El Rancho Las Damas utiliza pastoreo de ultra-alta densidad para romper la costra superficial, incorporar materia orgánica y favorecer la infiltración del agua en una región árida de México
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Una explotación ganadera del norte de México está utilizando concentraciones elevadas de ganado bovino durante periodos breves para recuperar terrenos degradados del Desierto de Chihuahua. La experiencia se desarrolla en el Rancho Las Damas, donde los animales son desplazados de manera planificada entre numerosos potreros.
El sistema, denominado pastoreo de ultra-alta densidad, no consiste en mantener una gran cantidad de vacas permanentemente sobre una misma parcela. Los animales permanecen concentrados durante poco tiempo en superficies reducidas y después son trasladados, permitiendo que la vegetación y el suelo atraviesen periodos prolongados de recuperación.
La estrategia pretende imitar el movimiento de grandes manadas de herbívoros, que consumen parte de la vegetación, pisan el material vegetal restante y abandonan rápidamente el lugar. En el rancho mexicano, este manejo convirtió al ganado en una herramienta para intervenir físicamente sobre terrenos endurecidos por la erosión.
Las pezuñas actúan como pequeños “tractores biológicos”
En las regiones áridas, la superficie del suelo puede formar una costra compacta que dificulta la entrada del agua y el aire. Cuando llueve, una parte del agua se desplaza sobre el terreno o se evapora antes de alcanzar las capas donde podría ser utilizada por las raíces.
El paso concentrado de los animales rompe parcialmente esa cobertura endurecida. Las pezuñas generan pequeñas irregularidades y depresiones que pueden retener agua, reducir la escorrentía y facilitar la infiltración de las escasas precipitaciones.
El efecto buscado es diferente al pisoteo continuo asociado con el sobrepastoreo. Una presión animal excesiva y prolongada puede destruir la vegetación y agravar la compactación. En este modelo, la densidad elevada se combina con desplazamientos frecuentes y largos periodos sin ganado.
La gestión se relaciona con otros sistemas de ganadería regenerativa y pastoreo planificado, cuyo objetivo es ajustar la carga animal y el tiempo de permanencia para evitar el consumo repetido de las plantas antes de que puedan recuperarse.
Estiércol, orina y vegetación seca regresan al suelo
Mientras las vacas permanecen agrupadas, sus heces y orina quedan distribuidas sobre una superficie limitada. Estos materiales aportan nutrientes y compuestos orgánicos que pueden alimentar a los microorganismos del suelo y contribuir al crecimiento posterior de las plantas.
Los animales también pisan tallos, hojas y pastos secos que no consumen. Parte de este material queda en contacto con la superficie, formando una cobertura que puede protegerla del sol directo, disminuir la evaporación y aportar materia orgánica durante su descomposición.
El pisoteo puede incorporar además semillas presentes en la vegetación o depositadas anteriormente sobre el terreno. Cuando llegan las lluvias y existen condiciones adecuadas, algunas semillas germinan en los espacios donde mejoró el contacto con la humedad.
La incorporación de materia vegetal y residuos animales es un componente habitual de la recuperación de la fertilidad mediante agricultura regenerativa, porque favorece la estructura, la actividad biológica y la capacidad del terreno para conservar agua y nutrientes.
Más de 300 potreros para controlar el movimiento del ganado
La transformación del Rancho Las Damas exigió reorganizar su infraestructura hídrica y dividir el terreno mediante cercas permanentes y temporales. Para 2018, la explotación contaba con más de 300 potreros.
La mayoría de las divisiones permanentes utiliza un solo hilo de alta resistencia, complementado con cercas temporales de alambre de polietileno. Esta configuración permite modificar el tamaño de las parcelas y dirigir con precisión el recorrido de los animales.
El ganado es trasladado dos veces al día. La frecuencia evita que las vacas permanezcan demasiado tiempo en una misma superficie y vuelvan a consumir los brotes jóvenes que comienzan a aparecer.
Después del paso de la manada, cada parcela dispone de un periodo de descanso. La duración debe adaptarse a la lluvia, la estación, la disponibilidad de forraje y la velocidad de recuperación de la vegetación.
El rancho dejó de depender de alimentos suplementarios
Antes de adoptar el manejo regenerativo, las vacas necesitaban alimentación suplementaria entre marzo y julio de cada año. Tras los cambios realizados, el rancho dejó de utilizar alimento adicional y mantuvo únicamente un aporte complementario de minerales de sal marina.
La reducción de suplementos indica que el sistema comenzó a proporcionar una mayor cantidad de forraje aprovechable durante los meses en que anteriormente existía déficit. Este resultado depende de la recuperación de la cobertura vegetal y del manejo de las reservas de pasto.
La disponibilidad de forraje no se obtiene dejando que los animales consuman toda la vegetación presente. Una parte debe permanecer sobre la superficie para proteger el suelo, alimentar su biología y permitir que las plantas mantengan reservas suficientes para volver a crecer.
Este principio también se utiliza en el pastoreo adaptativo aplicado por productores de Kansas, donde el movimiento del ganado entre múltiples potreros busca imitar el desplazamiento de los rebaños naturales y favorecer la biodiversidad del suelo.
Más vacas y menores costes de producción
La experiencia reportó cambios económicos relevantes. Los ingresos netos del Rancho Las Damas aumentaron un 350 %, mientras la explotación llegó a mantener tres veces más vacas y redujo el coste de producción por unidad.
El rancho también necesitó menos mano de obra para operar, pese a que el ganado se mueve dos veces al día. La infraestructura y la organización de las parcelas permitieron simplificar parte del manejo cotidiano.
La inversión acumulada en sistemas de agua y cercado fue de aproximadamente 40 dólares por acre, distribuida durante un periodo de 15 años. El dato muestra que la transformación no ocurrió mediante una intervención inmediata, sino a través de modificaciones graduales.
Los resultados corresponden a las condiciones particulares del Rancho Las Damas y no implican que el mismo desempeño pueda reproducirse automáticamente en cualquier explotación. La efectividad depende de la planificación, la disponibilidad de agua, la vegetación existente, la densidad de animales y el tiempo de descanso de cada parcela.
El manejo debe evitar que la alta densidad se convierta en sobrepastoreo
La concentración de bovinos puede producir beneficios cuando se controla estrictamente, pero también puede ocasionar daños si los animales permanecen durante demasiado tiempo o regresan antes de que las plantas se recuperen.
El sobrepastoreo elimina cobertura, reduce la capacidad fotosintética de las plantas y deja el terreno expuesto a la erosión. El tránsito repetido sobre suelos húmedos también puede cerrar los poros y formar capas compactadas.
Investigaciones realizadas en regiones semiáridas de Brasil advierten que reducir el número de animales no garantiza por sí solo la recuperación del suelo. La restauración exige considerar la cobertura vegetal, el historial de uso, el agua, la topografía y las condiciones ecológicas locales.
Por esta razón, el pastoreo de ultra-alta densidad requiere observación continua. Los productores deben evaluar cuánto forraje se consume, qué cantidad queda sobre el terreno, cómo responde la vegetación y cuánto tiempo necesita cada potrero antes de recibir nuevamente al ganado.
La lluvia sigue siendo el factor decisivo
El ganado puede modificar la superficie, distribuir nutrientes y favorecer el contacto de las semillas con el suelo, pero no sustituye la disponibilidad de agua. En el Desierto de Chihuahua, la recuperación continúa condicionada por lluvias escasas e irregulares.
El objetivo del manejo es aprovechar mejor cada precipitación. Una superficie cubierta, con pequeñas depresiones y mayor materia orgánica, puede retener más humedad que un terreno desnudo y endurecido.
Cuando el agua penetra y permanece durante más tiempo, las raíces pueden desarrollarse y la actividad microbiana aumenta. La vegetación resultante vuelve a cubrir el suelo y aporta nuevos residuos orgánicos, creando un ciclo de recuperación progresiva.
Este proceso puede ser lento y desigual. Algunas áreas responden con rapidez, mientras otras necesitan varios periodos de lluvia, ajustes en la carga animal o medidas adicionales de restauración.
Un proyecto de largo plazo en una región vulnerable
El Desierto de Chihuahua se extiende por el norte de México y el sur de Estados Unidos. Sus ecosistemas están adaptados a la aridez, pero pueden degradarse cuando la pérdida de vegetación, la erosión y un manejo ganadero inadecuado superan su capacidad natural de recuperación.
El proyecto de Las Damas plantea que el ganado no tiene que ser necesariamente excluido para restaurar un terreno. Bajo una planificación precisa, los bovinos pueden utilizarse para movilizar materia vegetal, distribuir fertilidad y modificar la superficie.
La experiencia tampoco presenta a las vacas como una solución universal contra la desertificación. El resultado depende de convertir su movimiento en una intervención breve y controlada, seguida de suficiente descanso para el ecosistema.
En el Rancho Las Damas, la recuperación observada durante los últimos cinco a diez años estuvo acompañada por cambios en cercas, abastecimiento de agua, frecuencia de movimientos y administración del forraje. La tierra comenzó a responder cuando el manejo dejó de concentrarse únicamente en alimentar al ganado y pasó a considerar también las necesidades del suelo y la vegetación.
Fuente(s) referenciales

