La historia genética ayuda a crear mejores cerezas


Washington State University analiza los registros del mejorador Thomas Toyama para entender el origen de cultivares dulces, más grandes y con temporadas de cosecha más largas


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

Washington State University, en Estados Unidos, está revisando décadas de mejoramiento de cerezas dulces para comprender mejor la genética que sostiene nuevas variedades de fruta. El trabajo parte de los registros manuscritos de Thomas Toyama, mejorador de cerezas de la universidad entre 1963 y 1985, cuya labor dio origen a 11 cultivares que siguen teniendo valor para productores, consumidores e investigadores.

El estudio, publicado en Fruit Research, no se limita a una reconstrucción histórica. Su objetivo es identificar de dónde provienen rasgos agrícolas y comerciales importantes, como el tamaño del fruto, la época de maduración, la autofertilidad, la calidad de consumo y la resistencia a enfermedades. Esa información puede apoyar programas modernos de mejoramiento frutal, donde cada cruce debe responder tanto a las necesidades del campo como a las expectativas del mercado.

Los cuadernos de Toyama vuelven al laboratorio

El equipo científico utilizó los registros históricos de Toyama para descomponer la ascendencia precisa de los cultivares desarrollados durante su carrera. Cameron Peace, profesor del Departamento de Horticultura de Washington State University y autor correspondiente del trabajo, explicó que Toyama creó germoplasma que todavía se usa en WSU y en otros programas del mundo.

La investigación permite mirar hacia atrás para tomar mejores decisiones hacia adelante. Antes, un mejorador interesado en obtener una cereza más grande podía cruzar dos variedades con frutos voluminosos y esperar el resultado. Ahora, al conocer la genealogía de esas variedades, puede determinar si el rasgo de gran tamaño procede del mismo ancestro o de fuentes genéticas diferentes.

Si dos cultivares comparten el mismo origen genético para un rasgo, el cruce puede aportar menos novedad de la esperada. En cambio, si ambos tienen factores genéticos distintos asociados al tamaño del fruto, la combinación puede ser más prometedora. Esa lógica convierte la historia del programa en una herramienta práctica para reducir incertidumbre en la selección.

Once cultivares y miles de flores polinizadas

Durante su etapa como mejorador de cerezas en WSU, Thomas Toyama lideró un programa que terminó liberando 11 cultivares. Entre ellos, Chelan es probablemente el más conocido en el Pacífico Noroeste de Estados Unidos, junto con otros como Tieton, Kiona, Glacier, Benton y Selah.

El análisis de los registros mostró la magnitud del trabajo necesario para llegar a esos materiales. Duygu Caymaz, estudiante de posgrado de Peace, calculó que Toyama utilizó 103 progenitores únicos, creó 241 familias de cerezas, obtuvo al menos 5.182 semillas germinadas y realizó más de 88.000 flores polinizadas.

Estas cifras ayudan a comprender por qué el mejoramiento de frutales es una tarea larga y costosa. En especies leñosas, cada ciclo de evaluación puede tomar años antes de saber si un material combina rendimiento, sabor, tamaño, firmeza, sanidad y adaptación productiva. Por eso, disponer de información genética histórica puede acelerar decisiones y evitar cruces poco eficientes.

Stella y cultivares franceses en el origen de nuevos materiales

Al estudiar los cuadernos de Toyama, el equipo encontró que la mayoría de sus cultivares procedían de dos fuentes históricas principales. La primera fue Stella, una cereza dulce muy utilizada porque puede autofertilizarse y producir fruta sin depender completamente de otro cultivar compatible.

La segunda fuente fue uno de dos cultivares franceses conocidos por producir fruta temprano en la temporada. Tanto la autofertilidad como la maduración temprana son rasgos valiosos para los productores, porque pueden facilitar el manejo del huerto y ampliar la ventana comercial.

En fruticultura, extender la temporada y mejorar la calidad son objetivos centrales. Los consumidores buscan cerezas grandes y sabrosas, mientras los productores necesitan árboles productivos, resistentes y con fruta capaz de llegar bien al mercado. Esa tensión entre calidad, calendario y manejo también aparece en la producción de cerezas de alta calidad, donde nutrición, sanidad y genética se combinan para definir el resultado final.

Más tamaño, mejor sabor y temporadas más largas

Per McCord, actual mejorador de cerezas de WSU, señaló que el nuevo estudio resulta útil porque confirma que, aun con tecnologías avanzadas, algunas buenas prácticas del mejoramiento siguen siendo similares décadas después. Su programa actual también utiliza selecciones propias y materiales de sus predecesores, una estrategia que refleja parte del trabajo realizado por Toyama.

McCord indicó que los consumidores y productores siguen demandando cerezas más grandes, temporadas de disponibilidad más largas y resistencia a enfermedades. También destacó que el programa actual de WSU utiliza descendencia de Selah con frutos grandes para continuar el mejoramiento.

La relación entre genética y preferencia de consumo es especialmente importante en frutas frescas. Otros trabajos ya han mostrado que herramientas de análisis e inteligencia artificial pueden ayudar a comprender cómo los compuestos de aroma, dulzura y sabor influyen en la aceptación de una variedad. Esa línea de investigación se conecta con el uso de modelos para optimizar cultivares de frutas según atributos valorados por los consumidores.

Un legado genético para la fruticultura moderna

Raj Khosla, decano de la College of Agricultural, Human, and Natural Resource Sciences de WSU, destacó el valor de usar recursos históricos de la universidad para beneficiar a productores y consumidores actuales. La expectativa es que estos datos ayuden a crear nuevos cultivares de cerezas con buen sabor y temporadas de cosecha más extendidas.

Peace también espera digitalizar el cuaderno de Toyama para que el material esté disponible para los mejoradores actuales. La información adicional contenida en esos registros podría revelar detalles útiles sobre cruces, selección, comportamiento de familias y origen de rasgos específicos.

La importancia de conservar y reinterpretar recursos genéticos no se limita a la cereza. En otros cultivos, el análisis de rasgos heredados y de materiales históricos también está abriendo caminos para mejorar resistencia, calidad y adaptación. La investigación sobre recursos genéticos y epigenéticos en frutales muestra cómo la biología molecular puede reforzar el desarrollo de nuevas variedades frente a demandas productivas y climáticas.

Mejoramiento con memoria y precisión

El trabajo de Washington State University demuestra que los archivos de un programa de mejoramiento pueden seguir generando valor mucho después de haber sido escritos. En el caso de las cerezas dulces, los cuadernos de Toyama permiten rastrear linajes, ubicar rasgos de interés y orientar cruces con más precisión.

Para los productores, esto puede traducirse en variedades más adaptadas a las exigencias del huerto y del mercado. Para los consumidores, puede significar frutas más grandes, sabrosas y disponibles durante más tiempo. Para la investigación agrícola, confirma que la innovación no siempre parte de cero: muchas veces avanza mejor cuando combina genética moderna, datos históricos y experiencia acumulada en campo.

Fuente(s) referenciales

Phys.org – Using history to breed better cherries