La contribución aplicada al sacrificio de bovinos de carne cayó a cero desde el 1 de octubre, mientras el programa nacional entra en su fase final para demostrar la ausencia de la enfermedad en el hato
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Nueva Zelanda acaba de alcanzar un nuevo hito en su estrategia para erradicar Mycoplasma bovis: desde el 1 de octubre de 2026, la tasa cobrada por cada bovino de carne enviado a sacrificio para financiar el programa sanitario se redujo a cero. La contribución sobre los sólidos lácteos ya había bajado también a cero desde el 1 de agosto.
La decisión no significa que el programa haya terminado ni que el país haya declarado oficialmente erradicada la enfermedad. OSPRI, organismo responsable de gestionar el plan, explica que las tasas permanecen legalmente establecidas y pueden revisarse cada año, pero las previsiones financieras indican que existen fondos suficientes para continuar las actividades durante el próximo periodo sin recaudar esas contribuciones de los productores.
El cambio llega mientras el programa se encuentra en su última etapa, denominada “confianza de ausencia”, durante la cual Nueva Zelanda mantiene la vigilancia del ganado para reunir evidencia suficiente que permita demostrar que M. bovis ya no circula en el hato nacional.
De 40 centavos por bovino a una tasa de cero
La contribución asociada con los bovinos de carne había sido utilizada para financiar la participación del sector en el programa. OSPRI confirma que desde el 1 de octubre la tasa efectiva es de 0,0 centavos neozelandeses por cabeza sacrificada, aunque el máximo autorizado continúa establecido en 80 centavos por animal.
En el sector lechero, la tasa efectiva es de 0,0 centavos por kilogramo de sólidos lácteos desde el 1 de agosto de 2026. Su máximo permitido permanece fijado en un centavo por kilogramo.
El esquema de financiación distribuye los costos del programa entre el Gobierno y las industrias ganaderas. El Estado cubre el 68 % y el sector productivo el 32 %. Dentro de la participación industrial, los productores lecheros representan el 94 % y los ganaderos de carne el 6 %.
La reducción de las tasas constituye una señal económica del avance alcanzado, pero no elimina las demás obligaciones vinculadas con identificación, trazabilidad o programas sanitarios. OSPRI especifica, por ejemplo, que las tasas correspondientes a NAIT y al programa contra la tuberculosis bovina continúan aplicándose.
La enfermedad fue detectada por primera vez en 2017
Mycoplasma bovis fue identificado por primera vez en Nueva Zelanda en julio de 2017, cuando un veterinario detectó la bacteria en una explotación de South Canterbury. La evidencia recopilada posteriormente indicó que la infección encontrada en el país probablemente procedía de una única introducción ocurrida alrededor de 2015.
El programa de erradicación comenzó formalmente en 2018 mediante una alianza entre el Ministerio de Industrias Primarias (MPI), DairyNZ y Beef + Lamb New Zealand. En ese momento, las autoridades concluyeron que era técnicamente posible eliminar el patógeno y optaron por una estrategia nacional en lugar de aceptar su establecimiento permanente.
La experiencia neozelandesa se integra en un contexto internacional donde mantener el estatus sanitario de los rebaños exige vigilancia prolongada. En Colombia, por ejemplo, la vacunación contra la fiebre aftosa alcanzó al 99 % del hato bovino y bufalino durante el primer ciclo de 2026, otra estrategia orientada a proteger la producción y la condición sanitaria nacional.
Una erradicación planteada a diez años
El plan neozelandés fue concebido como un proceso de aproximadamente diez años, desde 2018 hasta 2028. OSPRI lo divide en tres grandes fases: delimitación, ausencia provisional y confianza de ausencia.
Durante la primera etapa se localizaron y eliminaron los casos de infección. La segunda concentró los esfuerzos en la vigilancia de fondo del hato y requirió acumular periodos consecutivos sin detecciones durante las temporadas de partos de primavera y otoño.
La tercera fase mantiene esa vigilancia hasta alcanzar un nivel muy alto de confianza estadística y epidemiológica sobre la eliminación del patógeno. Está previsto que esta etapa se prolongue aproximadamente dos años y concluya con una declaración formal de ausencia.
La vigilancia prolongada después de controlar los focos resulta fundamental en programas de erradicación. Un enfoque comparable puede observarse en el uso de terneros centinela para comprobar la ausencia de circulación de fiebre aftosa, donde el objetivo no consiste únicamente en responder a animales enfermos, sino en generar evidencia sanitaria suficiente sobre una población.
La meta oficial sigue fijada para junio de 2028
El plan nacional mantiene como objetivo alcanzar la erradicación en todo el país para junio de 2028. Durante la fase actual continúa la vigilancia mediante pruebas realizadas sobre la población bovina, incluidas muestras procedentes de leche y mataderos.
La diferencia entre controlar una enfermedad y demostrar su ausencia es determinante. Que no aparezcan nuevos casos conocidos durante un periodo prolongado reduce el riesgo, pero una declaración de erradicación necesita evidencia acumulada mediante sistemas de vigilancia capaces de detectar una eventual infección residual.
Nueva Zelanda conoce bien la importancia económica de mantener estos sistemas. Los programas contra enfermedades bovinas pueden prolongarse durante años, como demuestra también la experiencia internacional con la tuberculosis bovina y los controles necesarios cuando reaparecen focos en explotaciones ganaderas.
OSPRI señala que, una vez completada satisfactoriamente la fase de confianza de ausencia, se emitirá una declaración y Mycoplasma bovis volverá a considerarse una enfermedad exótica para Nueva Zelanda.
Evitar la enfermedad tenía un costo productivo calculado en $1.300 millones
Cuando se diseñó la estrategia de erradicación, las autoridades compararon el costo de eliminar la bacteria con las pérdidas que podía ocasionar su establecimiento permanente. OSPRI señala que permitir su propagación podía generar aproximadamente 1.300 millones de dólares neozelandeses en pérdida de productividad durante los primeros diez años, además de impactos posteriores.
Frente a esa estimación, el costo previsto inicialmente para el programa de erradicación fue de aproximadamente 870 millones de dólares neozelandeses durante una década.
Además del componente económico, M. bovis representa un problema de salud y bienestar animal. El patógeno puede intervenir en cuadros como mastitis, artritis y neumonía en bovinos. La bacteria figura también entre los agentes asociados con enfermedad respiratoria bovina, un problema sanitario en el que intervienen diversos microorganismos y factores de manejo.
La bioseguridad en las explotaciones resulta por ello decisiva incluso cuando disminuye la circulación conocida de un patógeno. Medidas como controlar los movimientos de animales, mantener registros y vigilar signos clínicos forman parte de un enfoque que también se aplica frente a otras amenazas sanitarias emergentes en los rebaños lecheros.
El semen bovino importado permanece bajo vigilancia
La investigación sobre el origen de M. bovis en Nueva Zelanda apunta a que la bacteria encontrada en el país procedía de una única introducción y que el semen bovino importado constituye la ruta considerada más probable, aunque las autoridades reconocen que quizá nunca pueda establecerse con certeza cómo ocurrió.
El MPI continúa realizando pruebas sobre determinados lotes de semen bovino importado que permanecen almacenados en Nueva Zelanda. Las autoridades reforzaron además los requisitos sanitarios para este material reproductivo.
Desde el 1 de octubre de 2025, todo el semen bovino importado debe someterse a pruebas PCR para Mycoplasma bovis, independientemente del tratamiento antibiótico aplicado. La medida se adoptó después de que nueva investigación indicara que un protocolo utilizado anteriormente podía inactivar la bacteria sin destruirla de manera fiable.
Este componente preventivo es importante porque una erradicación nacional pierde valor si permanece abierta una vía de reintroducción. La vigilancia de movimientos, material reproductivo y animales forma parte de la misma lógica sanitaria que sustenta los controles frente a otras enfermedades capaces de afectar la producción ganadera.
El programa continúa aunque los productores dejen de pagar la tasa
La reducción a cero de las contribuciones no debe interpretarse como el cierre anticipado de la estrategia. El programa continuará realizando vigilancia y pruebas mientras reúne la evidencia necesaria para respaldar una declaración de ausencia.
La estructura administrativa también ha evolucionado. Las operaciones cotidianas de control de la enfermedad pasaron del MPI a OSPRI a finales de 2023 y, desde comienzos de 2025, el programa funciona mediante un Plan Nacional de Manejo de Plagas, marco utilizado igualmente para el control de la tuberculosis bovina.
El proceso neozelandés muestra que la última etapa de una erradicación sanitaria puede ser muy distinta de la respuesta inicial a un brote. Cuando desaparecen los focos conocidos, el trabajo se desplaza hacia pruebas, trazabilidad, vigilancia y acumulación de evidencia. La experiencia de nuevos métodos destinados a mejorar la detección de enfermedades bovinas refleja precisamente la importancia de identificar infecciones con suficiente sensibilidad antes de considerar seguro un territorio o un rebaño.
Con las tasas de los sectores lácteo y de carne ahora en cero, el indicador económico cambia, pero el objetivo sanitario permanece intacto: sostener la vigilancia hasta demostrar con un alto grado de confianza que Mycoplasma bovis ya no está presente en el ganado de Nueva Zelanda.
Fuentes referenciales:
Ministry for Primary Industries de Nueva Zelanda
OSPRI – Mycoplasma bovis Programme
OSPRI – Levies paid by farmers


