Un estudio en diez plantaciones relacionó una mayor actividad de estos mamíferos con menos daños en las nueces y destacó el valor productivo de conservar la vegetación natural
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
Los murciélagos pueden convertirse en aliados importantes de los productores de macadamia de Sudáfrica al alimentarse de insectos que deterioran las nueces. Una investigación internacional encabezada por la Universidad de Göttingen comprobó que el daño causado por las plagas disminuyó en las plantaciones donde se registró una mayor actividad de estos depredadores nocturnos.
El trabajo también encontró una relación entre la vegetación natural que rodea los huertos y el desempeño productivo. Los paisajes con bosques nativos, matorrales y otras áreas seminaturales albergaron una mayor diversidad de murciélagos, mientras que el rendimiento de los árboles alcanzó su nivel más elevado cuando esa cobertura representó aproximadamente el 60 % del entorno estudiado.
La protección de la cosecha resulta especialmente relevante para un cultivo cuyo manejo exige abundante trabajo y un procesamiento complejo. Estas características sitúan a la macadamia entre las nueces más costosas del mercado y hacen que la calidad del producto determine buena parte de su valor comercial.
El estudio examinó diez plantaciones de macadamia
Los investigadores trabajaron en diez plantaciones sudafricanas sometidas a manejo intensivo. En cada explotación compararon árboles situados junto al borde del huerto con otros ubicados en su zona central, con el propósito de establecer cómo la estructura del paisaje influía sobre los animales insectívoros y el control natural de las plagas.
El equipo identificó 111 especies de aves mediante observaciones directas y 16 especies de murciélagos a partir de sus llamadas de ecolocalización. Además de registrar la presencia y actividad de estos animales, los científicos evaluaron la calidad de las nueces y realizaron pruebas de exclusión para medir qué sucedía cuando se impedía el acceso de aves y murciélagos a determinados árboles.
Los resultados mostraron que una mayor actividad de los murciélagos estuvo asociada con una menor incidencia de daños, particularmente en plantaciones localizadas dentro de paisajes con poca vegetación natural. En esas áreas agrícolas más simplificadas, la presencia de los depredadores nocturnos adquirió una importancia especial para limitar el ataque de los insectos.
La exclusión elevó un 70 % las nueces dañadas
Cuando los investigadores cubrieron los árboles con redes para mantener alejados a murciélagos y aves, la proporción de nueces dañadas por insectos aumentó del 6,2 % al 10,7 %. La diferencia equivale a un incremento relativo cercano al 70 % y demuestra que los depredadores silvestres contribuyen a proteger la calidad comercial de la cosecha.
La exclusión no produjo, sin embargo, un efecto directo comprobable sobre el rendimiento de los árboles. Tampoco se detectó una relación directa entre la cantidad de aves y la incidencia de las plagas. Los autores señalan así que los distintos grupos de fauna no prestan necesariamente el mismo servicio ni responden de igual forma a las características del paisaje.
Los murciélagos cazan durante la noche y pueden consumir polillas, escarabajos y otros insectos activos en ese periodo. Su aportación complementa otras herramientas de manejo ecológico de plagas en los cultivos subtropicales de Sudáfrica, donde la reducción de residuos y de la dependencia de insecticidas constituye un desafío para las explotaciones orientadas a mercados exigentes.
La vegetación natural sostiene a los depredadores
La riqueza y diversidad de murciélagos aumentaron a medida que creció la proporción de hábitats naturales en el paisaje. Estas zonas proporcionan refugios, alimento y espacios de desplazamiento que permiten mantener poblaciones capaces de visitar los huertos y prestar servicios de control biológico.
Las comunidades de aves también cambiaron según su ubicación. Las especies asociadas con ambientes boscosos fueron más frecuentes en los bordes próximos a la vegetación, mientras que las aves propias de espacios abiertos aparecieron principalmente en el centro de las plantaciones.
Esta distribución indica que no basta con considerar la superficie cultivada de forma aislada. La disposición de los huertos, la conservación de los bordes y la conexión con áreas seminaturales influyen en la fauna presente y, por consiguiente, en los beneficios que puede aportar a la producción.
La misma relación entre diversidad y protección agrícola se observa en investigaciones sobre hongos naturales capaces de combatir el gusano ejército africano. Ambos enfoques muestran que los organismos presentes en los agroecosistemas pueden incorporarse al manejo integrado, aunque sus efectos deben evaluarse para cada cultivo, plaga y ambiente.
Conservar el paisaje puede mejorar la calidad de la cosecha
El rendimiento de la macadamia presentó una relación no lineal con la cobertura de hábitat natural: aumentó hasta alcanzar su máximo alrededor del 60 % y permaneció en niveles elevados incluso en paisajes con una proporción superior. El resultado cuestiona la idea de que eliminar la vegetación no cultivada para ampliar la superficie productiva genera siempre mayores retornos.
La autora principal, Mina Anders, del Departamento de Agrobiodiversidad Funcional y Agroecología de la Universidad de Göttingen, explicó que los ambientes naturales funcionan como refugios y sostienen organismos beneficiosos que participan tanto en la polinización como en el control de plagas.
Para los productores, los hallazgos respaldan la incorporación de la conservación a la planificación de las explotaciones. Mantener franjas de vegetación, bosques nativos y matorrales conectados puede favorecer la presencia de depredadores sin reemplazar el monitoreo de los huertos ni las demás medidas de manejo fitosanitario.
La investigación tampoco plantea que los murciélagos deban considerarse una solución aislada. Su actividad forma parte de un sistema en el que intervienen la composición del paisaje, la altitud, la ubicación de los árboles y la diversidad de organismos. Por esa razón, el control natural tendría que integrarse con la vigilancia de insectos y con intervenciones selectivas basadas en el riesgo real.
Otros trabajos agrícolas desarrollados en el país, como la identificación de un hongo del suelo contra una plaga migratoria y los estudios sobre prácticas locales para afrontar plagas y sequías en Sudáfrica, refuerzan el interés por estrategias productivas adaptadas a las condiciones ecológicas de cada región.
Los autores concluyen que conservar los hábitats naturales dentro y alrededor de las zonas agrícolas puede beneficiar simultáneamente a la biodiversidad y a la producción de macadamia. En un cultivo de alto valor, reducir la proporción de nueces dañadas representa una ventaja concreta porque protege la calidad que finalmente llega al procesamiento y al mercado.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Agriculture, Ecosystems & Environment


