Quitar chupones, hojas bajas y partes enfermas ayuda a concentrar la energía de la planta y mejorar la cosecha de tomates.
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
La tomatera es una de las hortalizas más apreciadas en huertos familiares, terrazas, macetas e invernaderos pequeños porque ocupa relativamente poco espacio y puede entregar frutos abundantes si se maneja con cuidado. Pero una buena cosecha no depende únicamente del fertilizado. La poda, el control de hojas bajas, el entutorado, el aporcado y la polinización manual pueden marcar la diferencia entre una planta muy frondosa y una planta equilibrada, aireada y productiva.
El manejo empieza por entender qué parte de la tomatera conviene retirar. En las axilas de las ramas laterales aparecen pequeños brotes conocidos como chupones. Aunque al principio pueden dar la impresión de una planta vigorosa, estos brotes compiten por energía con las ramas principales que sostendrán los frutos. Por eso, en el manejo de la poda del tomate, retirarlos a tiempo ayuda a dirigir mejor los recursos de la planta.
Los chupones deben retirarse con criterio
Los chupones no deben eliminarse de cualquier zona ni de forma indiscriminada. La recomendación práctica es observar primero su ubicación. Los brotes laterales que aparecen en la parte baja suelen quitar energía a la estructura principal y pueden podarse cerca del eje central, con los dedos en forma de pellizco o con una herramienta limpia. En cambio, si aparecen en la zona alta y muestran botones florales, pueden convertirse en ramas fructíferas y no conviene cortarlos.
La causa y el resultado son directos: cuando la planta mantiene demasiados brotes improductivos, reparte su energía entre más tallos y hojas; cuando se eliminan los brotes adecuados, concentra más fuerza en las ramas que sostendrán los tomates. Esta práctica es especialmente útil en variedades de crecimiento vigoroso, siempre que se realice sin debilitar la planta.
Las hojas bajas aumentan humedad y riesgo de plagas
Otra labor importante es retirar las hojas inferiores que están en contacto con el suelo o demasiado cerca de la base. Estas hojas reducen el paso de aire, retienen humedad y favorecen la aparición de mohos. Además, pueden facilitar el acceso de babosas, caracoles o nemátodos desde el suelo hacia la planta.
La ventilación es una condición clave en el cultivo de tomate. Cuando las plantas quedan muy cerradas, el follaje húmedo tarda más en secarse y aumentan los problemas sanitarios. Por eso, la poda baja debe combinarse con una distancia adecuada entre tomateras, especialmente en huertos intensivos donde se intenta aprovechar cada metro disponible.
Las hojas secas o enfermas no deben permanecer en la planta
Las hojas dañadas, secas o enfermas tampoco deben mantenerse por costumbre. Una hoja deteriorada ya no recupera su función y puede convertirse en una carga para la planta. Al retirarla, la tomatera deja de gastar energía en tejidos que van de salida y se reduce el riesgo de que una posible plaga o enfermedad avance hacia partes sanas.
Esta labor debe hacerse con observación y sin dejar la planta excesivamente desnuda. La poda útil no consiste en quitar hojas por quitar, sino en mejorar el equilibrio entre aireación, sanidad, luz y protección del fruto. Una tomatera demasiado expuesta también puede sufrir estrés si se eliminan demasiadas hojas durante jornadas cálidas.
El momento de la poda también importa
La poda no debe iniciarse cuando la tomatera apenas es una plántula recién germinada. El momento recomendado es cuando la planta ya alcanzó al menos 30 centímetros de altura. A partir de ese tamaño, puede empezar a entrenarse su estructura sin alterar de forma brusca su desarrollo inicial.
También conviene elegir bien el momento del día. La poda debe hacerse con baja humedad y evitando las horas de sol más fuerte, porque así se reduce el riesgo de hongos y se genera menos estrés en la planta. Antes de cortar, las tijeras, cuchillos o navajas deben lavarse con jabón y desinfectarse con alcohol, esperando a que se evapore antes de usarlos. Esta precaución evita trasladar patógenos desde otras plantas.
Aporcar, entutorar y regar bien completan el manejo
La poda funciona mejor cuando forma parte de un manejo completo. El aporcado consiste en formar un pequeño montículo alrededor de la base de la tomatera. Esta técnica favorece la emisión de raíces secundarias, mejora el anclaje y puede aumentar la absorción de nutrientes. Si las raíces vuelven a quedar expuestas, el montículo debe rehacerse.
El entutorado también es necesario porque las tomateras pueden alcanzar varios metros de altura. Una estaca, cuerda o enrejado evita que los tallos se doblen o se rompan bajo el peso de los frutos. Además, facilita la revisión visual, la poda, el riego y la cosecha. En cultivos de crecimiento alto, el atado correcto de los tomates permite ordenar la planta y reducir el contacto del follaje con el suelo.
El riego debe acompañar este manejo. Las tomateras necesitan humedad suficiente, pero no exceso de agua sobre las hojas. Regar por la mañana y dirigir el agua hacia la base ayuda a reducir el estrés por calor, limitar la evaporación y disminuir el riesgo de enfermedades fúngicas. En ese sentido, el riego matutino de los tomates es una práctica sencilla que mejora la estabilidad del cultivo durante los días cálidos.
Polinización manual, cosecha oportuna y sombreado
Cuando hay pocos insectos en el huerto, la polinización natural puede ser baja. En esos casos, la polinización manual ayuda a mejorar el cuajado: se puede usar un pincel pequeño para pasar suavemente por las flores abiertas y mover el polen hacia el estigma. No sustituye la presencia de polinizadores, pero puede ser útil en balcones, terrazas o invernaderos cerrados.
La cosecha oportuna también influye en la continuidad productiva. Retirar los tomates maduros permite que la planta siga destinando energía a los frutos siguientes. Si se dejan demasiado tiempo en la planta, pueden frenar parte del avance de nuevos frutos y aumentar el riesgo de deterioro.
En zonas de sol intenso, el sombreado puede proteger los frutos. Una malla de jardín con 30 % de sombra permite reducir quemaduras sin bloquear completamente la luz necesaria para la producción. Esta medida debe aplicarse con equilibrio, porque la tomatera necesita buena iluminación, pero los frutos expuestos a calor excesivo pueden dañarse.
Un manejo equilibrado produce plantas más sanas
La poda de tomateras no busca dejar una planta desnuda, sino ordenar su crecimiento. Retirar chupones bajos, hojas enfermas y follaje en contacto con el suelo mejora la ventilación, reduce puntos de entrada para plagas y concentra la energía en las ramas productivas. Combinada con tutorado, aporcado, riego adecuado y cosecha a tiempo, esta práctica ayuda a obtener tomates más grandes, sanos y abundantes.
Fuente(s) referenciales
EcologíaVerde – Cómo y cuándo podar las tomateras para conseguir más tomates grandes y sanos
