Fertilizar AC advierte que los perfiles con agua y la genética de alto rendimiento no serán suficientes si persisten las deficiencias de nitrógeno, fósforo, azufre y zinc
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El maíz argentino inicia la nueva campaña con mejores reservas de agua en numerosas regiones productivas y materiales genéticos capaces de alcanzar rendimientos elevados. Sin embargo, Fertilizar Asociación Civil advirtió que ese potencial podría quedar limitado si los productores no diagnostican el estado del suelo y ajustan la nutrición del cultivo.
Las lluvias de los últimos meses permitieron recargar buena parte de los perfiles, mientras que la perspectiva de un evento de El Niño refuerza las expectativas de disponibilidad hídrica. A este panorama se suma una expansión sostenida del cereal, analizada también en el proceso por el cual el maíz ganó superficie frente a la soja en Argentina durante la última década.
La campaña mantiene, no obstante, una incógnita sanitaria: la evolución de la chicharrita del maíz, vector de enfermedades que durante la crisis reciente contribuyó a una reducción de alrededor del 40% en la producción nacional. Su presencia obliga a vigilar los lotes, pero la organización sostiene que la nutrición también debe ocupar un lugar central en la planificación.
El suelo puede imponer un techo al rendimiento
María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar AC, explicó que la disponibilidad de agua y la genética necesitan estar acompañadas por una nutrición suficiente. Si el suelo no puede suministrar los nutrientes requeridos y la fertilización no cubre la diferencia, el cultivo no logra expresar su potencial.
El problema se relaciona con un balance persistentemente negativo. De acuerdo con la entidad, en la última campaña se repuso menos del 40% de los principales nutrientes retirados del suelo con los granos cosechados. Las deficiencias acumuladas comprenden nitrógeno, fósforo, azufre y zinc.
La extracción superior a la reposición no solo afecta la cosecha inmediata. Cada campaña reduce una parte de las reservas disponibles y puede comprometer la capacidad productiva de los lotes a largo plazo. Por eso, la estrategia debe considerar simultáneamente el rendimiento esperado y la conservación de la fertilidad.
La organización estima que Argentina cosecha cerca de un 30% menos maíz que el potencial alcanzable. Esta brecha no se explica mediante una sola causa, pero la disponibilidad insuficiente de nutrientes constituye uno de los factores que limitan la respuesta de los híbridos y el aprovechamiento de las condiciones ambientales.
Un maíz de alto rendimiento aumenta la demanda nutricional
Un cultivo proyectado para producir 120 quintales por hectárea requiere aproximadamente 260 kilogramos de nitrógeno y 48 kilogramos de fósforo, además de otros elementos esenciales, según las referencias presentadas por Fertilizar AC. El suelo puede suministrar una parte de esa demanda, mientras que el resto debe cubrirse mediante una estrategia de fertilización basada en diagnóstico.
El cálculo no consiste en aplicar automáticamente esas cantidades como fertilizante. Para formular una recomendación se deben descontar los nutrientes que ya están disponibles, estimar los aportes derivados de la mineralización y considerar la eficiencia con la que el cultivo puede aprovechar cada fuente.
La necesidad de equilibrar los distintos elementos coincide con experiencias internacionales de fertilización balanceada en maíz y arroz, donde la respuesta productiva depende de corregir el nutriente limitante y no únicamente de incrementar la dosis total aplicada.
También debe evitarse el extremo contrario. El uso excesivo o desequilibrado de insumos puede elevar los costos, aumentar las pérdidas hacia el ambiente y afectar comunidades biológicas importantes, como advierten investigaciones sobre cómo el exceso de fertilizantes debilita microorganismos del suelo.
La nutrición permite aprovechar mejor cada milímetro
La disponibilidad de agua no garantiza por sí sola una cosecha elevada. Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC, señaló que agua y nutrientes deben gestionarse conjuntamente porque una planta bien nutrida dispone de mejores herramientas fisiológicas para transformar la humedad almacenada en biomasa y grano.
Los ensayos de largo plazo de la Red de Estrategias de Fertilizar mostraron aumentos de entre 22% y 44% en la eficiencia de uso del agua cuando el maíz recibió una nutrición adecuada. En las pruebas, la producción pasó de menos de 12 kilogramos de grano por milímetro de agua a cerca de 17 kilogramos.
Con una disponibilidad de 500 milímetros durante el ciclo, esa diferencia puede representar alrededor de 2.500 kilogramos adicionales de maíz por hectárea. La cifra ilustra por qué un perfil recargado aumenta, en vez de reducir, la importancia de ajustar el suministro nutricional.
El agua almacenada, la fecha de implantación, la densidad, el híbrido, la sanidad y la nutrición deben evaluarse como componentes de una misma decisión. Este enfoque integral forma parte de las recomendaciones para planificar el cultivo de maíz y reducir riesgos productivos antes de la siembra.
Solo una cuarta parte de la superficie se analiza cada año
El análisis de suelo es la herramienta inicial recomendada para conocer cuánto pueden aportar los lotes y calcular la cantidad que deberá incorporarse. Una encuesta de Fertilizar AC encontró que apenas el 26% de la superficie relevada se muestrea anualmente.
Otro 17% se analiza con muy baja frecuencia y un 9% nunca se somete a este diagnóstico. La adopción también cambia según el nutriente: el 30% realiza todos los años determinaciones de nitrógeno, mientras que la proporción cae al 23% en el caso del fósforo.
Las diferencias regionales son pronunciadas. En las zonas sudeste y oeste, el 44% de los productores declaró realizar muestreos anuales. En el norte, esa proporción se reduce al 15% y un 26% aseguró que nunca analiza sus suelos.
Para diseñar la nutrición del maíz, la entidad aconseja determinar fósforo extractable, zinc y azufre de sulfatos en los primeros 20 centímetros. En el caso de los nitratos disponibles antes de la siembra, la medición debería extenderse hasta los 60 centímetros de profundidad.
La chicharrita mantiene abierta la alerta sanitaria
La recuperación productiva también dependerá del comportamiento de la chicharrita y de las enfermedades que transmite. Aunque los perfiles hídricos y la nutrición sean favorables, una presión sanitaria elevada puede recortar el rendimiento, especialmente cuando no existe monitoreo oportuno.
La situación exige observar la presencia del insecto, los antecedentes regionales, las fechas de siembra y el estado de los cultivos voluntarios que pueden funcionar como puente entre campañas. El seguimiento realizado durante otros ciclos mostró que la población de chicharrita puede aumentar mientras el maíz atraviesa sus etapas críticas, por lo que las decisiones deben basarse en información local y actualizada.
Fertilizar AC sostiene que el escenario favorable no debería conducir a relajar el manejo. Por el contrario, la presencia de agua y genética de alto potencial vuelve más costoso desaprovechar la campaña por deficiencias que pueden identificarse antes de la siembra.
El análisis del suelo, la estimación realista del rendimiento y la reposición equilibrada ofrecen una base para convertir las reservas hídricas en grano sin deteriorar la fertilidad futura. La recomendación central es diagnosticar primero y definir después las fuentes, dosis, momentos y formas de aplicación.
Fuentes referenciales:
Bichos de Campo
Fertilizar Asociación Civil


