Ciencia y Tecnología

Los hongos del suelo tardan más en recuperarse que la vegetación

Publicado el 17/10/2026 ·

Un estudio de la Universidad de Flinders, en Australia, encontró que seis años de recuperación adicional modificaron las funciones de los hongos en terrenos restaurados, aunque la comunidad fúngica en su conjunto mostró pocos avances hacia su estado natural.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

La recuperación de un terreno degradado no termina cuando los árboles y arbustos vuelven a crecer. Investigadores de la Universidad de Flinders, en Australia, han comprobado que las comunidades de hongos del suelo pueden seguir mostrando diferencias importantes respecto a las de un ecosistema natural incluso después de varios años de restauración vegetal. El hallazgo, publicado en la revista científica Molecular Ecology y difundido el 16 de octubre de 2026, plantea nuevas preguntas sobre cómo evaluar la recuperación de terrenos anteriormente utilizados para actividades agropecuarias.

La investigación, encabezada por Carl D. Watson y desarrollada con la participación de Martin F. Breed y otros especialistas, examinó la evolución de comunidades fúngicas en áreas restauradas del sur de Australia. Los científicos compararon muestras recogidas en dos momentos separados por aproximadamente seis años para determinar si los cambios observados en la vegetación también se reflejaban en los organismos que viven bajo tierra.

Los resultados revelaron una diferencia fundamental: mientras algunos grupos de hongos mostraron cambios compatibles con una recuperación funcional, la composición general de la comunidad fúngica registró escasos avances adicionales hacia las condiciones de referencia.

El estudio refuerza una idea importante para el manejo de los suelos: la presencia de vegetación saludable no demuestra, por sí sola, que todos los procesos biológicos subterráneos hayan recuperado su funcionamiento natural.

Seis años de seguimiento en terrenos restaurados de Australia

El equipo científico trabajó en el área de Mount Bold, en Australia Meridional, donde existen terrenos sometidos a diferentes procesos de restauración mediante la plantación de vegetación nativa.

Los investigadores analizaron comunidades de hongos del suelo a partir de muestras obtenidas en diciembre de 2014 y abril de 2020. El intervalo permitió observar cómo evolucionaban estos microorganismos dentro de un paisaje que incluía zonas degradadas, áreas replantadas y espacios utilizados como referencia ecológica.

El diseño combinó la comparación de terrenos con distintas trayectorias de restauración y el seguimiento temporal de los lugares estudiados. Esta aproximación permitió examinar cambios que no habrían podido identificarse mediante una única campaña de muestreo.

Para caracterizar las comunidades fúngicas, los científicos recurrieron a técnicas de secuenciación de ADN que permiten identificar grupos de hongos presentes en las muestras de suelo.

El análisis no se limitó a determinar qué organismos estaban presentes. También consideró las funciones ecológicas asociadas a diferentes grupos de hongos, una distinción decisiva para interpretar los resultados.

Los hongos potencialmente patógenos perdieron protagonismo

Uno de los hallazgos más relevantes fue la disminución de la dominancia relativa de hongos clasificados como patótrofos, es decir, organismos que obtienen recursos de huéspedes vivos y que incluyen especies capaces de provocar enfermedades.

Esta reducción fue interpretada por los investigadores como una señal compatible con la recuperación funcional de las comunidades fúngicas durante el período estudiado.

Sin embargo, el resultado no significa que todos los hongos patógenos hayan desaparecido ni que los terrenos restaurados estén libres de enfermedades vegetales.

La clasificación funcional utilizada en el estudio describe características ecológicas de los organismos identificados. No equivale a una evaluación directa de enfermedades en cultivos agrícolas ni permite afirmar que la restauración haya reducido una plaga o patología concreta.

La relevancia del hallazgo está en que determinados componentes funcionales de la comunidad pueden cambiar favorablemente aunque la composición total de hongos siga siendo distinta de la encontrada en terrenos de referencia.

Esto demuestra que la recuperación biológica del suelo no debe interpretarse como un proceso uniforme.

La comunidad fúngica completa mostró una recuperación limitada

La principal diferencia identificada por el equipo australiano apareció al comparar los cambios funcionales con la recuperación de la comunidad fúngica en su conjunto.

Los investigadores encontraron pocas evidencias de un progreso adicional significativo en la composición general de los hongos durante los seis años de seguimiento.

En otras palabras, determinados grupos modificaron su importancia relativa, pero la comunidad completa no avanzó al mismo ritmo hacia una estructura semejante a la de los ecosistemas de referencia.

Este comportamiento es especialmente relevante porque los hongos del suelo participan en procesos relacionados con la descomposición de residuos vegetales, el reciclaje de nutrientes y las interacciones entre raíces y microorganismos.

Algunos establecen asociaciones beneficiosas con las plantas, mientras que otros intervienen en la transformación de materia orgánica o desarrollan relaciones de parasitismo.

La recuperación de los hongos en suelos degradados constituye, por tanto, un componente importante de los procesos de restauración, pero el nuevo trabajo indica que sus diferentes funciones y grupos taxonómicos deben examinarse por separado.

La investigación tampoco establece que todos los proyectos de restauración vegetal experimenten exactamente el mismo retraso. Sus conclusiones proceden de los terrenos y condiciones analizados en Australia Meridional.

El fósforo del suelo aparece como un factor determinante

Otro resultado importante fue la relación observada entre las propiedades químicas del suelo y la composición de las comunidades fúngicas.

Los investigadores identificaron una asociación especialmente marcada con el fósforo, un nutriente esencial para el crecimiento de las plantas y uno de los elementos centrales de la fertilización agrícola.

El trabajo plantea que las condiciones heredadas de usos anteriores del terreno, incluidas concentraciones elevadas de nutrientes, pueden actuar como obstáculos para la recuperación completa de determinados microorganismos.

Los suelos que han tenido una utilización agropecuaria prolongada pueden conservar características químicas y biológicas distintas de las presentes en terrenos naturales.

La retirada de una actividad productiva y la plantación posterior de especies nativas no eliminan necesariamente esas diferencias de manera inmediata.

Los investigadores consideran que ese legado del uso del suelo puede ayudar a explicar por qué la recuperación de las comunidades fúngicas continúa siendo limitada después de varios años.

Es importante distinguir entre asociación y causalidad: el estudio encontró una relación entre las propiedades del suelo, particularmente el fósforo, y la composición de los hongos, pero no demostró mediante un experimento de reducción de fósforo que modificar ese nutriente baste para restaurar la comunidad.

Este resultado guarda relación con las investigaciones sobre los efectos de la fertilización sobre los microorganismos del suelo, aunque el trabajo australiano no evaluó directamente una estrategia de abonado agrícola.

La recuperación del suelo necesita indicadores diferentes

Los resultados plantean una dificultad para los programas de restauración: determinar qué significa realmente que un terreno se haya recuperado.

La cobertura vegetal, la supervivencia de los árboles y la presencia de especies nativas son indicadores útiles, pero no describen por completo la evolución de las comunidades subterráneas.

Un paisaje puede presentar mejoras visibles en su vegetación mientras mantiene diferencias importantes en la composición de sus microorganismos.

Por esa razón, el equipo recomienda considerar tanto indicadores taxonómicos, relacionados con la identidad y composición de los hongos, como indicadores funcionales, asociados con los papeles ecológicos que desempeñan.

Esta combinación permitiría identificar cambios que pasarían inadvertidos si únicamente se analizara la diversidad total o la semejanza con los terrenos naturales.

También ayudaría a evitar interpretaciones excesivamente optimistas sobre el estado de recuperación de una superficie restaurada.

El estudio coincide con otras investigaciones que muestran que los indicadores biológicos pueden revelar cambios tempranos en la recuperación del suelo, aunque las variables y los sistemas productivos examinados en ambos trabajos son diferentes.

Qué significa el descubrimiento para los terrenos agrícolas degradados

La investigación fue realizada en un contexto de restauración ecológica, no en un ensayo destinado a incrementar el rendimiento de un cultivo comercial.

Por tanto, sus resultados no permiten establecer recomendaciones directas sobre dosis de fertilizantes, selección de semillas o incrementos de productividad.

Su interés para la agricultura reside en mostrar que los antecedentes de manejo del terreno pueden continuar influyendo sobre la biología del suelo después de que cambia su uso.

Este aspecto es importante para las explotaciones que participan en proyectos de recuperación de áreas degradadas, restauración de franjas de vegetación nativa o rehabilitación de superficies anteriormente sometidas a actividades agrícolas intensivas.

En estos casos, la recuperación de la vegetación representa una parte del proceso, pero no garantiza que los organismos responsables de distintas funciones subterráneas respondan con la misma rapidez.

La relación entre microorganismos y vegetación también es compleja. Investigaciones sobre la influencia de las plantas vecinas en las comunidades microbianas han mostrado que la composición vegetal puede modificar las asociaciones biológicas presentes alrededor de las raíces.

El estudio australiano añade una dimensión temporal a esta cuestión: incluso cuando la vegetación ha sido restablecida, la reorganización de los hongos puede prolongarse durante años y seguir condicionada por las propiedades del suelo.

Sin embargo, no demuestra que la aplicación de inoculantes comerciales, la modificación de la fertilización o una práctica agrícola específica resuelvan automáticamente esa recuperación incompleta.

El seguimiento prolongado resulta esencial para evaluar la restauración

El profesor Martin F. Breed, investigador de la Universidad de Flinders y uno de los responsables del trabajo, destacó la necesidad de mantener el seguimiento de los terrenos restaurados durante períodos prolongados.

La investigación muestra que una evaluación realizada poco después de la plantación puede ofrecer una imagen incompleta del estado del ecosistema.

También evidencia que la evolución de los microorganismos puede presentar señales aparentemente contradictorias: algunos grupos funcionales cambian en una dirección compatible con la recuperación, mientras la composición general permanece relativamente estable.

Los autores consideran necesario ampliar los estudios a otros ecosistemas y enfoques de restauración para determinar qué factores limitan la recuperación y cuáles podrían contribuir a superarlos.

El seguimiento de las comunidades fúngicas permite comprender mejor la respuesta de los suelos a los cambios de uso y distinguir entre una restauración visualmente satisfactoria y una recuperación biológica más completa.

La principal aportación del trabajo es demostrar que ambas dimensiones no avanzan necesariamente al mismo ritmo. En los terrenos australianos examinados, seis años adicionales fueron suficientes para detectar cambios funcionales en los hongos, pero no para observar una recuperación equivalente de toda la comunidad fúngica.

Fuentes referenciales:
Molecular Ecology — Restoration Plantings Promote Functional Recovery of Soil Fungi, Carl D. Watson y colaboradores, 2026
Universidad de Flinders — Replanted landscapes can look restored while soil fungi still lag behind, 16 de octubre de 2026