Agricultura

Argentina: Maíz rinde hasta 10.000 kg/ha tras legumbres de invierno

Publicado el 15/08/2026 · REDACCION

Especialistas del Congreso Aapresid destacaron que las arvejas y lentejas diversifican las rotaciones, consumen menos agua y favorecen el maíz de segunda


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

La incorporación de arvejas y lentejas como cultivos de invierno permitió que lotes de maíz de segunda alcanzaran rendimientos de entre 8.000 y 10.000 kilogramos por hectárea en el sur de la provincia argentina de Santa Fe. El resultado fortalece el interés por estas legumbres como herramientas para diversificar la producción y mejorar los márgenes del sistema agrícola.

El ingeniero agrónomo Gabriel Prieto y el consultor Adrián Poletti analizaron el potencial agronómico y comercial de estos cultivos durante el panel “Legumbres de Invierno: el negocio de diversificar, intensificar y potenciar el sistema productivo”, realizado en el Congreso Aapresid 2026 en Rosario, Argentina.

Los especialistas explicaron que las legumbres pueden complementar los esquemas tradicionales de trigo y soja sin desplazar necesariamente esos cultivos. Sus beneficios incluyen la fijación biológica de nitrógeno, un consumo de agua comparativamente menor, nuevas opciones para el control de malezas y mejores condiciones para las siembras posteriores.

Una campaña con fuerte presión de enfermedades

Prieto concentró parte de su exposición en la sanidad de arvejas y lentejas. Las condiciones ambientales de la campaña favorecieron una elevada presión de enfermedades y obligaron a reforzar el seguimiento de los lotes.

Los síntomas aparecieron desde etapas muy tempranas, incluso en cultivos implantados con semillas tratadas. Esta situación resultó poco habitual para la región y mostró que el tratamiento inicial no sustituye el monitoreo durante el desarrollo del cultivo.

El especialista remarcó que las intervenciones podían ser eficaces en diferentes estadios, pero perdían viabilidad económica cuando no se realizaban en el momento adecuado. El seguimiento permanente permitió detectar los síntomas, elegir la oportunidad de control y evitar gastos tardíos con una respuesta productiva insuficiente.

Fusarium continúa sin una solución completa

Las enfermedades vasculares, especialmente aquellas provocadas por Fusarium, permanecen entre las principales limitaciones para las legumbres de invierno. Todavía no existen herramientas químicas o genéticas completamente eficaces para controlar el problema.

En campañas húmedas, la presión del patógeno aumenta y las rotaciones demasiado cortas pueden ocasionar pérdidas importantes. Prieto recomendó dejar transcurrir entre cuatro y seis años antes de volver a sembrar arveja en un mismo lote, con el propósito de disminuir la acumulación del inóculo.

Este intervalo convierte a la planificación en la principal herramienta preventiva. La sanidad debe considerarse desde el diseño de la secuencia agrícola y no solamente cuando aparecen los primeros síntomas visibles en las plantas.

Legumbres dentro de una rotación más diversa

La propuesta presentada en Aapresid contempla un esquema integrado por aproximadamente un 30 % de trigo y un 15 % de legumbres. Con esa distribución sería posible respetar los intervalos sanitarios de cuatro a seis años sin generar una competencia directa por la superficie destinada al cereal.

El planteamiento coincide con experiencias que muestran cómo la diversificación de las rotaciones mejora el suelo y reduce costos. La incorporación de especies con ciclos y necesidades diferentes también distribuye los riesgos climáticos, sanitarios y comerciales.

Las arvejas y lentejas ofrecen además una ventana distinta para el manejo de malezas. Al modificar las fechas de siembra, cosecha y aplicación de herbicidas, permiten interrumpir ciclos que pueden consolidarse en secuencias agrícolas poco variadas.

Menos consumo de agua para favorecer al maíz

Las legumbres analizadas tienen un ciclo más corto y consumen menos agua que otros cultivos invernales. Como consecuencia, pueden dejar una mayor reserva hídrica disponible para la siembra posterior de maíz de segunda.

En el sur de Santa Fe, los maíces implantados después de estas legumbres alcanzaron rendimientos de entre 8.000 y 10.000 kilogramos por hectárea. La cifra destacada durante el panel corresponde, por tanto, al maíz posterior y no al rendimiento de las arvejas o lentejas.

Esta secuencia aportó mayor estabilidad y mejores márgenes al sistema productivo. El resultado debe analizarse de manera integral: el valor de la legumbre no se limita a su cosecha, sino que incluye los efectos que produce sobre el cultivo siguiente.

La fijación biológica reduce la extracción de nitrógeno

Arvejas y lentejas establecen una relación simbiótica con bacterias capaces de fijar nitrógeno atmosférico. Este proceso reduce la dependencia directa del nitrógeno nativo del suelo durante el crecimiento de la legumbre.

Para aprovechar esa capacidad es necesario utilizar el inoculante correspondiente a cada especie y asegurar condiciones adecuadas para la nodulación. La inoculación de las semillas con rizobios específicos constituye una práctica fundamental para obtener una fijación eficiente.

El aporte de las legumbres no significa que todo el nitrógeno fijado quede disponible inmediatamente para el cultivo posterior. Su efecto depende del rendimiento, la extracción del grano, la cantidad de residuos, la actividad biológica y el manejo general del lote. Sin embargo, estas especies permiten reducir la extracción del nitrógeno del suelo y modificar favorablemente el balance del sistema.

La investigación sobre la capacidad de las legumbres para enriquecer los suelos también destaca su utilidad en rotaciones que buscan disminuir el uso de fertilizantes sintéticos y recuperar terrenos degradados.

El mercado internacional abre una oportunidad

Adrián Poletti complementó el enfoque agronómico con una revisión del escenario comercial y financiero. Las condiciones climáticas de varias regiones productoras del hemisferio norte comenzaron a alterar las perspectivas de oferta y demanda de legumbres.

El consultor mencionó las altas temperaturas registradas en Rusia y Estados Unidos. También destacó la situación de India, uno de los principales consumidores mundiales, donde se esperaba una temporada de lluvias monzónicas por debajo de los valores normales.

Una disminución del monzón reduciría las reservas de agua para la campaña siguiente y podría afectar especialmente la producción india de garbanzo. Ante ese riesgo, el Gobierno de India comenzó a reducir los impuestos a las importaciones para asegurar el abastecimiento y contener la inflación de los alimentos.

Poletti advirtió que una continuidad de El Niño podría generar hacia 2027 problemas de acumulación de agua, golpes de calor y temperaturas extremas en distintas regiones agrícolas. Para la campaña argentina en curso, sin embargo, la dificultad inmediata seguía siendo el exceso hídrico, una condición desfavorable para las legumbres de invierno.

Argentina debe fortalecer su oferta de lentejas

El análisis incluyó otras especies que podrían incorporarse a la producción argentina, como el gandul, las habas y el garbanzo tipo desi. En estos mercados, Australia ya cuenta con una posición consolidada, por lo que la competencia requeriría estrategias productivas y comerciales diferenciadas.

Para el gandul, Poletti propuso observar la experiencia de Brasil, donde el cultivo se integra con sistemas ganaderos. Bajo ese modelo, el productor puede cosechar el grano cuando existe demanda internacional o utilizar la planta como recurso forrajero cuando las condiciones comerciales no son favorables.

El especialista consideró que Argentina debería priorizar la lenteja, un cultivo de alto valor en el que el país ya posee experiencia, zonas aptas y posibilidades de ampliar su producción. El objetivo sería fortalecer una oferta exportable consistente sin provocar un desequilibrio por sobreproducción.

La expansión requiere combinar capacidad agronómica y demanda verificable. No basta con que una especie mejore la rotación: también debe existir infraestructura, calidad comercial, disponibilidad de semillas y compradores capaces de sostener el negocio.

Una estrategia que se evalúa como sistema completo

Las legumbres de invierno ofrecen una oportunidad que supera el resultado individual de la arveja o la lenteja. Su ciclo corto, el uso más eficiente del agua, la fijación de nitrógeno y el aporte a la diversidad pueden mejorar el desempeño del maíz posterior y distribuir los riesgos de la empresa agrícola.

La intensificación, no obstante, debe respetar los intervalos sanitarios. Aumentar la presencia de legumbres sin una rotación adecuada elevaría la exposición a Fusarium y otras enfermedades vasculares, comprometiendo los beneficios económicos buscados.

Experiencias con bacterias fijadoras de nitrógeno en legumbres muestran que el manejo biológico puede elevar el rendimiento y reducir la necesidad de fertilizantes, aunque la respuesta varía con la especie, el ambiente y el método de aplicación.

El desafío planteado en el Congreso Aapresid consiste en coordinar sanidad, rotaciones, reservas de agua y oportunidades comerciales. En el sur santafesino, los rendimientos de hasta 10.000 kilogramos por hectárea obtenidos por el maíz posterior muestran por qué el margen debe calcularse sobre la secuencia completa y no únicamente sobre cada cultivo por separado.

Fuente(s) referenciales

Agrofy News: cultivos de invierno que ganan protagonismo y la visión de los expertos



Mundo Agropecuario
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