Investigaciones del INTA muestran que una alimentación insuficiente durante la preñez puede reducir hasta diez kilogramos el peso al destete y afectar el desarrollo muscular, la fertilidad y la salud de las crías.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
La alimentación de una vaca durante la gestación puede influir en la productividad de sus crías mucho después del nacimiento. Investigaciones desarrolladas por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en Argentina, muestran que las restricciones nutricionales de las madres pueden afectar el crecimiento, el desarrollo muscular, la calidad de la carne, la fertilidad y la respuesta sanitaria de los terneros.
Los resultados, difundidos el 26 de octubre de 2026 por el INTA Cuenca del Salado, ponen de relieve un aspecto del manejo ganadero que va más allá de mantener la condición corporal de las vacas y asegurar una gestación exitosa.
El equipo científico estudia cómo la disponibilidad de nutrientes durante diferentes etapas de la preñez puede condicionar el desarrollo fetal y dejar consecuencias que se manifiestan durante la vida productiva del animal.
Este fenómeno, conocido como programación fetal, adquiere especial importancia en los sistemas de cría bovina donde la segunda mitad de la gestación coincide con períodos de menor disponibilidad y calidad de los pastos.
La programación fetal explica efectos que aparecen después del nacimiento
Durante la gestación, el organismo del ternero atraviesa etapas decisivas de formación de órganos, tejidos musculares y estructuras relacionadas con su futuro desempeño productivo.
La cantidad y calidad de los nutrientes que recibe la madre pueden influir sobre estos procesos, incluso cuando las consecuencias no resultan evidentes inmediatamente después del parto.
Sebastián Maresca, especialista de la Estación Experimental Agropecuaria Cuenca del Salado del INTA, explicó que existe suficiente evidencia científica para relacionar la nutrición durante la preñez con efectos posteriores sobre la sanidad, el desarrollo reproductivo y la calidad de la carne.
El concepto amplía el enfoque tradicional de la alimentación de las vacas de cría, que durante mucho tiempo se concentró principalmente en mantener adecuados índices de preñez, parto y destete.
La importancia de una alimentación equilibrada de las madres también ha sido destacada en investigaciones sobre el manejo nutricional de vacas preñadas antes de los períodos de frío intenso, cuando la condición corporal y la disponibilidad de forraje pueden comprometer el desarrollo de las crías.
Terneros hasta diez kilogramos más livianos al destete
Una de las evidencias más concretas procede de ensayos realizados por el INTA en la Chacra Experimental Manantiales, ubicada en Chascomús, provincia de Buenos Aires.
En esas experiencias, los investigadores evaluaron las consecuencias de alimentar a vacas gestantes con una cantidad de nutrientes equivalente al 50 % de sus requerimientos.
Los resultados mostraron que los terneros nacidos de esas madres pesaron aproximadamente dos kilogramos menos al nacimiento que los hijos de vacas alimentadas adecuadamente.
Las diferencias continuaron durante la lactancia. Los animales procedentes de madres con restricciones nutricionales registraron menores ganancias de peso y llegaron al destete con alrededor de diez kilogramos menos.
Estos resultados muestran que una deficiencia alimentaria durante la preñez puede tener efectos acumulativos sobre el crecimiento posterior.
Desde la perspectiva del productor, las diferencias de peso al destete representan un indicador relevante porque condicionan la cantidad de kilogramos obtenidos por cada vaca de cría.
La eficiencia del sistema también depende de otros factores. Investigaciones del INTA sobre la relación entre el tamaño de las vacas, sus necesidades alimentarias y el peso de los terneros han mostrado que obtener crías más pesadas no garantiza por sí solo una mayor eficiencia cuando también aumenta el consumo de forraje de las madres.
La suplementación proteica puede mejorar el crecimiento de las crías
En los sistemas de cría argentinos, las restricciones alimentarias suelen intensificarse durante el invierno, cuando disminuyen tanto la disponibilidad como la calidad nutricional del forraje.
Según explicó Maresca, esta situación coincide frecuentemente con una etapa avanzada de la gestación, cuando el desarrollo fetal adquiere una elevada importancia.
Las investigaciones citadas por el INTA muestran que la suplementación proteica durante el último tercio de la preñez puede mejorar el crecimiento posterior de los terneros.
En los estudios considerados, esta estrategia no modificó significativamente el peso al nacimiento, pero permitió obtener diferencias de entre siete y nueve kilogramos adicionales al destete a favor de los animales cuyas madres recibieron suplementación.
La distinción es importante: una intervención nutricional puede no producir cambios visibles en el momento del parto y, sin embargo, favorecer el desempeño de las crías durante los meses siguientes.
Esto refuerza la necesidad de evaluar los programas alimentarios considerando todo el ciclo de producción y no únicamente los resultados inmediatos.
La conveniencia de suplementar debe determinarse según la condición corporal de las vacas, la calidad de los recursos forrajeros, la etapa de gestación y los costos de alimentación de cada establecimiento.
La alimentación materna influye en el desarrollo muscular y la carne
El efecto de la nutrición durante la preñez también alcanza a características que adquieren importancia cuando los animales llegan a la etapa de producción de carne.
Durante el desarrollo fetal se forman gran parte de las fibras musculares y comienzan a diferenciarse células relacionadas con la acumulación de grasa.
Una disponibilidad insuficiente de nutrientes durante estos procesos puede limitar el desarrollo de los tejidos y afectar características productivas posteriores.
Los trabajos revisados por los especialistas del INTA indican que la suplementación proteica y el acceso a pasturas de mejor calidad durante la gestación pueden favorecer el desarrollo muscular de las crías.
También se han observado mejoras en el rendimiento de la canal y en la terneza de la carne.
Estas observaciones indican que la calidad final del producto bovino no depende exclusivamente de la alimentación suministrada durante la recría y la terminación.
Parte de las condiciones que influyen sobre el desarrollo de los tejidos se establecen antes del nacimiento, por lo que el manejo de la madre constituye una variable que debe considerarse al evaluar el potencial productivo de la descendencia.
Las futuras vaquillonas también pueden sufrir consecuencias reproductivas
La programación fetal adquiere otra dimensión cuando las crías son hembras destinadas a incorporarse posteriormente al rodeo reproductivo.
El INTA señala que el desarrollo de los órganos reproductivos ocurre principalmente durante el primer tercio de la gestación.
Una restricción nutricional en esa etapa puede reducir la reserva folicular ovárica de las futuras vaquillonas, una característica relacionada con su potencial reproductivo.
Por tanto, las consecuencias de la alimentación materna pueden manifestarse años después, cuando esas hembras alcanzan la edad reproductiva.
Sebastián López Valiente, mencionado entre los especialistas que aportaron información a la investigación, señaló que existen evidencias de que la suplementación durante el último tercio de la preñez permite obtener hembras con mayor peso al destete y al inicio del servicio, además de mejorar los índices de preñez.
Los resultados muestran que distintas etapas de la gestación pueden influir en características diferentes de la descendencia.
El primer tercio resulta especialmente relevante para determinados procesos de formación de órganos, mientras que la nutrición de las etapas posteriores puede repercutir sobre el crecimiento y el desempeño de las futuras reproductoras.
Para los establecimientos ganaderos, estas relaciones tienen importancia porque la selección de vaquillonas de reposición comienza mucho antes de que los animales alcancen la edad de servicio.
El calostro y la inmunidad del ternero dependen también de la madre
Las investigaciones del INTA también relacionan el estado nutricional de las vacas gestantes con aspectos de la salud de sus crías.
La alimentación materna puede influir sobre la producción y la calidad del calostro, así como sobre el desarrollo intestinal del ternero recién nacido y su capacidad para absorber anticuerpos.
El calostro constituye una fuente esencial de protección inmunológica durante las primeras horas de vida, por lo que cualquier alteración que comprometa su disponibilidad o aprovechamiento puede aumentar la vulnerabilidad sanitaria.
Especialistas del INTA Cuenca del Salado señalaron que los animales nacidos de vacas sometidas a restricciones nutricionales presentan mayor predisposición a enfermedades respiratorias y digestivas.
La importancia de la inmunidad recibida de la madre también se observa en estrategias sanitarias como la vacunación de vacas gestantes para proteger a los terneros frente a la criptosporidiosis, cuyo efecto depende en parte de la transferencia de anticuerpos mediante el calostro.
En el caso de la nutrición prenatal, los especialistas destacan que sus efectos pueden involucrar tanto la protección inmunológica como el desarrollo fisiológico de las crías.
Las crías de vaquillonas pueden ser más vulnerables al frío
Otro resultado señalado por el INTA se relaciona con la capacidad de los terneros recién nacidos para mantener su temperatura corporal.
Cuando las restricciones alimentarias ocurren en vaquillonas que atraviesan su primera gestación, sus crías pueden presentar una menor capacidad para producir calor inmediatamente después del nacimiento.
Esta condición aumenta su vulnerabilidad frente al estrés por frío, especialmente cuando los partos coinciden con temperaturas ambientales bajas.
La situación es relevante porque las hembras de primer parto todavía pueden encontrarse en crecimiento y deben cubrir simultáneamente sus propias necesidades nutricionales y las del feto.
Una alimentación insuficiente durante esta etapa puede comprometer el equilibrio entre ambos requerimientos.
Los resultados respaldan la importancia de prestar especial atención a las categorías más jóvenes del rodeo, particularmente en establecimientos donde la disponibilidad de pasto disminuye durante el invierno.
El manejo nutricional debe contemplar toda la gestación
En Argentina, una proporción importante de las vacas de cría atraviesa períodos de limitación alimentaria durante el invierno, según la evaluación presentada por el INTA.
En algunos establecimientos, estas restricciones responden a decisiones destinadas a disminuir los costos de alimentación. En otros, son consecuencia de la menor disponibilidad de pasturas.
La investigación plantea que ambas situaciones deben analizarse considerando sus posibles efectos sobre la generación siguiente.
Una reducción de costos durante la preñez podría acompañarse de pérdidas posteriores de productividad si compromete el crecimiento, la sanidad o la capacidad reproductiva de las crías.
Sin embargo, los investigadores reconocen que todavía existen interrogantes sobre los mecanismos biológicos involucrados y sobre el impacto económico de las distintas estrategias nutricionales.
Por esa razón, los resultados no permiten establecer una recomendación universal de suplementación para todos los rodeos.
La decisión debe adaptarse a las condiciones del sistema de producción, los recursos alimentarios disponibles y las necesidades específicas de cada categoría animal.
El INTA continúa estudiando estas relaciones para aportar información que permita mejorar la eficiencia de los sistemas de cría desde las primeras etapas del desarrollo animal.
La productividad del rodeo comienza antes del nacimiento
Los resultados difundidos por el INTA Cuenca del Salado amplían la comprensión del papel que desempeña la nutrición materna en la ganadería bovina.
Los ensayos muestran que una restricción alimentaria importante puede reducir el peso al nacimiento y al destete, mientras que una suplementación adecuada durante determinadas etapas puede favorecer el crecimiento posterior.
Además, la evidencia científica relaciona la nutrición prenatal con el desarrollo muscular, la calidad de la carne, la fertilidad de las futuras hembras y la resistencia sanitaria de los terneros.
Para los productores, el principal aporte consiste en reconocer que las decisiones alimentarias durante la gestación pueden tener consecuencias que se extienden más allá del parto.
La condición corporal de las vacas y la disponibilidad de nutrientes no solamente influyen en el resultado reproductivo inmediato, sino también en el potencial productivo de los animales que integrarán la siguiente generación del rodeo.
Fuente referencial:
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) — La nutrición de la vaca puede definir el futuro productivo del ternero, 26 de octubre de 2026


