado especial atención al oncogén viral meq. El análisis actual adopta una perspectiva de todo el genoma y permite examinar simultáneamente numerosas regiones.

Las vacunas reducen la enfermedad, pero no eliminan la circulación

La vacunación generalizada desde la década de 1970 disminuyó considerablemente el impacto productivo de la enfermedad de Marek. Sin embargo, las vacunas disponibles protegen principalmente frente a los síntomas, los tumores y la mortalidad; no siempre impiden que el pollo se infecte, replique el virus y lo libere al ambiente.

Moriah L. Szpara, profesora de biología, bioquímica y biología molecular en Penn State y responsable del equipo, explicó que el patógeno continúa circulando en explotaciones avícolas pese a la vacunación casi universal. Las vacunas de tercera generación ofrecen la protección más sólida frente a cepas muy virulentas, aunque existen informes sobre variantes hipervirulentas capaces de superar incluso estas defensas.

Esto no significa que la vacunación haya dejado de ser eficaz ni que deba abandonarse. Sigue siendo la herramienta esencial para reducir las manifestaciones clínicas y las pérdidas. El estudio busca aportar conocimientos que ayuden a actualizar las formulaciones y anticipar posibles brechas de protección.

La investigación también coincide con trabajos sobre la evolución histórica del virus de Marek y la resistencia genética de los pollos. Comparar cepas antiguas y modernas permite estudiar cómo cambiaron tanto el patógeno como las poblaciones avícolas bajo diferentes modelos de producción.

Implicaciones para la sanidad y la producción avícola

Identificar las regiones vinculadas con la virulencia puede facilitar sistemas de vigilancia genómica capaces de reconocer cambios preocupantes antes de que produzcan pérdidas extensas. La información también podría emplearse para seleccionar componentes vacunales dirigidos contra mecanismos que el virus utiliza para generar tumores o escapar de la inmunidad.

Andrew Read, coautor del trabajo y vicepresidente sénior de investigación de Penn State, destacó que el avance fue posible al combinar durante años conocimientos de virología, evolución, genómica y producción agropecuaria. Ese seguimiento prolongado proporciona una base para desarrollar nuevas herramientas de protección animal.

El impacto potencial alcanza a toda la cadena avícola. Un control insuficiente de Marek puede elevar la mortalidad, reducir la productividad, aumentar los costos veterinarios y comprometer el bienestar de las aves. Las explotaciones con alta densidad también ofrecen mayores oportunidades para la transmisión si fallan la vacunación, la limpieza o el manejo de entradas.

La vigilancia genética debe acompañarse con bioseguridad

La secuenciación no sustituye las medidas aplicadas diariamente en las granjas. La protección requiere pollitos vacunados correctamente en la incubadora, control del ingreso de aves, limpieza de instalaciones, manejo del polvo, desinfección de equipos y supervisión veterinaria ante signos compatibles con la enfermedad.

Las herramientas prácticas de bioseguridad en explotaciones avícolas pueden limitar las rutas de circulación de microorganismos mediante el control de calzado, vehículos, superficies de contacto y zonas de entrada. Estas barreras son especialmente importantes frente a un virus que puede permanecer en el ambiente de los galpones.

Los autores consideran que las diez regiones detectadas ofrecen candidatos concretos para experimentos funcionales y el desarrollo de vacunas de próxima generación. Comprobar cómo actúa cada variante permitirá determinar cuáles intervienen realmente en la formación de tumores, la gravedad clínica o la evasión de la protección inmunitaria.

Fuentes referenciales:
Phys.org / Universidad Estatal de Pensilvania
Universidad Estatal de Pensilvania
Science Advances



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