Alimentación animal

Ensayo revela cuándo el pasto bermuda pierde calidad para el ganado

Publicado el 05/11/2026 ·

Investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte evaluaron cuatro variedades de pasto bermuda en siete explotaciones. La fertilización nitrogenada aumentó la cantidad de forraje disponible, pero retrasar su aprovechamiento hasta enero redujo notablemente su valor nutritivo.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

Una investigación desarrollada en explotaciones ganaderas de Carolina del Norte, Estados Unidos, ha identificado una limitación importante en el aprovechamiento del pasto bermuda como reserva alimenticia para el otoño y el invierno. Aunque la fertilización con nitrógeno permitió aumentar considerablemente la cantidad de forraje acumulado, su disponibilidad y calidad nutricional disminuyeron a medida que avanzó la temporada fría.

Los resultados fueron presentados el 29 de octubre de 2026 por el Servicio de Extensión de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, a partir de un estudio realizado en siete establecimientos agrícolas de seis condados del estado.

El experimento examinó cuatro variedades de pasto bermuda y diferentes dosis de fertilizante nitrogenado, con evaluaciones sucesivas entre octubre de 2024 y enero de 2025.

El principal hallazgo fue que la aplicación de nitrógeno incrementó la producción de materia seca, pero no evitó la pérdida progresiva de calidad del alimento. La investigación también mostró que el aprovechamiento tardío puede reducir la cantidad de hojas disponibles, precisamente la fracción que contribuye de manera importante al valor nutritivo del pasto.

Una reserva de alimento para los meses de menor crecimiento

El pasto bermuda, perteneciente a la especie Cynodon dactylon y sus híbridos, se utiliza ampliamente en regiones cálidas para alimentar ganado mediante pastoreo, henificación y otros sistemas de conservación de forrajes.

Su crecimiento activo durante los meses cálidos permite aplicar una estrategia conocida como acumulación diferida de forraje. Consiste en suspender temporalmente el aprovechamiento del pastizal para conservar la vegetación producida al final del verano y utilizarla cuando disminuye el crecimiento de las pasturas.

Esta práctica puede contribuir a reducir la dependencia del heno almacenado y prolongar el período durante el cual los animales obtienen alimento directamente del campo.

Sin embargo, conservar el pasto en pie no garantiza que mantenga indefinidamente sus propiedades nutricionales.

La pérdida de hojas, las heladas y los cambios en la composición del material vegetal pueden disminuir tanto la cantidad de alimento aprovechable como su contenido de nutrientes.

La investigación de Carolina del Norte buscó determinar hasta qué punto la fertilización nitrogenada podía mejorar esta reserva y cómo cambiaban sus características durante el otoño y el invierno.

Cuatro variedades y siete explotaciones agrícolas

Los investigadores trabajaron con las variedades Coastal, Midland 99, Ozark y Tifton 44, cultivadas en siete sitios de seis condados de Carolina del Norte: Johnston, Lee, Onslow, Robeson, Richmond y Wayne.

Dos de los establecimientos participantes estaban ubicados en el condado de Lee.

El período de acumulación comenzó después de realizar cortes del pasto entre el 12 y el 24 de agosto de 2024.

Posteriormente, entre el 29 de agosto y el 3 de septiembre, se aplicaron cuatro tratamientos de fertilización: cero, 40, 80 y 120 libras de nitrógeno por acre.

Las evaluaciones del forraje se efectuaron en cuatro momentos: mediados de octubre, mediados de noviembre, comienzos de diciembre y principios de enero.

En cada evaluación se analizaron la cantidad de materia seca disponible, la proporción entre hojas y tallos, el contenido de proteína bruta, el valor energético estimado y las concentraciones de nitratos.

El diseño permitió comparar tanto el efecto de la fertilización como las consecuencias de retrasar la utilización del pastizal.

El nitrógeno aumentó la producción de forraje

Uno de los resultados más claros fue el incremento de la biomasa disponible cuando se aplicaron mayores cantidades de fertilizante nitrogenado.

En octubre, los tratamientos sin nitrógeno produjeron aproximadamente 1.236 libras de materia seca por acre, mientras que los tratamientos con 120 libras de nitrógeno por acre alcanzaron 2.265 libras.

La diferencia equivale a un aumento aproximado del 83 % en la cantidad de materia seca acumulada.

Este resultado confirma que, bajo las condiciones estudiadas, el nitrógeno favoreció el crecimiento del pasto bermuda durante la etapa final de la temporada cálida.

Sin embargo, los investigadores observaron que la cantidad de forraje disponible disminuyó cuando se retrasó su aprovechamiento hacia los meses más fríos.

La reducción fue especialmente evidente en enero, después de las temperaturas bajo cero registradas a finales de noviembre.

El equipo atribuyó gran parte de la pérdida de materia vegetal al desprendimiento de hojas durante la entrada del pasto en dormancia.

Este comportamiento es importante para la planificación del manejo de pasturas y los períodos de pastoreo, porque una mayor producción inicial no siempre se traduce en una cantidad equivalente de alimento disponible meses después.

La proteína disminuyó conforme avanzó el invierno

La fertilización también produjo cambios en el contenido de proteína bruta del forraje.

Al considerar conjuntamente las fechas de evaluación, los tratamientos sin nitrógeno presentaron una concentración media de proteína bruta del 8,4 %, mientras que la dosis más elevada alcanzó el 10 %.

No obstante, el momento del aprovechamiento tuvo un efecto importante sobre la calidad.

Entre octubre y enero, la proteína bruta del pasto disminuyó del 11,5 % al 7,6 %.

La caída representa una reducción de 3,9 puntos porcentuales, un cambio relevante para la formulación de dietas destinadas al ganado bovino.

El descenso de la proteína puede afectar especialmente a animales en crecimiento, hembras lactantes y otras categorías con mayores necesidades nutricionales.

La situación se relaciona con la importancia de los suplementos proteicos durante el pastoreo de otoño e invierno, cuando el alimento disponible en el campo puede resultar insuficiente para determinadas etapas productivas.

Sin embargo, los investigadores advirtieron que el contenido proteico no debe analizarse aisladamente, porque el suministro de energía también condiciona el aprovechamiento de la dieta.

La energía del pasto cayó de forma considerable

Otro resultado importante fue la disminución de los nutrientes digestibles totales estimados, un indicador utilizado para aproximar el aporte energético del alimento.

Entre octubre y enero, este valor descendió del 49 % al 31,9 %.

La reducción de 17,1 puntos porcentuales muestra que el forraje conservado en pie perdió una parte considerable de su valor alimenticio durante el período evaluado.

La aplicación de nitrógeno no produjo una mejora significativa en este indicador, cuyo promedio fue aproximadamente del 41 % entre los tratamientos.

Por tanto, aunque la fertilización aumentó la cantidad de pasto y su concentración proteica, no consiguió evitar el deterioro del valor energético asociado con el retraso de la cosecha.

Los investigadores señalaron que la proteína disponible podría resultar suficiente para algunas vacas adultas secas, pero otras categorías necesitarían aportes energéticos adicionales, dependiendo de su estado fisiológico y objetivos productivos.

La necesidad de complementar las dietas cobra especial importancia cuando las explotaciones afrontan situaciones de escasez de forraje para el ganado y deben administrar cuidadosamente sus reservas.

El estudio estadounidense aporta datos experimentales para comprender cómo puede cambiar la calidad del alimento antes de que llegue a ser consumido por los animales.

Las heladas modificaron la proporción de hojas y tallos

La investigación también examinó la relación entre las hojas y los tallos presentes en el material vegetal.

Durante octubre, noviembre y diciembre, la proporción entre ambas fracciones se mantuvo aproximadamente en 1,0.

En enero, este indicador descendió hasta 0,6, lo que evidenció una menor presencia relativa de hojas.

El cambio coincidió con la entrada del pasto en dormancia y las pérdidas de material foliar posteriores a las heladas.

Desde el punto de vista ganadero, esta transformación puede reducir el atractivo nutricional del forraje, porque las hojas suelen presentar características diferentes de los tallos en cuanto a composición y digestibilidad.

Los resultados respaldan la conveniencia de utilizar las reservas de pasto bermuda antes de que las condiciones invernales provoquen una pérdida importante de biomasa y calidad.

Sin embargo, la fecha más conveniente dependerá de las condiciones climáticas locales, la disponibilidad de otros alimentos y las necesidades del rebaño.

El estudio también evaluó el riesgo de nitratos

La aplicación de fertilizantes nitrogenados puede elevar las concentraciones de nitratos en determinados cultivos forrajeros.

Por esta razón, el equipo de Carolina del Norte incorporó mediciones de nitrógeno en forma de nitrato en las muestras de pasto.

En octubre, las concentraciones aumentaron con la dosis de fertilizante y oscilaron entre 147 y 459 partes por millón de nitrógeno nítrico.

En todas las muestras evaluadas durante octubre y noviembre, los valores permanecieron por debajo del umbral de referencia de 500 partes por millón utilizado por los investigadores.

Los resultados indicaron un riesgo reducido de acumulación problemática de nitratos bajo las condiciones específicas del ensayo.

Sin embargo, el equipo destacó que este resultado no elimina la necesidad de analizar el forraje en otras circunstancias.

La sequía, las heladas y los factores que limitan el crecimiento vegetal pueden modificar la acumulación de nitratos, especialmente cuando coinciden con aplicaciones de fertilizantes.

Por ello, la interpretación de las concentraciones debe realizarse mediante análisis del alimento y considerando las recomendaciones veterinarias y nutricionales correspondientes.

Una decisión de manejo entre cantidad y calidad

La principal enseñanza del estudio es que la producción de una reserva abundante de pasto no garantiza que conserve su utilidad nutricional durante todo el invierno.

La fertilización nitrogenada permitió incrementar considerablemente la materia seca acumulada al final del verano, pero las pérdidas de hojas y el descenso del valor energético redujeron los beneficios de retrasar su aprovechamiento.

Para los productores, los resultados sugieren que la estrategia de acumulación diferida debe planificarse considerando tres variables: cantidad de forraje, calidad nutricional y momento previsto de utilización.

También es necesario evaluar los costos de fertilización frente al volumen de alimento realmente aprovechable y las posibles necesidades posteriores de suplementación.

La investigación se desarrolló en condiciones concretas del este de Carolina del Norte y sus resultados no constituyen una recomendación universal de dosis de nitrógeno para todas las regiones productoras de pasto bermuda.

Las respuestas pueden variar según el suelo, el clima, la variedad utilizada y el sistema ganadero.

El trabajo fue presentado por Miguel Castillo, especialista de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y resume los resultados de la investigación científica titulada Late-summer nitrogen fertilization rate effects on herbage mass, nutritive value, and fertilizer recovery efficiency of stockpiled bermudagrass.

El estudio ofrece una base experimental para ajustar las decisiones sobre fertilización y aprovechamiento de pasturas, especialmente en explotaciones que buscan prolongar el pastoreo durante los meses de menor crecimiento vegetal.

Fuentes referenciales:
North Carolina State University — Stockpiled Bermudagrass for Grazing Livestock, 29 de octubre de 2026
Estudio científico original — Crop Science