Un estudio en 18 pastizales de Países Bajos identificó 16 compuestos volátiles asociados con distintas formas de manejo agrícola.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
El olor del suelo puede ofrecer pistas medibles sobre los microorganismos que viven en él. La ecóloga Rosa Boone, de la Universidad Radboud, analizó muestras tomadas en 18 pastizales agrícolas cerca de Nimega, en Países Bajos, y encontró compuestos volátiles que variaban con la intensidad del manejo. El resultado abre una posibilidad para seguir los cambios biológicos del terreno mediante el análisis de las sustancias que libera.
Los agricultores han prestado atención al olor de la tierra durante mucho tiempo, pero la investigación buscó convertir esa observación en datos de laboratorio. Hongos y bacterias participan en procesos esenciales del suelo y generan parte de los compuestos responsables de su olor. Su actividad interesa a quienes intentan evaluar cómo responden las comunidades microbianas a las prácticas agrícolas, un tema abordado también en estudios sobre indicadores biológicos de la salud del suelo.
Cómo se capturó el olor de los pastizales
Boone instaló tubos para recoger compuestos procedentes del suelo en pastizales con distintos grados de intensidad de manejo. Algunos recibían más fertilizante mineral; otros se gestionaban de forma más extensiva. Las muestras capturadas se analizaron después en el laboratorio y se compararon con información sobre las comunidades de hongos y bacterias y las características del suelo.
El estudio científico, publicado en 2025 en Soil Biology and Biochemistry y presentado nuevamente por la Universidad Radboud en septiembre de 2026, identificó 75 compuestos orgánicos volátiles microbianos. Dieciséis variaban de manera significativa a lo largo del gradiente de manejo: nueve aumentaban cuando este se hacía más extensivo y siete disminuían.
Los perfiles de olor diferían entre los pastizales convencionales, extensivos y seminaturales. En las muestras estudiadas, la composición de las comunidades de hongos mostró diferencias entre tipos de manejo, mientras que no se observaron diferencias equivalentes en la composición bacteriana. Esto ayuda a precisar qué información aportan los compuestos detectados: son señales relacionadas con cambios microbianos, no una medida única y definitiva de la calidad del suelo.
Una posible herramienta para seguir los cambios del suelo
Los investigadores destacaron la sensibilidad de ciertos aldehídos, compuestos asociados en gran medida con la actividad de los hongos, frente a las diferencias de manejo. Si esas relaciones pueden confirmarse y aprovecharse fuera del laboratorio, el análisis del olor podría contribuir al desarrollo de una «nariz electrónica» para observar la evolución de la vida del suelo.
La herramienta todavía no está disponible para uso rutinario en las fincas. Además, el trabajo se realizó en pastizales: sus resultados no permiten trasladar directamente los mismos indicadores a cualquier cultivo o tipo de terreno. La interpretación debe considerar que la salud del suelo depende de varios factores, entre ellos sus propiedades físicas y químicas y la actividad de sus organismos.
Para la producción agropecuaria, el interés está en disponer de formas prácticas de seguir lo que ocurre bajo la superficie cuando cambian la fertilización, la diversidad vegetal u otras decisiones de manejo. Investigaciones sobre la relación entre fertilización y microorganismos del suelo muestran por qué esas comunidades merecen atención. El trabajo de Boone aporta una vía de medición prometedora, cuya utilidad en campo aún necesita más desarrollo y validación.
Fuentes referenciales:
Universidad Radboud: investigación sobre el olor y la salud del suelo
Estudio original en Soil Biology and Biochemistry


