Compuestos defensivos presentes en la planta y ensayos con extractos respaldan su interés como repelente, aunque una preparación doméstica no equivale a un producto formulado y evaluado
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
Las hojas retiradas durante la poda de las tomateras pueden tener un segundo uso en el huerto gracias a los compuestos defensivos que producen estas plantas. Además de emplearse tradicionalmente frente a determinadas plagas agrícolas, investigaciones experimentales han identificado actividad repelente de extractos y sustancias derivadas del tomate contra mosquitos.
El aprovechamiento resulta especialmente atractivo durante el verano, cuando coinciden el mayor crecimiento de las tomateras, las labores de poda y una presencia más intensa de insectos. Sin embargo, la evidencia disponible se refiere principalmente a extractos preparados en concentraciones controladas y a compuestos aislados, no a la simple colocación de hojas alrededor de una terraza.
Esta diferencia obliga a presentar el recurso como un complemento potencial para espacios exteriores y labores del huerto, no como un sustituto demostrado de los repelentes registrados cuando existe riesgo de enfermedades transmitidas por mosquitos.
La tomatera produce sus propias defensas químicas
La tomatera, cuyo nombre científico es Solanum lycopersicum, no concentra toda su actividad biológica en los frutos. Sus tallos y hojas poseen tricomas, pequeñas estructuras superficiales capaces de producir y liberar sustancias que participan en la defensa frente a insectos y otros organismos.
Entre los componentes asociados con el olor característico del follaje se encuentran alcaloides y diferentes sustancias volátiles. Su composición depende de la variedad, la edad de la planta y las condiciones de cultivo, por lo que no todas las hojas liberan exactamente la misma cantidad ni ofrecen un efecto uniforme.
El principio forma parte de una estrategia vegetal más amplia: la planta utiliza señales y compuestos químicos para reducir los daños provocados por organismos que se alimentan de sus tejidos. En el huerto, ese mecanismo explica el interés por reutilizar el follaje sano en preparados dirigidos a determinadas plagas.
Las posibilidades prácticas de este material ya se han abordado al analizar los usos de las hojas de tomate en jardines y huertas, donde se recomienda trabajar exclusivamente con restos sanos y descartar aquellos que presenten moho, podredumbre o señales de enfermedades.
Un extracto alcanzó hasta 83 % de repelencia en un ensayo
Un estudio publicado en 2023 evaluó una loción elaborada con extracto etanólico de hojas de tomatera frente a ejemplares de Aedes aegypti. Los investigadores utilizaron cinco concentraciones, desde un control sin extracto hasta una formulación con 50 %, y midieron la cantidad de mosquitos que se posaba sobre los brazos de voluntarios.
La protección aumentó conforme se elevaba la concentración. La formulación con 10 % de extracto redujo las picaduras en un 36 %, mientras la de 50 % alcanzó una repelencia de hasta 83 % en las condiciones del experimento.
El trabajo proporciona una señal de actividad biológica, pero tiene límites importantes. Se realizó con una formulación específica, en jaulas con 25 mosquitos y bajo condiciones controladas. No demuestra que una infusión doméstica tenga la misma eficacia, duración o seguridad sobre la piel.
Los propios autores indicaron que el mecanismo exacto —repelente, irritante o tóxico— no estaba completamente aclarado. También señalaron la necesidad de estudiar cuánto tiempo permanece la protección, una cuestión esencial para convertir un extracto experimental en un producto de uso práctico.
El antecedente de un compuesto procedente del tomate silvestre
Otra línea de investigación comenzó con un compuesto defensivo localizado en variedades silvestres de tomate. El entomólogo Michael Roe y colaboradores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte estudiaron aquella sustancia, patentada con la denominación IBI-246, por su capacidad para alejar mosquitos y otros artrópodos.
Los ensayos descritos por la universidad también encontraron actividad contra garrapatas, pulgas, cucarachas, hormigas, moscas picadoras, pulgones y trips. El desarrollo mostró que la química defensiva del tomate podía servir como punto de partida para formular repelentes.
Este antecedente tampoco significa que una hoja recién cortada sea equivalente al compuesto aislado. La concentración, pureza, estabilidad y forma de aplicación determinan el comportamiento de una sustancia. Comparar directamente el follaje doméstico con una formulación comercial produciría una expectativa que la evidencia no respalda.
Cómo aprovechar las hojas en espacios exteriores
La fuente inicial propone preparar una decocción con un puñado de hojas frescas y un litro de agua: hervir durante unos 15 minutos, dejar enfriar, colar cuidadosamente y trasladar el líquido a un pulverizador limpio.
La preparación puede aplicarse al atardecer sobre tallos y el envés del follaje de plantas ornamentales o del huerto, evitando las horas de sol intenso. También puede probarse en marcos exteriores de ventanas o superficies de terrazas, después de comprobar en una zona pequeña que no deja manchas ni daños.
El preparado debe identificarse, mantenerse fuera del alcance de niños y animales y no almacenarse en recipientes destinados a bebidas. Tampoco debe pulverizarse sobre alimentos listos para consumir, utensilios, ojos, mucosas o piel, ya que la decocción casera no ha sido formulada ni evaluada como repelente corporal.
Antes de utilizar las hojas conviene revisar cuidadosamente la planta. El follaje con tizón, manchas sospechosas, moho, podredumbre u olor anormal no debe reutilizarse en pulverizaciones ni distribuirse entre otros cultivos, porque podría favorecer la dispersión de patógenos.
La retirada selectiva de hojas debe integrarse en una poda equilibrada de las tomateras. El objetivo es mejorar la ventilación y eliminar tejidos problemáticos sin despojar a la planta del follaje que necesita para realizar la fotosíntesis y proteger los frutos.
Una ayuda complementaria, no una barrera completa
Los preparados vegetales suelen perder actividad por la luz, la lluvia, la temperatura y la degradación de sus componentes. Por esa razón, su efecto puede ser irregular y exigir aplicaciones repetidas. Pulverizar en exceso tampoco mejora necesariamente el resultado y puede afectar hojas sensibles.
En el huerto, el manejo de insectos funciona mejor cuando combina observación, eliminación de agua estancada, limpieza de recipientes, diversidad vegetal y conservación de organismos beneficiosos. Una pulverización de hojas de tomate no corrige por sí sola las condiciones que permiten la reproducción de mosquitos.
La diversificación también puede lograrse mediante asociaciones de cultivos alrededor de las tomateras. Hierbas, flores y hortalizas bien distribuidas pueden atraer polinizadores y enemigos naturales, modificar el ambiente aromático y aprovechar mejor el espacio sin saturar el bancal.
Entre las especies acompañantes aparecen albahaca, caléndula, borraja, ajo y perejil. Su empleo forma parte de una estrategia de manejo y no garantiza la desaparición de las plagas. Las recomendaciones sobre plantas aliadas para cultivar tomates más sanos insisten en mantener distancia, ventilación y acceso suficiente al agua y los nutrientes.
La protección personal requiere productos evaluados
Los mosquitos no son únicamente una molestia en zonas donde transmiten dengue, malaria, fiebre amarilla, chikunguña, virus del Nilo Occidental u otras enfermedades. En esos contextos, una preparación doméstica no debe reemplazar mosquiteros, ropa protectora, eliminación de criaderos ni repelentes autorizados por las autoridades sanitarias.
La investigación con hojas de tomate resulta relevante para el desarrollo de nuevas formulaciones de origen vegetal. Para llegar a un producto confiable todavía se necesitan evaluaciones sobre seguridad cutánea, duración, dosis, estabilidad, especies de mosquito y comportamiento fuera del laboratorio.
En la escala del huerto familiar, el principal valor inmediato consiste en aprovechar con prudencia un residuo de poda y explorar su uso sobre plantas o superficies exteriores. La evidencia disponible justifica continuar investigando, pero no permite afirmar que cualquier preparado de hojas ofrecerá la misma protección que un repelente formulado.
Fuentes referenciales:
OKDIARIO
World Journal of Biology Pharmacy and Health Sciences
North Carolina State University, vía ScienceDaily

