Un análisis de 18 años de ensayos encontró un aumento anual del 1,2 % en la productividad y avances en la calidad comercial del grano pese al calentamiento regional
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El programa público de mejoramiento de avena de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign logró elevar el rendimiento del cultivo y el peso específico del grano durante casi dos décadas, según una evaluación realizada en tres localidades del estado de Illinois, Estados Unidos.
Los investigadores analizaron 18 años de ensayos de campo para determinar cuánto habían contribuido las nuevas variedades al progreso agronómico. El rendimiento aumentó a una tasa promedio del 1,2 % anual, hasta acumular una ganancia de 645 kilogramos por hectárea, equivalente a 18 bushels por acre, durante el periodo estudiado.
El trabajo, publicado en la revista Crop Science, atribuye los avances a la inversión sostenida en programas públicos de fitomejoramiento. Aunque la avena ocupa una superficie mucho menor que otros cultivos estadounidenses, la mejora de la productividad ha permitido responder a una demanda alimentaria que continúa ampliándose.
Cinco programas públicos sostienen el mejoramiento regional
En el medio oeste de Estados Unidos permanecen activos solamente cinco programas públicos de mejoramiento de avena, entre ellos el de la Universidad de Illinois. En conjunto, estas iniciativas han desarrollado la mayoría de las variedades cultivadas en la región.
Juan Arbelaez, fitomejorador de cereales pequeños y profesor asociado del Departamento de Ciencias de Cultivos de la institución, explicó que las evaluaciones periódicas sirven para comprobar si los materiales obtenidos responden a las necesidades de los productores. Entre los criterios prioritarios figuran el rendimiento, el peso específico y la resistencia a enfermedades.
El peso específico es especialmente relevante porque ayuda a determinar si una partida alcanza la calidad exigida para alimentación humana y si puede comercializarse a un precio superior. Durante los 18 años analizados, esta característica aumentó alrededor de media libra por bushel cada año.
Los resultados estadounidenses coinciden con el avance internacional del cultivo. En Canadá, por ejemplo, una nueva línea de avena superó en un 7 % a variedades comerciales destacadas durante sus ensayos, una muestra del valor que conserva la selección de nuevos materiales para la rentabilidad del productor.
El rendimiento aumentó bajo temperaturas más elevadas
Las ganancias registradas en Illinois se produjeron pese a una tendencia general de calentamiento durante el periodo evaluado. Esta respuesta es significativa porque el programa trabaja en el extremo meridional de la zona estadounidense considerada apta para la avena, donde el cultivo está más expuesto al estrés térmico.
Sin embargo, el análisis también identificó una limitación. Las temperaturas elevadas durante las etapas reproductivas críticas perjudicaron tanto el rendimiento como el peso específico. Este último efecto puede reducir el valor del grano como alimento, incluso cuando el volumen de la cosecha resulte aceptable.
Los científicos consideran que la tolerancia al calor deberá ocupar un lugar prioritario en las siguientes etapas del programa. El objetivo es desarrollar variedades capaces de conservar sus parámetros productivos y comerciales cuando las temperaturas durante la campaña superen los niveles habituales.
La investigación genómica puede acelerar esa tarea. La reciente elaboración de un pangenoma internacional de la avena identificó recursos para mejorar el rendimiento, la nutrición y la resistencia, proporcionando a los fitomejoradores una visión más amplia de la diversidad disponible en esta especie.
La resistencia al virus se mantuvo estable
El equipo también estudió la respuesta de las variedades al virus del enanismo amarillo de la cebada, conocido por sus siglas en inglés como BYDV. La resistencia no aumentó durante los 18 años, pero tampoco mostró un retroceso estadísticamente evidente.
Los investigadores no interpretaron esta estabilidad como un fracaso. El virus y la planta mantienen una competencia evolutiva continua: mientras el patógeno desarrolla mecanismos para superar las defensas vegetales, el hospedador responde mediante nuevas formas de resistencia.
Si el desempeño sanitario de las variedades se hubiera deteriorado, esa reducción habría aparecido en los datos de los ensayos. Mantener la resistencia mientras se incrementaban el rendimiento y el peso específico indica que el programa no sacrificó este componente sanitario durante la selección.
Las enfermedades continúan siendo una prioridad para el cultivo. La roya de la corona, por ejemplo, puede provocar pérdidas considerables en condiciones favorables para su propagación, por lo que el desarrollo de cultivares resistentes a la roya de la hoja también forma parte de los programas de mejoramiento realizados en otros países productores.
La demanda abre nuevas oportunidades para el cereal
El consumo de avena se ha diversificado más allá de las preparaciones tradicionales. El cereal se incorpora a una variedad creciente de alimentos y recetas, favorecido por la demanda de productos asociados con una alimentación saludable.
Para los agricultores, ese interés puede generar una alternativa de rotación y diversificación frente a cereales que ocupan superficies mayores. La avena también mantiene usos en la alimentación animal, lo que amplía su mercado y reduce la dependencia de un solo destino comercial.
El renovado atractivo de la avena para los agricultores está relacionado con su adaptación a diferentes ambientes, sus necesidades de insumos y su incorporación a esquemas de rotación. No obstante, la decisión de siembra continúa dependiendo de los precios, la disponibilidad de semillas y las condiciones regionales.
La expansión de la demanda no elimina la necesidad de mantener la calidad industrial. Los programas de mejoramiento deben combinar productividad, resistencia sanitaria, tolerancia al calor y características del grano que permitan satisfacer las exigencias de molinos, fabricantes de alimentos y consumidores.
Selección genómica para acelerar nuevas variedades
Los resultados obtenidos durante los 18 años proporcionan una base para orientar los recursos del programa de Illinois. Sus responsables planean incorporar selección genómica y secuenciación de alto rendimiento para identificar materiales prometedores con mayor rapidez.
Estas herramientas permiten utilizar información distribuida por el genoma para estimar el comportamiento de una línea antes de completar todos los ciclos de evaluación convencional. Los ensayos de campo seguirán siendo necesarios para verificar el rendimiento bajo condiciones ambientales reales.
La continuidad de los programas públicos resulta especialmente importante en un cultivo que recibe menos inversión privada y ocupa una superficie inferior a la del maíz, la soja o el trigo. La evaluación muestra que el trabajo acumulado puede producir ganancias medibles para los agricultores y sostener el suministro frente a los cambios de la demanda.
Fuentes referenciales:
Phys.org y Universidad de Illinois Urbana-Champaign
Crop Science

