Un análisis del mercado sostiene que la carga aplicada durante décadas redujo los incentivos para producir y favoreció indirectamente el crecimiento de Brasil y Estados Unidos
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
El impacto de los derechos de exportación sobre la producción de soja volvió al centro del debate agropecuario en Argentina. Enrique Erize, presidente de la consultora Nóvitas SA, planteó que la carga tributaria aplicada al cultivo durante décadas limitó la expansión productiva local y favoreció indirectamente a Brasil y Estados Unidos, los otros dos grandes proveedores mundiales de la oleaginosa.
El planteamiento fue publicado el 1 de agosto de 2026 y se incorpora a una discusión más amplia entre productores, entidades rurales y el Gobierno argentino. Mientras una parte del sector reclama acelerar la eliminación de los derechos de exportación, las autoridades han vinculado cualquier modificación adicional con la necesidad de preservar el equilibrio fiscal.
La discusión se produce después de los cambios recientes en la política tributaria del sector. El nuevo cronograma argentino de reducción de retenciones contempla rebajas escalonadas para granos y subproductos, aunque el complejo sojero continúa enfrentando una carga superior a la aplicada a otros cultivos.
Tres productores dominan la oferta mundial de soja
Erize fundamentó su análisis en la concentración de la producción exportable. Según las cifras presentadas, Brasil produce alrededor de 180 millones de toneladas de soja, Estados Unidos unas 120 millones y Argentina cerca de 50 millones. Los tres países ocupan posiciones determinantes en el abastecimiento mundial, aunque Brasil y Estados Unidos destinan una proporción importante de sus cosechas al consumo y procesamiento interno.
Argentina construyó una posición destacada en los mercados de harina y aceite de soja gracias a la capacidad instalada de su industria aceitera. Sin embargo, esa ventaja está sometida a una competencia regional cada vez más fuerte. Durante el primer cuatrimestre de 2026, Brasil superó a Argentina en exportaciones de harina de soja, un movimiento que encendió alertas en el núcleo industrial del Gran Rosario.
La evolución brasileña responde a una combinación de crecimiento de la superficie cultivada, mayores cosechas, inversiones logísticas y una demanda internacional sostenida. El fortalecimiento de sus relaciones comerciales también modificó los flujos globales, como mostró la creciente preferencia de China por la soja procedente de Brasil.
El precio recibido por el productor argentino
El argumento central del análisis es que los derechos de exportación reducen el precio interno que percibe el agricultor. Erize señaló que esa quita fluctuó entre el 5 % y el 35 % anual durante más de cuatro décadas y entre el 15 % y el 40 % en los últimos 20 años, según el período y el esquema tributario vigente.
El especialista comparó además los valores recibidos en los tres principales países productores. De acuerdo con las referencias incluidas en su artículo, un agricultor argentino obtiene aproximadamente 300 dólares por tonelada en el campo, frente a unos 380 dólares en Brasil y más de 400 dólares en Estados Unidos. Esas cifras forman parte de su análisis comparativo y pueden variar según la localización, el momento comercial, los costos logísticos y la calidad de la mercadería.
Una diferencia prolongada en el ingreso disponible puede modificar las decisiones de siembra, fertilización, adopción tecnológica y rotación de cultivos. También reduce el margen para afrontar aumentos en semillas, insumos, transporte y financiamiento, especialmente cuando los precios internacionales atraviesan períodos de debilidad.
La hipótesis de una menor producción argentina
Erize sostiene que, sin derechos de exportación, Argentina habría alcanzado una producción agrícola mayor, generado más divisas y ampliado la actividad económica en las regiones rurales. También plantea que los menores incentivos internos dejaron espacio para que Brasil y Estados Unidos aumentaran su participación en el mercado mundial.
Esta interpretación representa la posición del autor y no una medición definitiva de cuánto habría producido Argentina bajo un régimen tributario diferente. La evolución de la soja también depende del clima, los precios internacionales, el tipo de cambio, el acceso a insumos, la infraestructura, el financiamiento y la competencia con otros cultivos.
Determinar el efecto aislado de los derechos de exportación requeriría comparar escenarios productivos y económicos alternativos. Aun así, la reducción del precio que recibe el agricultor constituye una señal directa para las decisiones de inversión y superficie sembrada, razón por la cual la carga tributaria permanece entre los principales reclamos de la cadena agroindustrial.
Competitividad industrial y mercados internacionales
La discusión no se limita a la cosecha de soja en grano. Argentina cuenta con un complejo de procesamiento capaz de producir harina, aceite y otros derivados destinados a la alimentación animal, el consumo humano y los biocombustibles. La disponibilidad de materia prima y el nivel de utilización de esa infraestructura condicionan su competitividad frente a otras potencias exportadoras.
La pérdida de participación en determinados segmentos coincide con un mercado internacional más disputado. Los precios de referencia, la demanda asiática y las cosechas sudamericanas influyen sobre la comercialización local, como ocurrió cuando las cotizaciones de Chicago impulsaron los valores de la soja argentina durante la cosecha de 2026.
Brasil también enfrenta limitaciones de infraestructura y congestión en corredores de exportación, pero su creciente volumen le permite mantener una presencia dominante. Estados Unidos, por su parte, combina producción agrícola, procesamiento interno, biocombustibles y herramientas de apoyo al sector que influyen sobre la asignación de superficie y la rentabilidad de sus productores.
El equilibrio fiscal frente a los incentivos para producir
El Gobierno argentino considera que los ingresos procedentes de los derechos de exportación forman parte de la estrategia para sostener las cuentas públicas. El sector agropecuario, en cambio, argumenta que una reducción más rápida podría estimular la producción, mejorar la inversión y ampliar en el mediano plazo la base imponible de otros tributos.
Las medidas anunciadas para trigo, cebada, maíz, girasol, sorgo y soja muestran una orientación hacia la reducción gradual. En el caso de los cereales de invierno, Argentina ya dispuso una baja de las alícuotas para trigo y cebada, mientras que la soja quedó incorporada a un sendero posterior de recortes.
La velocidad de ese proceso será decisiva para las próximas campañas. Productores y empresas deberán evaluar los valores internacionales, los costos internos y el calendario tributario antes de definir superficie, tecnología y estrategias comerciales. El debate planteado por Erize vuelve a colocar en primer plano una pregunta de fondo: cuánto deja de producir Argentina cuando el precio recibido por el agricultor se mantiene por debajo del de sus principales competidores.
Fuente referencial:
LA NACION — Análisis de Enrique Erize sobre las retenciones y el mercado mundial de soja

