La Sociedad Estatal de Pastos subraya el valor de una actividad ganadera ajustada al territorio y advierte que conservar las razas propias puede convertirse en una necesidad estratégica
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
El pastoreo vuelve a ocupar un lugar central en el debate sobre el futuro de la ganadería extensiva en España. La Sociedad Estatal de Pastos ha recalcado el valor de una actividad ganadera ajustada al terreno, vinculada al manejo de los recursos naturales, a la conservación de razas autóctonas y a la permanencia de sistemas productivos adaptados a zonas rurales donde el ganado no solo produce alimentos, sino que también ayuda a mantener paisajes, pastos y equilibrios ecológicos.
La reflexión parte de una idea directa: conservar las razas autóctonas puede dejar de ser un asunto secundario para convertirse en una emergencia nacional. En muchas zonas de España, el pastoreo está asociado a una forma tradicional de ganadería en la que los animales se mueven en sistemas extensivos, aprovechan pastos naturales y mantienen una relación estrecha con el territorio. Ese modelo contrasta con formas de producción más intensivas y menos dependientes del suelo local.
La ganadería basada en pastoreo no funciona igual en todos los territorios. Su valor depende de la adaptación de los animales, de la disponibilidad de pastos, del relieve, del clima y de la capacidad de los productores para sostener una actividad que exige presencia continua en el campo. Por eso, el debate no se limita a producir carne, leche o lana, sino a preservar un conjunto de conocimientos, razas y prácticas que han permitido utilizar espacios agrarios durante generaciones.
Un modelo ganadero ligado al terreno
La Sociedad Estatal de Pastos pone el foco en una ganadería que se ajusta al terreno y no al revés. En este tipo de manejo, el animal aprovecha recursos disponibles en el entorno y contribuye a mantener la vegetación bajo control. Este enfoque se relaciona con sistemas de ganadería extensiva que combinan producción animal, uso de pastos y conservación de paisajes rurales.
El pastoreo cumple una función productiva, pero también una función territorial. En zonas donde la vegetación se acumula sin manejo, la presencia del ganado puede ayudar a reducir carga vegetal, mantener abiertos determinados espacios y favorecer una estructura más diversa del paisaje. La clave está en el equilibrio: un pastoreo mal gestionado puede degradar el suelo, pero un manejo ajustado puede sostener pastizales y evitar el abandono de áreas rurales.
Este enfoque resulta especialmente importante en territorios donde las razas autóctonas han sido seleccionadas durante siglos por su resistencia, rusticidad y capacidad de adaptarse a condiciones locales. No se trata solo de conservar animales por valor histórico, sino de mantener recursos genéticos útiles para sistemas ganaderos que deben enfrentar cambios climáticos, presión económica y reducción de población activa en el campo.
Razas autóctonas y conservación productiva
Las razas autóctonas representan una parte del patrimonio ganadero español. Su conservación está ligada a la diversidad genética, pero también a la continuidad de modelos productivos que dependen de animales capaces de aprovechar pastos difíciles, moverse por terrenos complejos y resistir condiciones ambientales que no siempre encajan con razas más especializadas. En Mundo Agropecuario ya se ha abordado el caso de la oveja merina en España, una raza con fuerte peso histórico y productivo dentro de la ganadería del país.
El valor de estas razas no puede separarse del sistema que las sostiene. Si desaparece el pastoreo, muchas razas pierden el espacio productivo donde tienen sentido. Y si desaparecen las razas adaptadas, el pastoreo tradicional pierde parte de su base biológica. La relación es directa: animales, pastos y territorio forman una misma estructura productiva.
La advertencia sobre una posible emergencia nacional apunta precisamente a esa conexión. La pérdida de razas autóctonas no implica únicamente menos diversidad animal. También puede significar menos capacidad para mantener sistemas extensivos en territorios donde la producción intensiva no resulta adecuada o donde el abandono del campo aumenta la vulnerabilidad del paisaje.
El pastoreo como herramienta ambiental
El pastoreo bien gestionado también se ha relacionado con la conservación de biodiversidad y la prevención de incendios. En determinados ecosistemas, la presencia controlada de animales ayuda a modular la vegetación y a generar mosaicos de hábitat. Esa función aparece en trabajos previos sobre pastoreo inteligente, incendios y biodiversidad, donde el ganado se plantea como un aliado del manejo territorial cuando se aplica con criterios adecuados.
La importancia de los pastos no se limita al alimento del ganado. Los pastizales pueden actuar como espacios de biodiversidad, soporte de actividad económica rural y herramienta de gestión ambiental. Cuando el pastoreo desaparece, muchos de esos territorios cambian su estructura vegetal, pierden usos productivos y quedan más expuestos al abandono.
La Sociedad Estatal de Pastos defiende precisamente esa mirada amplia: el pastoreo no debe entenderse como una práctica atrasada, sino como una actividad que puede responder a problemas actuales si se mantiene con conocimiento técnico, apoyo institucional y reconocimiento social. La cuestión de fondo es cómo sostener a quienes realizan ese trabajo en el territorio.
Ganadería extensiva frente al abandono rural
El futuro del pastoreo también depende de la viabilidad económica de las explotaciones. Las razas autóctonas y los sistemas extensivos suelen enfrentar mayores dificultades de rentabilidad que modelos más intensivos. Requieren superficie, mano de obra, conocimiento del terreno y mercados capaces de valorar productos diferenciados. Sin relevo generacional ni precios adecuados, la conservación de estos sistemas queda debilitada.
La ganadería extensiva puede ofrecer beneficios ambientales y culturales, pero necesita condiciones reales para mantenerse. El reconocimiento del valor del pastoreo debe traducirse en políticas, ayudas, valorización comercial y respaldo técnico. De lo contrario, el discurso sobre la conservación de razas autóctonas queda separado de la realidad económica de los ganaderos.
La preocupación también conecta con el papel de los pastos en sistemas más amplios de sostenibilidad. Investigaciones y experiencias recientes han mostrado que el manejo del ganado puede influir en la biodiversidad, el suelo y la estructura de los ecosistemas. En ese sentido, el pastoreo de ganado y la recuperación de la biodiversidad forman parte de un debate cada vez más presente en la agricultura y la conservación.
Una actividad tradicional con valor estratégico
El mensaje de la Sociedad Estatal de Pastos sitúa el pastoreo en un punto donde coinciden producción, conservación y territorio. La actividad ganadera ajustada al terreno permite aprovechar recursos locales, mantener razas adaptadas y sostener paisajes que dependen de la presencia humana y animal para no transformarse por abandono.
El desafío no está solo en reconocer el valor cultural de estas prácticas, sino en evitar que desaparezcan por falta de rentabilidad, relevo o apoyo. La conservación de las razas autóctonas exige que sigan teniendo una función productiva real. Sin ganaderos que las críen y sin pastos donde puedan desarrollarse, la diversidad ganadera queda reducida a un patrimonio frágil.
La advertencia sobre la emergencia nacional resume una preocupación concreta: España puede perder no solo razas propias, sino también una forma de manejo territorial que ha sostenido durante generaciones parte de su paisaje rural. El valor del pastoreo está precisamente en esa unión entre animales adaptados, productores activos y territorios que necesitan seguir siendo gestionados.
Referencias
