El país impulsa sistemas localizados, goteo y fertirrigación en cientos de miles de hectáreas tras años de sequía, acuíferos bajo presión y calor extremo
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Marruecos está cambiando el centro de su estrategia agrícola frente a la escasez hídrica. Después de años de sequía, presión sobre los acuíferos y episodios de calor extremo, el país apuesta por modernizar el riego en parcela para producir más con menos agua.
El programa nacional marroquí busca extender tecnologías de riego eficiente sobre unas 555.000 hectáreas, incluidas 220.000 hectáreas de grandes perímetros irrigados. La orientación principal es sustituir sistemas tradicionales por riego localizado, goteo y aspersión modernizada.
La medida se inscribe en una transformación más amplia de la agricultura marroquí, un sector muy expuesto a la variabilidad climática y a la caída de reservas hídricas. En los últimos años, la sequía en Marruecos ya había golpeado empleos agrícolas, cosechas y economías rurales.
El riego como infraestructura climática
El planteamiento de Marruecos no consiste solo en buscar nuevas fuentes de agua, sino en usar mejor cada metro cúbico disponible. El riego moderno se convierte así en una infraestructura climática distribuida: no está solo en embalses, desaladoras o canales, sino también en cada parcela.
El Banco Mundial apoya desde 2008 el Programa Nacional de Ahorro de Agua en Riego, conocido como PNEEI, orientado a mejorar la eficiencia del uso del agua, modernizar grandes zonas agrícolas y fortalecer el servicio de riego.
El cambio técnico implica pasar del riego por gravedad a sistemas que entregan el agua cerca de la raíz, con mayor control sobre cantidad, momento y frecuencia de aplicación. Ese salto también permite integrar fertirrigación, sensores, turnos programados y bombeo más ajustado.
Más eficiencia, pero no una solución automática
La modernización del riego puede mejorar la productividad del agua y reducir pérdidas en parcela. Sin embargo, los especialistas advierten que la eficiencia no garantiza por sí sola una reducción del consumo total en una cuenca.
El riesgo es el llamado efecto rebote: si el agua ahorrada permite ampliar superficie irrigada o instalar cultivos más demandantes, el volumen total extraído puede mantenerse o incluso aumentar.
Por eso, el riego eficiente debe acompañarse de gobernanza hídrica, control de extracciones, planificación de cultivos, medición de consumos y protección de acuíferos. La escasez de agua agrícola no se resuelve únicamente con tecnología si no existe una gestión integral del recurso.
Objetivo: un millón de hectáreas en 2030
A finales de 2023, Marruecos ya había equipado unas 824.000 hectáreas con riego localizado, alrededor del 50% de su superficie regada, según medios agrícolas especializados citados en la información original.
El objetivo oficial es llegar al millón de hectáreas con riego eficiente en 2030. Ese horizonte muestra que la modernización no es un proyecto aislado, sino una política estructural para adaptar la agricultura a un clima más irregular.
La estrategia se complementa con desalación, nuevas infraestructuras hídricas, trasvases, presas y restricciones sobre cultivos o usos considerados demasiado consumidores de agua. Aun así, el coste de la desalación limita su uso directo en cultivos básicos como el trigo.
Agua, productividad y pequeños agricultores
La apuesta por el goteo y la fertirrigación también tiene una dimensión económica. Al mejorar el control del agua y de los nutrientes, los agricultores pueden aumentar rendimientos, reducir pérdidas y sostener cultivos de mayor valor.
Pero el acceso no es igual para todos. Muchos pequeños productores no pueden asumir solos el coste de filtros, tuberías, programadores, bombas o mantenimiento. Por eso, la Agencia de Desarrollo Agrícola contempla ayudas para riego localizado, con subvenciones que pueden alcanzar el 100% en proyectos colectivos.
El desafío es evitar que la modernización beneficie solo a explotaciones con mayor capacidad financiera. En regiones áridas, las tecnologías de riego deben combinarse con asistencia técnica, financiamiento y reglas claras para no profundizar desigualdades rurales.
Acuíferos bajo presión
La modernización del riego aparece en un país donde los acuíferos acumulan años de presión. Las lluvias pueden aliviar embalses en una temporada, pero no siempre recargan con la misma rapidez las reservas subterráneas.
Esa diferencia es clave: una agricultura con más eficiencia superficial puede seguir dependiendo de agua subterránea si no se regulan pozos y extracciones. Estudios sobre agotamiento de acuíferos han mostrado que la pérdida de reservas bajo tierra puede afectar directamente el rendimiento de los cultivos en años secos.
La estrategia marroquí deberá equilibrar tres objetivos: sostener la producción, proteger reservas hídricas y evitar que la eficiencia tecnológica termine impulsando una expansión agrícola incompatible con la disponibilidad real de agua.
Una señal para otras regiones secas
El caso de Marruecos interesa más allá del norte de África porque resume un dilema global: cómo mantener producción agrícola cuando las lluvias se vuelven menos previsibles, los suelos pierden humedad y el agua subterránea se vuelve más difícil de recuperar.
Las políticas de conservación del agua en agricultura ya exploran enfoques basados en sistemas, combinando manejo de suelos, selección de cultivos, reutilización, riego eficiente y regulación territorial. En ese marco, las estrategias de conservación del agua se vuelven centrales para adaptar el campo a escenarios climáticos más exigentes.
Marruecos no busca depender únicamente de más agua, sino extraer más valor agrícola de cada litro disponible. El éxito de esa transición dependerá de que el goteo, la fertirrigación y los sensores estén acompañados por límites de uso, apoyo a pequeños agricultores y protección efectiva de acuíferos.
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