Investigadores chinos recuperaron un gen del teocintle que aumenta el contenido proteico del maíz moderno sin reducir el rendimiento del cultivo.

Nature (2026). DOI: 10.1038/s41586-026-10575-8
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El maíz es uno de los cultivos más importantes para la seguridad alimentaria global, pero su historia de domesticación dejó una deuda nutricional. Durante unos 9.000 años de selección y mejoramiento, el contenido de proteína no fue uno de los principales objetivos de los programas de cría. Como resultado, muchas variantes genéticas beneficiosas asociadas a mayor proteína se fueron perdiendo en las variedades cultivadas.
Un equipo de investigadores chinos logró recuperar una de esas variantes a partir del teocintle, el ancestro silvestre del maíz. El hallazgo permite elevar el contenido proteico de semillas modernas sin reducir el rendimiento del grano, un punto clave para la producción agrícola y para la alimentación animal.
La investigación fue publicada en Nature el 3 de junio de 2026 y fue desarrollada por equipos liderados por Wu Yongrui y Wang Haihai, del Center for Excellence in Molecular Plant Sciences de la Academia China de Ciencias, junto con el grupo de Wang Wenqin, de Shanghai Normal University, y el equipo de Yongcai Huang, de Sichuan Agricultural University.
Un rasgo perdido durante la domesticación
El maíz moderno fue seleccionado durante siglos para mejorar productividad, adaptación, arquitectura de planta y facilidad de cosecha. Sin embargo, la proteína del grano no ocupó el mismo lugar dentro de las prioridades históricas del mejoramiento. Esa presión selectiva terminó favoreciendo líneas de alto rendimiento, pero con menor contenido proteico.
El problema tiene consecuencias prácticas. Muchas variedades modernas presentan bajo contenido de proteína en la semilla, lo que aumenta la dependencia de la harina de soja importada para formular raciones destinadas al ganado. En países con grandes sistemas de producción animal, esa dependencia se convierte en un factor económico y estratégico.
La relación entre maíz, soja y alimentación animal ya es visible en distintos mercados agrícolas. En Mundo Agropecuario se ha explicado cómo la soja en la alimentación animal se utiliza por su aporte de proteínas y grasas, lo que la convierte en una materia prima clave para ganado y otras especies.
El papel del gen THP3-T
El gen recuperado se denomina Teosinte high protein 3, o THP3-T. Los investigadores comprobaron que codifica la enzima glutamato-oxaloacetato transaminasa 1, conocida como GOT1, que participa en la vía de asimilación de nitrógeno. Esta vía es esencial porque permite que la planta utilice mejor el nitrógeno para formar proteínas.
El equipo observó que variaciones naturales en el promotor y en la secuencia codificante de THP3-T elevan tanto la expresión del gen como la actividad enzimática. En términos prácticos, eso permite que la planta use más nitrógeno para producir proteínas dentro del grano.
El dato más revelador es que THP3-T se volvió cada vez más raro durante la domesticación. En el maíz moderno, su frecuencia cayó hasta apenas 2,1% de las líneas analizadas. Es decir, la agricultura conservó muchas características útiles para rendimiento y manejo, pero dejó atrás una variante valiosa para mejorar la calidad nutricional del grano.
Más proteína sin perder rendimiento
El avance no se limitó a identificar el gen. Los investigadores lo incorporaron en Zhengdan958, un híbrido élite ampliamente cultivado en China, y lo combinaron con otro alelo superior, THP9-T, que codifica la asparagina sintetasa 4. La combinación de ambos genes produjo un efecto sinérgico.
El resultado fue un aumento del contenido proteico de la semilla desde 8,5% hasta un rango de 12% a 13%. Además, el contenido de proteína de toda la planta pasó de 7% a más de 9%. Lo más importante para la adopción agrícola es que ese incremento se logró sin comprometer el rendimiento del grano.
Este punto es decisivo porque muchos avances nutricionales pierden interés comercial si reducen productividad. En este caso, el estudio muestra que la mejora genética puede elevar la calidad del grano y mantener el desempeño agronómico, una combinación especialmente atractiva para programas de mejoramiento del cultivo de maíz.
Por qué importa para la alimentación animal
Un maíz con más proteína puede reducir parcialmente la presión sobre otras fuentes proteicas en las dietas animales. La harina de soja seguirá siendo relevante por su perfil nutricional, pero una mejora en la proteína del maíz puede cambiar la formulación de raciones, la eficiencia del alimento y los costos de producción.
La alimentación animal depende de equilibrios precisos entre energía, proteína, aminoácidos y digestibilidad. En sistemas porcinos y avícolas, por ejemplo, el maíz aporta energía, mientras la soja suele complementar la fracción proteica. Elevar la proteína del maíz no elimina la necesidad de balancear dietas, pero puede dar más margen a nutricionistas y productores.
En esa misma línea, investigaciones sobre cereales extruidos para cerdos han mostrado que el procesamiento del maíz y otros granos puede mejorar la digestibilidad de aminoácidos y almidón. La nueva investigación añade otra dimensión: mejorar el grano desde su base genética.
El valor de los parientes silvestres
El hallazgo confirma la importancia de conservar y estudiar los parientes silvestres de los cultivos. El teocintle no es solo una referencia histórica del origen del maíz, sino una reserva genética capaz de aportar rasgos perdidos durante la domesticación.
La recuperación de alelos raros permite revisar el pasado genético del cultivo para resolver problemas actuales. En este caso, el rasgo recuperado no apunta únicamente al rendimiento, sino a la calidad nutricional, un objetivo cada vez más relevante en sistemas alimentarios sometidos a presión por costos, clima y demanda de proteínas.
La misma lógica aparece en estudios sobre maíz criollo y diversidad genética, donde la conservación de materiales tradicionales y silvestres se considera fundamental para enfrentar nuevos desafíos productivos.
Un avance para la genética del maíz
El trabajo también revela el mecanismo molecular que explica parte de la caída del contenido proteico durante la domesticación. Al identificar cómo actúa THP3-T y cómo se potencia al combinarse con THP9-T, los investigadores ofrecen una herramienta concreta para desarrollar variedades de maíz con mayor valor nutricional.
La mejora genética moderna ya no se limita a seleccionar plantas con mejores rasgos visibles. Ahora puede rastrear genes específicos, estudiar sus funciones y reintroducir variantes útiles en híbridos élite. Este tipo de enfoque se relaciona con los avances recientes en mapeo del ADN del maíz, que permite entender cómo los genes moldean rasgos agronómicos clave.
Para el sector agrícola, el avance abre una vía práctica: mejorar el contenido de proteína sin sacrificar rendimiento. Para el sector ganadero, ofrece la posibilidad de contar con granos más nutritivos. Y para la investigación, confirma que parte de las respuestas a los desafíos actuales puede estar en variantes genéticas que la domesticación dejó atrás.
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