Agricultura

La falta de trabajadores agrícolas amenaza la seguridad alimentaria futura

Publicado el 21/06/2026 · REDACCION

Un equipo internacional liderado por KAIST advierte que, en muchas regiones, el límite para producir alimentos podría no ser la tierra disponible, sino la escasez de personas dispuestas o disponibles para trabajarla


Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz

La seguridad alimentaria mundial suele analizarse a partir de una pregunta central: cuánta tierra agrícola estará disponible en el futuro y si el clima permitirá cultivarla. Sin embargo, una investigación internacional liderada por el Instituto Avanzado de Ciencia y Tecnología de Corea, KAIST, plantea una advertencia distinta: podría haber tierra cultivable, pero no suficientes trabajadores agrícolas para utilizarla.

El estudio, publicado en la revista Nature Sustainability, incorpora la disminución de la fuerza laboral agrícola en los modelos de seguridad alimentaria futura. La investigación muestra que, en las próximas décadas, la escasez de trabajadores podría convertirse en una limitación clave para el uso real de tierras agrícolas en muchas regiones del mundo.

El equipo fue encabezado por el profesor Hyungjun Kim, del Departamento de AI Future de KAIST y asociado a la Moon Soul Graduate School of Future Strategy. También participaron la profesora Haewon Chon, del KI Institute for Climate, Environment, and Energy y la Graduate School of Green Growth and Sustainability, junto con los profesores Nicklas Forsell y Taikan Oki, de la Universidad de Tokio, en Japón.

Una pregunta distinta para el futuro del campo

Hasta ahora, muchos análisis sobre seguridad alimentaria y cambio climático han puesto el foco en la disponibilidad de tierras, la aptitud del suelo, las condiciones climáticas y el aumento de la demanda de alimentos. Esa mirada permite estimar si habrá superficie suficiente para producir lo que la población necesitará.

La nueva investigación introduce una variable social que suele quedar en segundo plano: quién trabajará esas tierras. En numerosos países, las bajas tasas de natalidad, la concentración urbana y el declive rural están reduciendo la población disponible para el trabajo agrícola. Al mismo tiempo, a medida que las economías crecen, más personas se desplazan desde la agricultura hacia la industria manufacturera o los servicios.

Este cambio demográfico no es un detalle menor. La agricultura puede contar con clima adecuado, suelo disponible y demanda creciente, pero si no hay suficientes personas para sembrar, manejar, cosechar, transportar y sostener las operaciones productivas, la capacidad real de producción se reduce.

La mano de obra como cuello de botella agrícola

El modelo desarrollado por el equipo internacional incorpora la variable de fuerza laboral agrícola dentro de escenarios futuros de seguridad alimentaria. Para ello, la investigación utiliza combinaciones de escenarios SSP y RCP, marcos internacionales empleados para proyectar cambios socioeconómicos y climáticos.

Los SSP, o trayectorias socioeconómicas compartidas, consideran factores como crecimiento poblacional, desarrollo económico y avance tecnológico. Los RCP, o trayectorias de concentración representativa, describen posibles futuros climáticos según las emisiones de gases de efecto invernadero.

Al integrar la disponibilidad de trabajadores en estos escenarios, los resultados muestran que la superficie agrícola realmente utilizable podría disminuir en muchas regiones por falta de mano de obra. En algunos casos, el déficit laboral aparece como un factor más limitante que el clima o el suelo.

Este enfoque conecta con un problema que ya se observa en distintos territorios. En Mundo Agropecuario se ha abordado cómo la falta de mano de obra afecta campañas agrícolas concretas, como las de aceituna y cítricos en España, donde la disponibilidad de trabajadores condiciona directamente la recolección y la continuidad productiva.

La tecnología ayuda, pero no elimina el problema

El estudio no niega el papel de la tecnología. De hecho, reconoce que el desarrollo tecnológico puede aumentar la superficie cultivable por persona. La mecanización, la agricultura de precisión, la automatización y las herramientas digitales permiten que cada trabajador gestione más tierra o realice tareas con mayor eficiencia.

Sin embargo, el equipo advierte que el avance tecnológico no resuelve por completo la reducción de la población rural. A medida que crecen otros sectores económicos, más personas se trasladan a empleos urbanos o no agrícolas. Esa dinámica puede acelerar la disminución de trabajadores rurales y restringir el uso efectivo de tierras agrícolas.

La tensión entre tecnología y empleo rural ya aparece en experiencias recientes. En El Salvador, por ejemplo, la mecanización ante la escasez de trabajadores rurales se ha convertido en una respuesta para sostener la producción, aunque no sustituye por completo la necesidad de personal capacitado.

También existen desarrollos orientados a apoyar tareas específicas, como la recolección. Un ejemplo es el brazo robótico inflable de bajo costo, planteado como herramienta complementaria para labores agrícolas repetitivas. Estos avances muestran que la tecnología puede aliviar parte de la presión laboral, pero su adopción depende de costos, capacitación, escala productiva y condiciones reales de campo.

Migración, desarrollo rural y seguridad alimentaria

Uno de los puntos más sensibles del estudio es la relación entre migración y producción de alimentos. La investigación confirma que, si la migración internacional se restringe, los países desarrollados podrían enfrentar una escasez más marcada de trabajadores agrícolas.

Al mismo tiempo, algunas economías de bajos ingresos podrían experimentar un aumento excesivo de población agrícola, lo que revela un desequilibrio global en la distribución del trabajo rural. Esto significa que las políticas migratorias no solo influyen en empleo, fronteras o demografía, sino también en la capacidad de producir alimentos de forma estable.

El profesor Hyungjun Kim explicó que el estudio analiza los problemas alimentarios futuros considerando no solo clima y tierra, sino también cambios en las personas. Factores sociales como las bajas tasas de natalidad y el alejamiento de las zonas rurales pueden tener efectos profundos sobre la seguridad alimentaria y las respuestas al cambio climático.

El relevo generacional se vuelve estratégico

La investigación de KAIST también refuerza una preocupación creciente: el envejecimiento del campo y la falta de relevo generacional. Si cada vez menos jóvenes ven la agricultura como una opción de vida o carrera, el sistema alimentario pierde capacidad humana, conocimiento práctico y continuidad territorial.

Esta dimensión ya ha sido señalada en análisis sobre el relevo generacional en la producción agropecuaria, donde la edad de los productores y la dificultad para atraer nuevas generaciones aparecen como factores que pueden comprometer el futuro del sector.

La seguridad alimentaria no depende únicamente de hectáreas, semillas, riego o maquinaria. También necesita comunidades rurales activas, trabajadores capacitados, condiciones laborales dignas, oportunidades económicas y políticas que hagan viable permanecer en el campo.

Un cambio en la forma de medir el riesgo alimentario

El trabajo fue publicado el 1 de junio en Nature Sustainability bajo el título Agricultural Workforce as a Potential Bottleneck of Future Cropland Availability. Participó como primer autor Hongtak Lee, estudiante de doctorado de la Moon Soul Graduate School of Future Strategy, y Hyungjun Kim actuó como autor correspondiente.

La importancia académica del estudio fue reconocida con un comentario destacado en la misma revista, titulado Farming needs more hands. Ese comentario valoró la investigación como un primer paso para cambiar la pregunta tradicional sobre cuánta tierra existe hacia una cuestión más completa: si hay suficientes personas y productividad laboral para cultivar esa tierra.

La advertencia central es directa. La futura escasez de alimentos puede no surgir solamente de falta de tierras agrícolas, suelos degradados o eventos climáticos extremos. También puede originarse en un déficit de trabajadores capaces de sostener la producción diaria. Para gobiernos, productores y sistemas agroalimentarios, esa lectura obliga a integrar demografía, migración, tecnología, condiciones laborales y desarrollo rural dentro de las estrategias de seguridad alimentaria.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: What if there is no one to farm? Scientists reveal a hidden risk to future food security