Cuatro episodios fueron reportados en distintos estados durante una sola semana de agosto, mientras los apicultores reclaman controles eficaces sobre los plaguicidas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
La muerte masiva de abejas volvió a encender las alarmas del sector apícola y agrícola de México después de que productores reportaran cuatro episodios en cuatro estados entre el 10 y el 14 de agosto de 2026. Uno de los casos ocurrió en Tecalitlán, Jalisco, donde un apicultor denunció el 11 de agosto la mortandad registrada en un apiario compuesto por 45 colmenas.
Los incidentes forman parte de una sucesión de pérdidas que apicultores y especialistas vinculan con la exposición a plaguicidas, la reducción de las floraciones, la expansión de determinados sistemas de monocultivo y las alteraciones climáticas. Aunque cada episodio requiere análisis específicos para establecer responsabilidades, las organizaciones del sector sostienen que las denuncias muestran un problema extendido y deficientemente documentado.
La Organización Nacional de Apicultores, que reúne a 15 asociaciones de nueve estados, ha recibido durante la última década informes sobre pérdidas totales de colmenas en 19 de las 32 entidades mexicanas. También registra casos de muerte de abejas pecoreadoras —las obreras adultas que recolectan polen y néctar— y abandono de colmenas en otros territorios.
Registros muestran una elevada pérdida de colmenas
El proyecto Abejas y Plaguicidas, desarrollado por El Colegio de la Frontera Sur, contabiliza reportes de más de 300.000 colmenas perdidas y alrededor de 600 millones de abejas entre 2003 y 2024. Sus responsables advierten que la cifra real podría ser superior porque numerosos apicultores no formalizan las denuncias.
Por su parte, el Registro Nacional de Muertes de Abejas por Plaguicidas reúne al menos 41 episodios desde 2022, con 1.974 colmenas afectadas. Chihuahua, San Luis Potosí y Jalisco concentran el mayor número registrado, mientras la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural reconoce ocho casos que comprenden 1.131 colonias muertas.
La diferencia entre los registros sociales, académicos y gubernamentales dificulta medir con precisión el daño económico y productivo. También limita la identificación de zonas recurrentes, sustancias involucradas y prácticas de aplicación que deberían corregirse.
La crisis mexicana se suma a la preocupación internacional por la muerte masiva de colonias de abejas, un fenómeno que compromete tanto la producción de miel como los servicios de polinización indispensables para numerosos cultivos.
Plaguicidas bajo la lupa del sector apícola
Entre las sustancias señaladas por especialistas y organizaciones se encuentran el fipronil y varios insecticidas neonicotinoides. Los apicultores también advierten que los fungicidas pueden alterar microorganismos asociados con las colmenas y las flores, mientras los herbicidas reducen recursos florales utilizados como alimento.
La exposición no necesariamente ocurre solo cuando una sustancia alcanza directamente un apiario. Las abejas recorren áreas extensas para recolectar néctar y polen, por lo que pueden entrar en contacto con residuos durante sus desplazamientos. La deriva generada por fumigaciones aéreas amplía además el territorio potencialmente afectado.
Investigaciones anteriores han documentado que los pesticidas y sus adyuvantes pueden alterar el olfato de las abejas, una capacidad necesaria para localizar alimento, reconocer señales químicas y regresar a la colonia. Otros estudios indican que incluso las reinas pueden quedar expuestas, aunque desarrollen mecanismos para transferir parte de los residuos de pesticidas a sus huevos.
En mayo de 2026, el Centro Nacional de Referencia de Inocuidad y Bioseguridad Agroalimentaria encontró restos de plaguicidas en una muestra de abejas muertas en Jalisco. Ese hallazgo no permite atribuir automáticamente todos los episodios a una misma sustancia, pero refuerza la necesidad de recoger muestras con rapidez y preservar evidencias después de cada mortandad.
La pérdida de polinizadores afecta a productores agrícolas
La apicultura mexicana comprende aproximadamente 48.000 productores, 2,3 millones de colmenas y una producción anual cercana a 60.000 toneladas de miel. Su importancia, sin embargo, no se limita a la actividad mielera: las colonias prestan servicios de polinización que favorecen la reproducción y el rendimiento de numerosos cultivos.
Por esa razón, la desaparición de abejas también representa un riesgo para agricultores que dependen de insectos polinizadores. Una menor disponibilidad de colonias puede reducir la estabilidad productiva, elevar los costos de contratación de servicios apícolas y debilitar los medios de vida en comunidades rurales.
México alberga unas 2.100 especies de abejas nativas, aproximadamente 10 % de la diversidad mundial. La protección de las colmenas gestionadas debe acompañarse, por tanto, de medidas destinadas a conservar los hábitats y recursos florales de los polinizadores silvestres. La relación entre cultivos y servicios agrícolas de polinización convierte la salud de estos insectos en un componente directo de la seguridad alimentaria.
Apicultores piden documentación y respuesta institucional
Los especialistas recomiendan que, ante una mortandad, los productores documenten la fecha, el estado de las colmenas, las fumigaciones cercanas y cualquier comportamiento inusual. También aconsejan tomar fotografías, conservar videos y gestionar muestras bajo protocolos adecuados para que puedan ser analizadas.
México aplica desde 2021 la Estrategia Nacional para la Conservación y Uso Sustentable de los Polinizadores, integrada por ocho ejes temáticos, 16 líneas de acción y 86 medidas. No obstante, organizaciones apícolas cuestionan la falta de avances en la actualización de reglas sobre plaguicidas, la construcción de un inventario nacional de colmenas y la sistematización de las pérdidas.
El país prohibió en noviembre de 2025 la producción y comercialización de 35 sustancias cuya importación ya había sido bloqueada. A pesar de esa decisión, continúan autorizados miles de productos insecticidas, herbicidas y fungicidas para diferentes usos, sin estadísticas públicas completas sobre las cantidades aplicadas y su distribución territorial.
La respuesta requiere coordinar a autoridades sanitarias y agrícolas, investigadores, productores rurales y aplicadores de agroquímicos. Además de investigar cada episodio, los apicultores reclaman sistemas de alerta entre agricultores y dueños de colmenas, reglas específicas para proteger polinizadores y mecanismos que permitan determinar responsabilidades y reparar las pérdidas comprobadas.
Fuente referencial:
IPS Inter Press Service

