Alimentación animal

Bizkaia teme quedarse sin forraje para el ganado en octubre

Publicado el 04/08/2026 · REDACCION

Los pastos dañados por el calor reducen las reservas para vacas y ovejas, mientras las explotaciones ya registran una menor producción de leche


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.

Los ganaderos de Bizkaia, en el País Vasco español, advierten que las reservas de forraje destinadas a vacas y ovejas podrían agotarse en octubre si persisten el calor y la falta de lluvias. Las altas temperaturas han abrasado pastos que habitualmente sostienen al ganado durante el verano y permiten almacenar alimento para los meses posteriores.

La disminución de hierba disponible obliga a utilizar antes de tiempo el heno y otros alimentos conservados para el otoño y el invierno. Las explotaciones también han comenzado a registrar una reducción en la producción de leche, resultado combinado de una dieta menos abundante, menor calidad del pasto y estrés térmico.

Los pastos de montaña perdieron su capacidad alimentaria

Las zonas de pastoreo de Bizkaia presentan una vegetación seca y con escaso rebrote. Los ganaderos describen daños en áreas de montaña como Anboto, donde el pasto verde propio de la temporada fue sustituido por superficies amarillentas incapaces de aportar el volumen esperado de alimento.

El calor intenso acelera la pérdida de humedad del suelo y frena el crecimiento de gramíneas y leguminosas. Cuando la planta madura o se seca prematuramente, disminuye no solo la cantidad disponible, sino también su valor nutricional y su digestibilidad.

Las vacas y ovejas necesitan consumir suficiente materia seca para mantener su condición corporal y producción. Si el pasto aporta menos nutrientes, los productores deben complementar la dieta con heno, ensilado, cereales o piensos comprados, incrementando los costos diarios de la explotación.

Las reservas de invierno se consumen durante el verano

En un año normal, una parte de los cortes de hierba se conserva para alimentar al ganado cuando disminuye el crecimiento de las praderas. La actual falta de pasto obliga a abrir esas reservas varios meses antes de lo previsto.

El problema no se limita a cuánto alimento queda almacenado. Los primeros cortes de la campaña condicionan el volumen y la calidad del heno disponible, mientras la ausencia de rebrote reduce las posibilidades de realizar siegas posteriores.

Los ganaderos temen que las existencias alcancen únicamente hasta octubre. A partir de entonces tendrían que comprar forraje en otras regiones, reducir el número de animales o buscar ingredientes alternativos, decisiones que dependen del precio, la disponibilidad y las necesidades nutricionales de cada rebaño.

La situación confirma la importancia de decidir correctamente cuándo cosechar la hierba. Proyectos como el sistema que calcula el momento adecuado para cortar pastos buscan equilibrar el volumen obtenido con la calidad nutricional y la capacidad de almacenar reservas.

Vacas y ovejas producen menos leche

La reducción de la leche es una de las primeras señales económicas de la crisis de alimentación. Durante periodos de calor, los animales suelen disminuir el consumo, dedican más energía a regular su temperatura corporal y pueden reducir la actividad de pastoreo en las horas centrales del día.

Cuando a ese estrés se suma una menor disponibilidad de hierba, resulta más difícil cubrir las necesidades de energía y proteína. La respuesta productiva puede reflejarse en menos litros y cambios en componentes como la grasa y la proteína de la leche.

Los sistemas de pastoreo bien manejados pueden sostener la producción y ofrecer otros beneficios. Un estudio sobre el desempeño de vacas en pasturas mixtas mostró la importancia de analizar conjuntamente composición vegetal, productividad y emisiones, aunque ninguna mezcla elimina el riesgo de una sequía prolongada.

La disminución de leche reduce los ingresos precisamente cuando aumentan los gastos en alimento, agua, transporte y manejo. Esa combinación estrecha los márgenes de granjas que ya afrontan costos elevados de energía, sanidad y mantenimiento.

Comprar forraje puede encarecer toda la campaña

Recurrir al mercado externo es una salida inmediata, pero no siempre está garantizada. Cuando el calor y la sequía afectan simultáneamente a varias regiones, aumenta la demanda de heno y ensilado mientras disminuye la oferta disponible.

El precio final también incorpora el transporte de un producto voluminoso. Una explotación debe comparar el valor nutricional de cada partida, su humedad, las pérdidas durante el almacenamiento y el costo por unidad efectiva de energía o proteína.

La escasez puede obligar a reservar el forraje de mayor calidad para animales en lactación, hembras próximas al parto y ejemplares jóvenes. Otros grupos podrían recibir alimentos de mantenimiento, siempre bajo una formulación que evite pérdidas excesivas de peso o problemas digestivos.

Los subproductos agrícolas y agroindustriales pueden sustituir una parte de los ingredientes convencionales cuando su composición y seguridad están verificadas. Sin embargo, no todos sirven como reemplazo directo del forraje fibroso que necesitan los rumiantes para mantener el funcionamiento del rumen.

El ganado necesita más agua durante los episodios cálidos

Las temperaturas elevadas aumentan el consumo de agua de vacas y ovejas. Los bebederos deben mantener un caudal suficiente y permanecer limpios, ya que una restricción hídrica reduce todavía más la ingesta de alimento y la producción de leche.

En el pastoreo de montaña, la disponibilidad depende de fuentes, depósitos y conducciones cuya capacidad puede disminuir durante periodos secos. El traslado frecuente de agua añade trabajo y costos a explotaciones situadas en terrenos de acceso complejo.

Proporcionar sombra, adaptar los horarios de pastoreo y evitar desplazamientos prolongados durante las horas de mayor temperatura puede reducir el estrés. Estas medidas ayudan a los animales, pero no recuperan la biomasa perdida ni sustituyen las reservas consumidas.

La ganadería extensiva depende del equilibrio territorial

La escasez afecta especialmente a sistemas que aprovechan recursos locales y mantienen una estrecha relación entre el tamaño del rebaño y la superficie disponible. Cuando el pasto deja de crecer, esa relación se rompe temporalmente y aumenta la dependencia de alimentos externos.

El debate sobre el pastoreo y las razas autóctonas en España destaca que los animales adaptados al territorio pueden aprovechar mejor determinados recursos. Aun así, ninguna raza queda protegida por completo frente a la falta prolongada de agua y alimento.

La actividad ganadera también contribuye a conservar praderas, controlar vegetación y sostener comunidades rurales. Una reducción forzada de rebaños tendría efectos que superarían la producción de leche y carne, especialmente en zonas donde el abandono favorece la acumulación de biomasa seca.

El ovino ofrece flexibilidad, pero también necesita reservas

Las ovejas pueden aprovechar terrenos y vegetación que no resultan adecuados para otros animales, una ventaja importante en áreas montañosas. Sin embargo, las hembras en lactación también necesitan una dieta suficiente para sostener la producción y conservar su estado corporal.

La gestión del ovino en sistemas extensivos requiere ajustar la carga ganadera, programar la reproducción y reservar alimento para los periodos críticos. Una sequía inesperada puede adelantar esas necesidades y dejar sin margen a explotaciones que planificaron sus existencias bajo condiciones normales.

Si la oferta forrajera continúa disminuyendo, los productores deberán priorizar lotes, revisar calendarios reproductivos y valorar ventas anticipadas. Estas decisiones tienen consecuencias económicas y genéticas porque pueden obligar a desprenderse de animales seleccionados durante años.

Las próximas lluvias determinarán el margen de recuperación

Las precipitaciones podrían favorecer algún rebrote si llegan acompañadas de temperaturas moderadas y el suelo conserva capacidad para responder. Sin embargo, una lluvia puntual no garantiza la recuperación completa de los pastos ni repone el forraje ya consumido.

La respuesta dependerá de la intensidad y distribución de las lluvias, del estado de las raíces y del tiempo disponible antes de que bajen las temperaturas. Incluso con una recuperación parcial, los ganaderos tendrán que reconstruir reservas para atravesar el invierno.

Las explotaciones necesitan revisar inventarios, calcular el consumo diario y estimar cuántas semanas puede sostenerse cada rebaño. Esa planificación permitirá anticipar compras y evitar que la falta de alimento obligue a tomar decisiones urgentes cuando el mercado esté más tensionado.

La alerta de Bizkaia refleja un riesgo inmediato: menos pasto disponible, caída de la producción lechera y reservas que podrían agotarse en octubre. La evolución meteorológica de agosto y septiembre será decisiva para determinar si las granjas recuperan parte de su capacidad alimentaria o entran en el otoño dependiendo de forraje adquirido fuera del territorio.

Fuente referencial:
El Correo



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