Una revisión liderada por Griffith University advierte que este recurso agrícola tiene potencial, pero aún exige controlar riesgos microbianos, virus, fármacos residuales y normas de seguridad antes de aplicarse a gran escala.

Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
La orina humana vuelve a aparecer en el debate agrícola internacional como un recurso con valor productivo, no como un simple residuo. Una revisión científica liderada por Griffith University, en Australia, plantea que los fertilizantes derivados de orina pueden aportar una vía prometedora para reducir la dependencia de insumos sintéticos, recuperar nutrientes y avanzar hacia modelos de agricultura circular. Sin embargo, el mismo trabajo advierte que su adopción amplia todavía depende de resolver riesgos sanitarios y vacíos de conocimiento.
El análisis fue desarrollado por un equipo multidisciplinario de Griffith University y revisó 35 estudios globales centrados en los riesgos microbianos asociados con los fertilizantes derivados de orina, conocidos como UDF por sus siglas en inglés. Los resultados fueron publicados en la revista Water Reuse, en un contexto en el que la presión sobre los sistemas alimentarios, los costos de los fertilizantes y la gestión del agua obligan a buscar soluciones más eficientes.
Un recurso rico en nitrógeno y fósforo
Uno de los datos centrales del estudio es que la orina puede contener hasta el 80% del nitrógeno y el 50% del fósforo presentes en las aguas residuales. Estos nutrientes son esenciales para la producción agrícola y forman parte de la base de muchos programas de fertilización. Por eso, recuperar este flujo antes de que se diluya en los sistemas de saneamiento podría convertir un residuo cotidiano en un insumo útil para cultivos, jardines, espacios públicos o comunidades sin conexión plena a redes convencionales.
La propuesta no es completamente nueva. Tecnologías de recuperación de nutrientes desde la orina ya han sido probadas en Australia y en países como Suiza, Alemania y Nueva Zelanda. Uno de los ejemplos mencionados es el proyecto VUNA, orientado a recuperar nutrientes de la orina en África mediante sistemas de saneamiento mejorados. De ese proceso surgió Aurin, un fertilizante aprobado oficialmente en Suiza, aunque su expansión enfrentó obstáculos vinculados con escala, recolección, aceptación social y conocimiento comunitario.
La revisión se suma a una línea de investigación que ya ha explorado cómo transformar la orina humana en fertilizante mediante tecnologías de bajo consumo energético. El interés agrícola está en que estos sistemas podrían ayudar a cerrar ciclos de nutrientes, reducir pérdidas y disminuir parte de la presión sobre fertilizantes industriales intensivos en energía.
El riesgo principal no está en la orina pura
La investigadora doctoral Johanna Engels explicó que el mayor riesgo no proviene de la orina en sí, sino de la contaminación con materia fecal durante la recolección y el almacenamiento. Esa contaminación cruzada puede introducir patógenos capaces de causar enfermedades gastrointestinales. En otras palabras, el desafío no es solo agronómico, sino también sanitario, operativo y de infraestructura.
El almacenamiento de la orina puede reducir muchos patógenos mediante un proceso natural llamado hidrólisis de la urea, que genera amoníaco y ayuda a eliminar microorganismos dañinos. Pero la revisión advierte que su eficacia varía de forma importante según la temperatura, el pH y la dilución con agua. Esa variabilidad complica el control en condiciones reales de campo, donde los sistemas no siempre son uniformes ni fáciles de monitorear.
Los autores también señalan una preocupación adicional: los virus probablemente están presentes, pero han sido poco estudiados. Algunos podrían persistir más tiempo que las bacterias, lo que significa que las evaluaciones actuales de riesgo podrían estar subestimando impactos potenciales sobre la salud. Para que estos fertilizantes avancen hacia usos más amplios, se necesitan mejores datos sobre niveles de patógenos, métodos de tratamiento y estándares de seguridad.
Fármacos, resistencia antimicrobiana y seguridad ambiental
La profesora Cara Beal, coautora del trabajo, destacó que la revisión también identificó inquietudes emergentes relacionadas con antibióticos y resistencia antimicrobiana. Los residuos farmacéuticos presentes en la orina no siempre se eliminan de manera consistente durante el tratamiento y podrían contribuir a la propagación de bacterias resistentes a los antibióticos.
Aunque algunos estudios sugieren una absorción mínima de estas sustancias por los cultivos, los investigadores advierten que pueden desplazarse a través del suelo y alcanzar sistemas de agua. Este punto es clave para cualquier estrategia de sustitución parcial de fertilizantes sintéticos mediante residuos orgánicos o nutrientes recuperados, porque la seguridad no puede evaluarse únicamente por el rendimiento agrícola.
La investigación plantea que los fertilizantes derivados de orina tienen potencial para apoyar objetivos de economía circular, especialmente al recuperar nutrientes desde flujos de residuos. Pero también insiste en que su uso debe avanzar con prudencia, protocolos claros y evidencia suficiente. No basta con demostrar que la orina contiene nutrientes valiosos; también hay que garantizar que el proceso de recolección, almacenamiento, tratamiento y aplicación sea seguro.
Una oportunidad que aún necesita normas claras
El profesor asociado Md Sayed Iftekhar, líder del nodo Griffith del ARC NiCE Hub, subrayó que recuperar nutrientes desde corrientes residuales podría reducir la dependencia de fertilizantes sintéticos intensivos en energía y ayudar a enfrentar escasez global de recursos. Esa visión coincide con otras investigaciones sobre fertilizantes a partir de residuos locales, donde el objetivo es disminuir vulnerabilidades en las cadenas de suministro y aprovechar materiales disponibles cerca de los sistemas productivos.
Sin embargo, los autores remarcan que todavía se requieren datos más sólidos sobre patógenos, mejores tratamientos y directrices estandarizadas de seguridad. La confianza pública también aparece como un factor decisivo. Sin aceptación social, controles sanitarios verificables y reglas claras, la conversión de orina humana en fertilizante seguirá siendo una alternativa prometedora, pero limitada a proyectos piloto o usos controlados.
La revisión no presenta la orina humana como una solución inmediata ni universal, sino como un recurso con alto valor potencial dentro de sistemas agrícolas más circulares. Su futuro dependerá de que la investigación logre cerrar las brechas sanitarias, ambientales y regulatorias que todavía impiden llevar esta práctica a una escala mayor.
Fuente(s) referenciales
Phys.org. Liquid gold: The potential and risks of turning human urine into sustainable fertilizer.
