El cereal sumó casi 18 millones de toneladas en una década, mientras crecieron el doble cultivo y la participación de otros granos
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
La estructura agrícola de Argentina experimentó una transformación considerable entre las campañas 2014/15 y 2024/25. Durante ese periodo, la producción de maíz aumentó un 53%, al pasar de 34 a 52 millones de toneladas, y ocupó parte del espacio que perdió la soja de primera en diferentes regiones productoras.
El cereal incorporó casi 18 millones de toneladas en diez campañas, más que cualquier otro de los principales cultivos del país. En contraste, la producción de soja de primera disminuyó un 27%, desde 51 hasta 37 millones de toneladas, según un análisis de la Bolsa de Comercio de Rosario citado por LA NACION.
La recomposición no significó una contracción general de la agricultura. La producción conjunta de los seis cultivos examinados pasó de 118 a 135 millones de toneladas, un crecimiento aproximado del 14%. El resultado fue una matriz con mayor participación de cereales, oleaginosas alternativas y esquemas de doble cultivo.
El maíz lideró el aumento de la producción argentina
El avance del maíz se concentró especialmente en el centro y el sur de Córdoba. Marcos Juárez incrementó su producción en 1,3 millones de toneladas; General Roca sumó 1,2 millones; Río Cuarto, 1,1 millones; Unión, 930.000 toneladas; Presidente Roque Sáenz Peña, 738.000, y Juárez Celman, 501.000 toneladas.
El cereal también se expandió en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Trenque Lauquen añadió 548.000 toneladas, Rivadavia incorporó 468.000 y Coronel Suárez registró un aumento de 420.000 toneladas al comparar los extremos del periodo estudiado.
El crecimiento de la oferta fortaleció la posición exportadora del país. Durante agosto de 2026, Argentina duplicó sus exportaciones mensuales de maíz, con embarques que superaron ampliamente los registrados en julio.
El dinamismo comercial ya se había reflejado en las declaraciones de ventas al exterior. El volumen registrado durante agosto llevó al mercado a señalar un ritmo récord de ventas externas de maíz, favorecido por la disponibilidad de grano y la demanda internacional.
La soja de primera perdió 14 millones de toneladas
La caída de la soja de primera fue particularmente visible en zonas donde la oleaginosa había ocupado una posición dominante una década atrás. Su producción nacional se redujo en unos 14 millones de toneladas entre las dos campañas consideradas.
En Córdoba, el departamento Unión perdió 928.000 toneladas; Marcos Juárez, 716.000; Río Cuarto, 707.000, y Presidente Roque Sáenz Peña, 343.000. También se registraron descensos importantes en General López, provincia de Santa Fe, y en Pergamino, al norte de Buenos Aires.
Parte de la reducción respondió al reemplazo de lotes de soja de primera por maíz, pero también al crecimiento de sistemas que combinan un cultivo invernal con una oleaginosa sembrada posteriormente. Esta reorganización permite realizar dos cosechas en el mismo terreno dentro de una campaña, aunque su viabilidad depende del agua disponible, las fechas de siembra y las condiciones de cada región.
Las decisiones productivas también están condicionadas por los costos, los precios y las políticas comerciales. El debate sobre las retenciones aplicadas a la soja continúa influyendo en los márgenes esperados y en la comparación económica con otros cultivos.
Trigo y soja de segunda impulsaron el doble cultivo
La pérdida de protagonismo de la soja de primera no implicó la retirada de la oleaginosa de las rotaciones argentinas. La soja de segunda aumentó su producción un 35%, desde 10 hasta 14 millones de toneladas, apoyada por una mayor implantación después de la cosecha de trigo.
El cereal de invierno, por su parte, creció un 33% y pasó de 14 a 18,5 millones de toneladas. La combinación trigo-soja de segunda amplió su presencia en Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y Santiago del Estero.
En territorio bonaerense, el trigo añadió 227.000 toneladas en el partido de 9 de Julio, 213.000 en Pergamino y 146.000 en Bragado. La soja de segunda avanzó en esas áreas y también en Pehuajó, Lobería y otras zonas donde las condiciones permiten completar ambos ciclos productivos.
Desde una perspectiva agronómica, la mayor presencia de cereales dentro de las rotaciones puede incrementar el aporte de residuos vegetales y diversificar el calendario de labores. Sin embargo, el resultado de cada secuencia depende del manejo del suelo, la fertilización, las precipitaciones, la elección de variedades y la oportunidad de las operaciones.
Girasol y cebada lograron los mayores avances relativos
El girasol registró el mayor crecimiento porcentual entre los cultivos analizados. Su producción aumentó un 77%, equivalente a 2,4 millones de toneladas adicionales, con una expansión destacada en Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
La cebada avanzó alrededor de un 65% y concentró buena parte de su crecimiento en el sur bonaerense. Coronel Suárez, Tres Arroyos y Lobería estuvieron entre los partidos con mayores incrementos durante la década.
El sorgo fue la excepción dentro del conjunto. Su producción retrocedió un 7,9%, desde 3,1 hasta 2,9 millones de toneladas. El cultivo perdió superficie frente al maíz en departamentos cordobeses como Río Cuarto, Río Segundo y General Roca.
El sur argentino encabezó la expansión agrícola
La evolución fue diferente según la región. El sur registró el mayor crecimiento de la producción total, con un aumento del 41% y 9,7 millones de toneladas adicionales. En ese territorio, el maíz prácticamente triplicó su volumen al avanzar un 185%.
La cebada creció allí un 82% y la soja de segunda un 86%, mientras la soja de primera perdió aproximadamente dos millones de toneladas. La combinación muestra que el incremento productivo estuvo acompañado por una modificación profunda de los cultivos elegidos.
En la Región Centro, la producción total avanzó un 8%. Dentro de ese resultado, la soja de primera cayó un 28%, mientras el maíz aumentó un 44%, el trigo un 55% y la soja de segunda un 21%.
La Región Norte fue la única que presentó una reducción del volumen agregado, estimada en un 3%. Tanto el maíz como la soja de primera retrocedieron al comparar las campañas 2014/15 y 2024/25, confirmando que el cambio productivo no tuvo la misma intensidad ni dirección en todo el territorio.
Políticas comerciales y maíz tardío modificaron el escenario
La Bolsa de Comercio de Rosario relacionó la transformación con cambios regulatorios, tecnológicos y agronómicos. Entre los antecedentes mencionó la eliminación de los registros de operaciones de exportación conocidos como ROE Verde en diciembre de 2015.
En mayo de 2024 también fueron eliminados los denominados volúmenes de equilibrio para trigo y maíz. Estas modificaciones redujeron restricciones cuantitativas que habían condicionado la comercialización de los cereales.
Otro factor relevante fue la creciente adopción del maíz tardío, sembrado después de la ventana temprana tradicional. Esta alternativa permitió distribuir riesgos climáticos, ampliar el cultivo hacia nuevas zonas y ajustar el momento de floración a la disponibilidad de agua, aunque también incorporó desafíos sanitarios y logísticos.
Las perspectivas recientes mantienen al cereal como uno de los principales motores del agro argentino. Las estimaciones para la campaña en curso incluso han planteado una posible cosecha récord de maíz en Argentina, con una oferta exportable capaz de fortalecer la participación del país en el comercio mundial.
El balance de la década revela una agricultura más diversificada y menos concentrada en la soja de primera. El maíz lideró el aumento absoluto, mientras el trigo y la soja de segunda consolidaron el doble cultivo y el girasol y la cebada ganaron participación desde escalas productivas menores.
Fuente referencial:
LA NACION


