Un estudio con 101 animales detectó un déficit de 2,5 kilos en la ganancia de peso de corderos con infección subclínica por Anaplasma phagocytophilum, especialmente cuando coexistía una mayor carga de nematodos gastrointestinales
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
Una infección que puede pasar inadvertida en los rebaños ovinos está asociada con una reducción significativa del crecimiento de los corderos. Investigadores del Moredun Research Institute, en Escocia, comprobaron que animales infectados de forma subclínica por Anaplasma phagocytophilum, bacteria transmitida por garrapatas y causante de la fiebre transmitida por garrapatas en ovejas, acumularon 2,5 kilos menos de ganancia de peso durante un seguimiento de 21 semanas.
El estudio, publicado en la edición de octubre de 2026 de The Veterinary Journal, adquiere especial relevancia porque la mayoría de los animales infectados identificados no presentaba síntomas clínicos evidentes. El resultado muestra que una enfermedad aparentemente silenciosa puede tener consecuencias productivas antes de que el ganadero observe señales claras en el rebaño.
El trabajo también detectó una interacción con los nematodos gastrointestinales. A medida que aumentaba el recuento de huevos de estróngilos en las heces, disminuía el peso de los animales positivos a A. phagocytophilum, una relación que no apareció de la misma manera entre los corderos negativos. Las dificultades para controlar los parásitos gastrointestinales en la producción ovina convierten esta interacción en un aspecto especialmente relevante para el manejo sanitario.
El seguimiento incluyó 101 corderos durante 21 semanas
La investigación surgió a partir de un estudio parasitológico de campo realizado en Reino Unido. Durante 2022, los investigadores detectaron incidentalmente fiebre transmitida por garrapatas en un grupo de corderos que ya estaba siendo sometido a seguimiento.
El equipo registró cada dos semanas el peso de los animales y el recuento de huevos de estróngilos en las heces durante un periodo total de 21 semanas. Posteriormente se analizaron muestras de sangre mediante PCR cuantitativa para determinar la presencia de A. phagocytophilum.
De los 101 corderos estudiados, 16 dieron positivo a la bacteria. Cuatro habían presentado síntomas clínicos y otros 12 correspondían a infecciones subclínicas. Un animal obtuvo un resultado equívoco y 84 fueron negativos.
El número relativamente reducido de animales positivos obliga a interpretar los resultados dentro de las características del estudio y los propios investigadores señalan la necesidad de continuar evaluando los efectos a largo plazo. Sin embargo, la diferencia observada en el crecimiento aporta una señal productiva que podría pasar desapercibida en explotaciones donde los animales aparentemente sanos no son examinados específicamente para detectar la infección.
Los corderos subclínicos ganaron 2,5 kilos menos
Los modelos estadísticos utilizados por los investigadores incorporaron el peso al nacimiento y el recuento de huevos de estróngilos. Los corderos con infección subclínica presentaron un déficit de 2,5 kilos en la ganancia total de peso a lo largo de las 21 semanas respecto de los animales no infectados.
El resultado es importante desde el punto de vista productivo porque demuestra que la ausencia de signos evidentes no equivale necesariamente a ausencia de impacto. En la producción ovina, el crecimiento durante el pastoreo y después del destete influye directamente en el tiempo necesario para alcanzar los objetivos productivos.
Investigaciones anteriores ya habían mostrado cómo determinadas enfermedades parasitarias pueden comprometer la salud gastrointestinal de los corderos. El nuevo estudio añade otra dimensión: una infección bacteriana transmitida por garrapatas podría amplificar las consecuencias productivas asociadas con los parásitos gastrointestinales.
Los autores señalan además que el déficit observado es coherente con investigaciones realizadas anteriormente en Noruega, donde se había documentado una pérdida de 3,8 kilos asociada con la infección. El trabajo británico no demuestra que esa magnitud vaya a repetirse en todos los sistemas ovinos, pero refuerza la necesidad de estudiar el impacto productivo de las infecciones que permanecen sin diagnosticar.
La combinación con nematodos agravó el efecto sobre el peso
Uno de los resultados más interesantes apareció al analizar conjuntamente la infección bacteriana y los nematodos gastrointestinales. Los investigadores no encontraron diferencias significativas en el recuento de huevos de estróngilos entre los grupos infectados y no infectados.
Sin embargo, dentro de los animales positivos a A. phagocytophilum, un mayor recuento de huevos estuvo asociado con un menor peso. Esa relación no fue significativa entre los corderos negativos a la bacteria.
El resultado sugiere una posible interacción entre ambas infecciones. A. phagocytophilum puede provocar inmunosupresión, por lo que los investigadores consideran que la coexistencia con nematodos gastrointestinales merece una atención particular. No obstante, el estudio observacional no permite establecer todos los mecanismos responsables de esa relación.
Los nematodos representan desde hace años un desafío para los sistemas ovinos, agravado por la aparición de resistencia y la necesidad de desarrollar nuevas herramientas contra los parásitos intestinales. Otros trabajos han explorado incluso alternativas nutricionales, como el uso de orujo de uva frente a la hemoncosis en ovejas.
Una infección difícil de detectar a simple vista
La fiebre transmitida por garrapatas puede presentar cuadros muy diferentes. Algunos animales desarrollan síntomas clínicos, mientras otros permanecen aparentemente normales. En el grupo estudiado, 12 de los 16 corderos positivos fueron clasificados como subclínicos.
Los investigadores tampoco encontraron una relación significativa entre la infección y otros indicadores clínicos evaluados. Esta ausencia de señales evidentes refuerza el problema diagnóstico: un productor podría tener animales infectados que continúan pastando y comportándose aparentemente con normalidad mientras acumulan una menor ganancia de peso.
El fenómeno forma parte de un desafío sanitario más amplio. Las enfermedades transmitidas por parásitos y vectores pueden generar pérdidas productivas importantes, incluso cuando sus efectos no terminan inmediatamente en mortalidad o cuadros clínicos graves.
Los investigadores piden mejorar el diagnóstico
Los autores consideran necesario desarrollar mejores estrategias diagnósticas que permitan identificar los animales infectados y aumentar el conocimiento de la enfermedad entre los productores. El trabajo no propone realizar tratamientos indiscriminados ni establece un protocolo sanitario universal, sino que documenta una asociación productiva que requiere investigaciones adicionales.
El estudio también presenta limitaciones que deben considerarse. La infección apareció de manera natural dentro de un grupo que originalmente estaba siendo estudiado con fines parasitológicos, por lo que no se trató de un ensayo experimental diseñado desde el principio para provocar y comparar diferentes niveles de infección.
Aun así, el seguimiento prolongado de los animales, las mediciones periódicas de peso, los análisis fecales y la confirmación mediante PCR permitieron detectar una diferencia productiva concreta. El proyecto contó con financiación del Programa Estratégico de Investigación del Gobierno de Escocia 2021–2027.
Para la producción ovina, el hallazgo plantea una cuestión práctica que ahora deberá estudiarse con mayor profundidad: parte de las pérdidas de crecimiento atribuidas a factores habituales del pastoreo podría estar relacionada con infecciones subclínicas que permanecen ocultas, especialmente cuando coinciden con una elevada carga de nematodos gastrointestinales.
Fuentes referenciales:
The Veterinary Journal – estudio científico original
PubMed – registro científico del estudio
Research Scotland – Moredun Research Institute


