Un estudio liderado por Sea Around Us reconstruyó 73 años de capturas y advierte que langosta, caracol reina, meros y pargos se explotan por encima de su capacidad de recuperación
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La pesca de Bahamas atraviesa una señal de alarma. La mayoría de las especies marinas más representativas del país están siendo capturadas a un ritmo superior al que el mar puede reponer, de acuerdo con un estudio liderado por investigadores de Sea Around Us y publicado en Frontiers in Marine Science.
El análisis reconstruyó 73 años de datos de captura, entre 1950 y 2022, y concluyó que 11 de las 12 especies evaluadas se encuentran sobreexplotadas en distintos niveles. La investigación estima que Bahamas extrajo cerca de 1,3 millones de toneladas de productos del mar en ese periodo, con un promedio anual aproximado de 17.500 toneladas.
Una presión acumulada durante décadas
El trabajo evaluó especies de alto valor comercial, cultural y alimentario para Bahamas, entre ellas el caracol reina, la langosta espinosa del Caribe, el mero Nassau, el mero de aleta amarilla, el hogfish, el mero negro, el rock hind, el wahoo y varios pargos.
El resultado más grave aparece en dos especies clasificadas como “gravemente sobreexplotadas”: el mero Nassau y el mero de aleta amarilla. Ambas se encuentran por debajo del 50% de la biomasa necesaria para sostener el rendimiento máximo sostenible, una señal clara de agotamiento biológico.
La situación se suma a un problema más amplio de los océanos: la pesca mundial agota nutrientes y daña los ecosistemas oceánicos cuando la extracción supera la capacidad de renovación de las especies y altera los ciclos naturales del mar.
Langosta, caracol y peces emblemáticos bajo presión
El estudio clasificó como sobreexplotadas seis especies adicionales: caracol reina, langosta espinosa del Caribe, hogfish, mero negro, rock hind y wahoo. Otras tres especies —lane snapper, mutton snapper y gray snapper— fueron consideradas ligeramente sobreexplotadas.
Estos resultados son especialmente sensibles porque se trata de productos que forman parte de la identidad gastronómica, turística y pesquera de Bahamas. La presión no afecta solo a los ecosistemas marinos; también compromete ingresos, empleo, cultura alimentaria y seguridad económica de comunidades vinculadas al mar.
El caso confirma que la pesca no puede medirse únicamente por volumen desembarcado. Cuando una especie se captura por encima de su capacidad de reemplazo, el rendimiento puede mantenerse durante un tiempo, pero el sistema pierde biomasa, resiliencia y capacidad futura de producción.
El turismo también pesa en las capturas
Uno de los datos más relevantes de la reconstrucción es el papel de la pesca recreativa. El sector asociado al turismo, incluyendo embarcaciones chárter, pesca deportiva y visitantes, representó el 46% de la captura total reconstruida entre 1950 y 2022.
Ese dato amplía la lectura tradicional del problema. La presión sobre las especies no procede únicamente de la pesca comercial local, sino también de actividades recreativas que pueden parecer dispersas, pero que acumuladas durante décadas tienen un peso considerable.
La dependencia entre ecosistemas sanos y comunidades costeras ya ha sido descrita en estudios sobre pesca artesanal y ecosistemas marinos saludables, donde la productividad pesquera depende de mantener hábitats funcionales y poblaciones capaces de reproducirse.
Datos reconstruidos para una pesquería con información limitada
La investigación fue liderada por María Lourdes D. Palomares, de Quantitative Aquatics, con participación de Daniel Pauly, de Sea Around Us en la University of British Columbia. También participaron científicos vinculados al Perry Institute for Marine Science.
El trabajo aporta las primeras evaluaciones revisadas por pares para 12 especies comercial y culturalmente relevantes en aguas bahameñas, utilizando métodos aplicables a pesquerías con datos limitados. Esta aproximación es importante porque muchas islas y países costeros no cuentan con series completas de información pesquera, aunque sí enfrentan presión creciente sobre sus recursos.
La falta de datos completos suele retrasar decisiones de manejo. Sin reconstrucciones históricas, es más difícil saber si una pesquería está estable, en descenso o ya por debajo de niveles biológicamente seguros.
Gestión pesquera antes de perder más biomasa
El estudio no plantea únicamente un diagnóstico, sino una advertencia de manejo. Si la extracción continúa por encima de la capacidad de recuperación, especies clave para la economía y la alimentación de Bahamas podrían deteriorarse aún más.
La recuperación exige medidas ajustadas a cada especie: límites de captura, protección de áreas de reproducción, control de pesca recreativa, vigilancia de temporadas, reducción de capturas ilegales y monitoreo continuo. La experiencia internacional muestra que las poblaciones pueden mejorar cuando se combinan reglas claras, cumplimiento y pesca sostenible, como ocurrió en casos donde las poblaciones de peces se recuperaron tras reducir la pesca ilegal.
En Bahamas, el desafío es mayor porque la pesca sostiene al mismo tiempo alimentos, turismo, ingresos locales y patrimonio cultural. Regular mejor no significa cerrar el mar a las comunidades, sino evitar que las especies que sostienen esa economía lleguen a niveles de difícil recuperación.
Una advertencia para las islas dependientes del mar
El caso de Bahamas refleja una tensión frecuente en territorios insulares: los productos del mar son parte de la identidad nacional, pero también son recursos biológicos finitos. Cuando turismo, pesca comercial y consumo local actúan sobre las mismas especies, la presión acumulada puede superar rápidamente la capacidad de renovación.
La sobrepesca también limita alternativas futuras. Si cae la biomasa de especies de alto valor, los pescadores necesitan más esfuerzo para capturar menos, aumentan los costos y se debilita la economía costera. Ese deterioro puede abrir espacio a importaciones, pérdida de ingresos locales y mayor vulnerabilidad alimentaria.
La discusión se conecta con el debate sobre si hay suficientes peces para alimentar a una población mundial creciente. En ese contexto, se ha señalado que los océanos no pueden sostener una demanda ilimitada sin una gestión más estricta de capturas, consumo y producción acuática, como ocurre en la reflexión sobre la disponibilidad de peces para alimentar al mundo.
Proteger las especies antes de que el daño sea irreversible
La reconstrucción de Sea Around Us deja una señal concreta para Bahamas: la mayoría de sus especies pesqueras emblemáticas ya muestran niveles de presión incompatibles con una explotación sostenible a largo plazo.
El dato de 11 especies sobreexplotadas de 12 evaluadas convierte el problema en una alerta nacional. La recuperación dependerá de decisiones rápidas, de una vigilancia más fina sobre la pesca comercial y recreativa, y de políticas capaces de proteger las especies antes de que la pérdida de biomasa reduzca de forma permanente la productividad del mar bahameño.
Fuente(s) referenciales
Phys.org – Overfishing hits 11 of 12 Bahamian seafood staples, 73 years of catch data show
