Un ensayo de Wageningen en Países Bajos comprobó que la recolección separada y la inyección bajo tierra permiten aprovechar el nitrógeno del residuo ganadero
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Un experimento realizado en Lelystad, Países Bajos, demostró que la orina de terneros puede alcanzar en el cultivo de maíz una eficacia comparable a la de los fertilizantes nitrogenados minerales cuando se recoge sin mezclarla con las heces y se inyecta bajo la superficie del suelo. La investigación estuvo dirigida por Wageningen University & Research (WUR), por encargo del Ministerio de Agricultura, Pesca, Seguridad Alimentaria y Naturaleza neerlandés.
El ensayo formó parte del proyecto “Beter stal, beter mest, beter oogst”, cuyo nombre puede traducirse como “Mejor establo, mejor estiércol, mejor cosecha”. La iniciativa busca conectar la ganadería con la producción vegetal mediante la recuperación de nutrientes que normalmente se pierden durante el manejo de las deyecciones animales.
El resultado no significa que la orina pueda sustituir automáticamente a los fertilizantes comerciales en cualquier explotación. La equivalencia observada dependió de una combinación concreta: separación inmediata del residuo líquido, conservación de su nitrógeno y aplicación localizada junto a las raíces del maíz, con cierre completo del surco para impedir el contacto con el aire.
La separación evita que el nitrógeno escape del establo
Los investigadores recolectaron la orina de terneros de engorde mediante un suelo construido con placas plásticas perforadas. La textura y la inclinación de la superficie permitían conducir el líquido hacia depósitos cerrados antes de que se mezclara con el estiércol sólido.
Este paso fue decisivo porque las heces contienen ureasa, una enzima que acelera la transformación de la urea presente en la orina. Cuando ambos residuos se mezclan en el suelo de un establo convencional, parte del nitrógeno puede convertirse en amoníaco y volatilizarse, reduciendo el valor fertilizante del material y aumentando las emisiones hacia la atmósfera.
El proyecto evaluó además opciones como la ósmosis inversa y la extracción de amoníaco para concentrar el nitrógeno. El objetivo técnico era obtener un fertilizante orgánico líquido cuya fracción nitrogenada estuviera compuesta en al menos un 90 % por nitrógeno mineral disponible. Este enfoque se relaciona con otras investigaciones destinadas a impulsar una agricultura circular basada en la separación de nutrientes del estiércol.
La aplicación superficial redujo la eficiencia
La primera parte del ensayo reveló una limitación importante. Cuando el producto recuperado se distribuyó sobre la superficie del terreno, su eficiencia nitrogenada quedó entre el 51 % y el 77 % de la obtenida con fertilizantes sintéticos. La exposición al aire favoreció la volatilización del amoníaco antes de que el cultivo pudiera absorber una parte del nutriente.
Los científicos cambiaron entonces el sistema de aplicación para el maíz destinado a ensilaje. En lugar de pulverizar el líquido, lo inyectaron dentro del suelo en líneas paralelas a las hileras del cultivo. Los puntos de aplicación se cubrieron inmediatamente con tierra, reduciendo el intercambio con la atmósfera y colocando el nitrógeno cerca de la zona radicular.
Con este manejo, la respuesta del maíz resultó comparable a la conseguida mediante fertilizantes químicos de arranque colocados en la línea de siembra. El hallazgo refuerza la importancia del método y el momento de aplicación: disponer de un residuo rico en nutrientes no garantiza por sí solo que el cultivo pueda aprovecharlo.
Inyectar el fertilizante protege su valor agronómico
La inyección subsuperficial limita las pérdidas inmediatas de amoníaco y mejora la posibilidad de que el nitrógeno permanezca en el suelo hasta ser absorbido por las plantas. Ensayos anteriores también han mostrado que inyectar estiércol líquido puede beneficiar al maíz y reducir determinadas pérdidas contaminantes, aunque el balance ambiental depende de las condiciones del suelo, la dosis y el momento de aplicación.
La conservación del amoníaco no elimina todos los riesgos. El nitrógeno retenido puede perderse posteriormente por lixiviación o transformarse en óxido nitroso si se aplican cantidades superiores a las necesidades del cultivo o si las condiciones del terreno favorecen esos procesos. Por ello, la técnica requiere análisis del producto, cálculo de dosis y seguimiento agronómico.
La experiencia también coincide con estudios que señalan que los purines pueden emplearse como fertilizantes bajo control técnico. La composición del residuo, el tipo de suelo, la etapa del cultivo y la proximidad de masas de agua deben considerarse antes de definir un programa de fertilización.
Menos compras de fertilizante y mayor circularidad
Para las explotaciones mixtas, la recuperación de nitrógeno puede reducir parcialmente la dependencia de nitrato amónico, urea y otros insumos industriales. El beneficio económico potencial, sin embargo, debe compararse con la inversión necesaria en pisos separadores, depósitos herméticos, sistemas de tratamiento y equipos capaces de realizar una inyección precisa.
El ensayo neerlandés ofrece una ruta para convertir un subproducto ganadero en insumo agrícola dentro de la misma cadena productiva. En Europa ya se estudian fertilizantes derivados del estiércol y otras fracciones recuperadas, pero su utilización continúa condicionada por los requisitos ambientales, sanitarios y de gestión de nutrientes aplicables en cada territorio.
Los resultados tampoco autorizan a trasladar directamente la experiencia a todas las especies animales, cultivos o sistemas de producción. La prueba se realizó con orina separada de terneros y con maíz para ensilaje en campos experimentales de Lelystad. Su adopción comercial requerirá ajustar la concentración, la dosis, la profundidad de inyección y los costos operativos a las condiciones de cada explotación.
La principal enseñanza agronómica es que el valor del residuo no depende únicamente de cuánto nitrógeno contiene, sino de cuánto consigue conservarse y llegar efectivamente a las raíces. La recolección separada evita pérdidas tempranas, mientras que la incorporación cerrada al suelo protege el nutriente durante la fase crítica de aplicación.
Fuente referencial:
AgroXXI

