Agricultura

Satélites rastrean la mosca blanca que amenaza al tomate en Florida

Publicado el 18/08/2026 · REDACCION

Un estudio del USDA logró identificar cultivos con más de 80 % de precisión y detectó desplazamientos del insecto de hasta nueve kilómetros entre campos hortícolas


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

Investigadores del Servicio de Investigación Agrícola de Estados Unidos (ARS-USDA) desarrollaron un sistema que combina imágenes satelitales, observaciones de campo y aprendizaje automático para seguir la propagación de la mosca blanca y del virus del enrollamiento amarillo de la hoja del tomate en el suroeste de Florida.

El trabajo busca anticipar los periodos y lugares de mayor riesgo para los productores. La mosca blanca, identificada también como mosca blanca del camote o de la hoja plateada, se alimenta de numerosos cultivos y transmite enfermedades capaces de reducir gravemente el rendimiento del tomate.

La investigación adquiere especial importancia para Florida, donde el valor de la producción de tomate alcanzó los 331 millones de dólares en 2024. En el sureste de Estados Unidos, las pérdidas agrícolas relacionadas con esta plaga polífaga y los virus que transmite se estiman en varios miles de millones de dólares.

Seguimiento durante cuatro temporadas agrícolas

El equipo estudió durante cuatro temporadas de cultivo las poblaciones de mosca blanca y las infecciones causadas por el virus del enrollamiento amarillo de la hoja del tomate, conocido por las siglas TYLCV. Las observaciones se realizaron en campos hortícolas del suroeste de Florida.

Los investigadores utilizaron imágenes obtenidas desde satélites para localizar las parcelas sembradas con hortalizas. Posteriormente, contrastaron esa información con inspecciones directas de insectos y plantas enfermas, además de analizar la temperatura, las precipitaciones y la proximidad entre cultivos.

La identificación satelital de los campos alcanzó frecuentemente una precisión superior al 80 %, especialmente durante las fases avanzadas de la temporada. Esta capacidad permite construir mapas de riesgo sin depender exclusivamente de inspecciones presenciales en cada parcela.

Clive Bock, fitopatólogo del ARS, explicó que el método integra la identificación de cultivos y la evaluación territorial del riesgo sanitario. El principio central es que reducir las poblaciones del insecto vector también limita la circulación del virus.

La mosca blanca puede recorrer hasta nueve kilómetros

Los datos mostraron que las poblaciones de mosca blanca y las infecciones por TYLCV se concentraron habitualmente en focos de hasta 1.750 metros. Hacia el final de determinadas temporadas, esas concentraciones llegaron a extenderse hasta cinco kilómetros.

El análisis también encontró desplazamientos de moscas blancas de hasta nueve kilómetros entre cultivos hortícolas. La presencia de campos cercanos tuvo una influencia mayor durante las etapas finales del ciclo productivo, cuando el movimiento de los insectos puede conectar parcelas previamente separadas.

Este resultado indica que el manejo aplicado en una sola finca puede resultar insuficiente cuando existen plantaciones hospedantes dentro del radio de desplazamiento de la plaga. La mosca blanca puede alimentarse de tomate, pimiento, calabaza, pepino, frijol, berenjena, sandía y repollo, además de cultivos extensivos como papa, maní, soja y algodón.

La diversidad de plantas hospedantes facilita la supervivencia y circulación del insecto a través del paisaje agrícola. Por esa razón, el monitoreo regional complementa las recomendaciones habituales sobre las principales enfermedades del tomate y sus medidas preventivas.

El calor favorece al insecto y la transmisión del virus

Las temperaturas cálidas estuvieron asociadas con aumentos de la población de mosca blanca y una mayor propagación del TYLCV. En cambio, las precipitaciones mostraron poca influencia sobre la abundancia del insecto y la circulación de la enfermedad durante el periodo analizado.

Tanto las poblaciones de la plaga como las infecciones virales alcanzaron sus máximos anuales entre febrero y abril. Esta ventana temporal ofrece una referencia para reforzar las inspecciones, preparar medidas preventivas y coordinar intervenciones antes de que aparezcan los principales focos.

El virus del enrollamiento amarillo provoca deformación y amarillamiento de las hojas, limita el crecimiento y puede reducir severamente la producción cuando infecta las plantas en fases tempranas. Como no existe un tratamiento que cure a una planta infectada, el manejo depende de variedades resistentes, material vegetal sano, eliminación de focos y control oportuno del insecto vector.

La vigilancia también puede combinarse con herramientas de contacto para poblaciones incipientes, como se explica en la información sobre el uso del jabón potásico contra mosca blanca y otras plagas blandas. Cualquier intervención debe ajustarse al cultivo, al nivel de infestación, a la etiqueta del producto y a las condiciones ambientales.

Control coordinado entre productores y técnicos

Los resultados respaldan el manejo de plagas en áreas amplias, una estrategia en la que productores, asesores e instituciones coordinan el monitoreo y las medidas de control en varias explotaciones. El objetivo es actuar sobre la población regional del insecto y no únicamente sobre los ejemplares presentes en una parcela determinada.

Según el ARS, conocer dónde y cuándo es más probable que se disperse la mosca blanca permitirá adelantar tratamientos, seleccionar variedades resistentes al virus y dirigir con mayor precisión las aplicaciones de insecticidas. La coordinación también puede disminuir tratamientos innecesarios y reducir la presión que favorece la resistencia a los productos fitosanitarios.

En sistemas protegidos existen alternativas complementarias. Las experiencias de control biológico de plagas del tomate en invernadero han evaluado depredadores como Macrolophus pygmaeus para contener moscas blancas, pulgones y ácaros.

Otra línea de trabajo consiste en recuperar características defensivas presentes en especies silvestres. Investigaciones anteriores identificaron un pariente del tomate cultivado resistente a la mosca blanca, un rasgo con posible utilidad para programas de mejoramiento vegetal.

El modelo se ampliará a otros insectos vectores

El estudio reunió al Laboratorio de Investigación Hortícola de Estados Unidos en Fort Pierce, el Laboratorio de Hortalizas del USDA, la Universidad de Florida, el Centro de Manejo Integrado de Plagas de la Universidad Estatal de Carolina del Norte y el Servicio de Extensión del condado de Hendry. También participaron Glades Crop Care y Regrow, anteriormente denominada FluoroSat.

Los investigadores prevén perfeccionar y ampliar el modelo utilizado con la mosca blanca. La siguiente etapa contempla estudiar otros insectos que transmiten virus y afectan cultivos en diferentes regiones de Estados Unidos.

La combinación de mapas de cultivos, información meteorológica y muestreos sanitarios no elimina la necesidad de revisar directamente las plantas. Su aporte consiste en señalar los puntos donde existe mayor probabilidad de movimiento del vector, facilitando una vigilancia temprana y decisiones coordinadas antes de que las pérdidas se extiendan.

Fuentes referenciales:
USDA Scientific Discoveries — Capturing the Movement of a Tomato Foe
Plant Disease — estudio sobre identificación de cultivos y riesgo de mosca blanca y TYLCV



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