Agricultura

El pastoreo rotativo retiene más carbono que la agricultura

Publicado el 17/07/2026 · REDACCION

Un estudio de la FAUBA realizado durante tres años en la Región Pampeana determinó que una hectárea agrícola perdió casi dos toneladas de carbono, mientras un pastizal ganadero incorporó cerca de cuatro toneladas.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Camila Herrera R.

La forma en que se organiza el uso de la tierra puede modificar profundamente el balance de carbono de los sistemas agropecuarios. Una investigación de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires comparó durante tres años un campo agrícola y un pastizal con ganado bovino manejado mediante pastoreo rotativo en la Región Pampeana argentina.

El trabajo determinó que la rotación agrícola completa funcionó como una fuente neta de carbono, mientras que el pastizal ganadero se comportó como un destino de este elemento. La diferencia no estuvo solamente relacionada con cuánto carbono capturó la vegetación, sino con la proporción que permaneció dentro de cada sistema después de contabilizar las cosechas y la producción de carne.

Durante una rotación de tres años, una hectárea agrícola perdió casi dos toneladas de carbono. En el mismo periodo, una hectárea de pastizal pastoreado ganó cerca de cuatro toneladas.

La comparación permitió plantear una regla práctica para la Región Pampeana: una hectárea ganadera podría compensar las pérdidas de carbono registradas en aproximadamente dos hectáreas agrícolas.

Un balance completo de entradas y salidas

Ulises Marconato, docente de Ecología de la FAUBA, desarrolló la investigación como parte de su doctorado en la Escuela para Graduados de esa institución.

Para medir el comportamiento de ambos sistemas, instaló sensores de dióxido de carbono en dos establecimientos de Carlos Casares, en la provincia de Buenos Aires.

Uno de los campos estaba dedicado a una rotación agrícola típica de tres años, integrada por maíz, trigo, soja de segunda y soja de primera. El otro correspondía a un pastizal utilizado por ganado vacuno bajo un sistema de pastoreo rotativo.

Entre 2018 y 2021, los investigadores midieron cuánto carbono ingresó y cuánto salió de cada sistema. El trabajo fue presentado como la primera medición de este tipo realizada en el hemisferio sur bajo esas condiciones productivas.

La contabilidad incluyó una variable que no siempre se incorpora en los balances: el carbono que abandona el campo contenido en los granos cosechados y en la carne producida.

Los cultivos capturaron más carbono, pero retuvieron menos

Los cultivos agrícolas fijaron una mayor cantidad de carbono mediante la fotosíntesis que el pastizal. Sin embargo, casi el 70 % del carbono capturado salió del sistema junto con los granos cosechados.

Cuando se consideraron conjuntamente los tres años de rotación y la extracción provocada por las cosechas, el campo agrícola terminó funcionando como una fuente neta de carbono.

El resultado muestra que una elevada captura durante el crecimiento de los cultivos no garantiza por sí sola un balance favorable. También es necesario analizar cuánto carbono queda finalmente en las raíces, los residuos vegetales, los organismos y la materia orgánica del suelo.

La conservación del carbono almacenado en los suelos agrícolas es relevante tanto para mitigar el cambio climático como para mantener la fertilidad, la estructura y la capacidad de retención de agua de los terrenos productivos.

Los barbechos fueron el periodo de mayor pérdida

Los barbechos ocuparon alrededor del 40 % del periodo analizado y representaron los momentos más críticos para el balance agrícola.

Durante esas etapas no había cultivos creciendo y, por tanto, tampoco existía una vegetación activa que incorporara dióxido de carbono mediante la fotosíntesis.

Al mismo tiempo, los microorganismos y otros organismos del suelo continuaron respirando y liberando carbono hacia la atmósfera.

Este desequilibrio convirtió a los periodos sin cobertura vegetal en momentos de pérdida neta. Por esa razón, Marconato señaló que implantar cultivos de cobertura en lugar de mantener barbechos representa una alternativa para fijar carbono durante los intervalos entre los cultivos comerciales.

Los estudios sobre cultivos de cobertura y almacenamiento de carbono han mostrado que mantener plantas activas puede incrementar distintas fracciones de materia orgánica y reducir el tiempo durante el cual el suelo permanece descubierto.

El pastizal conservó el 96 % del carbono capturado

El comportamiento del sistema ganadero fue diferente. Aunque el pastizal fijó menos carbono total que los cultivos agrícolas, logró conservar dentro del sistema el 96 % de lo capturado.

Ese carbono permaneció principalmente en las raíces, en el suelo y en los organismos que viven dentro de él. Solo el 4 % abandonó el campo incorporado en la carne producida.

La permanencia de vegetación activa, el desarrollo continuo de raíces y la ausencia de cosechas que retiraran grandes cantidades de biomasa explicaron buena parte de la diferencia.

El pastoreo rotativo también distribuyó el uso del forraje entre distintas parcelas y permitió establecer periodos de descanso para la recuperación de las plantas.

Este tipo de manejo racional del pasto y del ganado puede proteger la cobertura vegetal, favorecer el crecimiento de las raíces y sostener el aporte de materia orgánica al suelo cuando se aplica con una carga animal adecuada.

El manejo del pastoreo resulta determinante

El resultado favorable del sistema ganadero no significa que cualquier forma de pastoreo produzca automáticamente una acumulación de carbono.

La cantidad de animales, la duración de la ocupación, los periodos de descanso, la productividad del pastizal y las condiciones climáticas influyen sobre la respuesta del suelo.

Una presión excesiva puede reducir la cobertura vegetal, limitar el crecimiento de las raíces y provocar erosión o compactación. En cambio, un sistema planificado permite que los animales consuman el forraje sin impedir la recuperación de las plantas.

Investigaciones realizadas en otros ambientes encontraron que los pastos mejorados combinados con pastoreo rotativo pueden aumentar las reservas de carbono respecto de superficies degradadas.

El objetivo no consiste únicamente en mover el ganado entre potreros, sino en ajustar cada desplazamiento a la disponibilidad de forraje, la humedad del suelo y el tiempo que necesita la vegetación para recuperarse.

La escala del paisaje cambia la interpretación

Roberto Fernández, docente de Ecología de la FAUBA y coautor del trabajo, destacó que el balance debe analizarse sobre el paisaje completo y a lo largo de toda la rotación.

Evaluar cada cultivo, potrero o año de manera aislada puede conducir a conclusiones incompletas. Un cultivo puede capturar una gran cantidad de carbono durante una temporada y, sin embargo, perder buena parte de esa incorporación cuando se cosecha el grano o el suelo permanece en barbecho.

La mirada integral permite considerar simultáneamente las áreas agrícolas, los pastizales, los periodos productivos y los intervalos sin cobertura.

El planteo invita a combinar espacios agrícolas y ganaderos dentro de un mismo paisaje para equilibrar las pérdidas y ganancias de carbono.

En lugar de esperar que un mismo lote agrícola recupere décadas después todo el carbono perdido, la compensación podría organizarse espacialmente mediante la conservación de pastizales y superficies ganaderas que continúen almacenándolo.

Convertir un pastizal en agricultura tiene un costo

Los investigadores advirtieron que el espacio y el tiempo no son equivalentes dentro del balance de carbono.

Transformar un lote agrícola nuevamente en pastizal ganadero puede permitir una recuperación, pero el proceso podría tardar varias décadas.

En el sentido contrario, convertir un pastizal pastoreado en un campo agrícola puede liberar rápidamente una parte importante del carbono acumulado en el suelo.

La pérdida de raíces permanentes, la alteración de la estructura del terreno y la extracción recurrente de biomasa modifican los flujos de carbono y pueden reducir las reservas que tardaron años en formarse.

La evidencia refuerza la importancia de conservar pastizales productivos y evitar que su contribución climática se valore únicamente después de haberlos reemplazado.

La ganadería puede formar parte de la estrategia climática

La ganadería suele ser evaluada por sus emisiones de metano y otros gases de efecto invernadero. Sin embargo, el trabajo de la FAUBA muestra que también es necesario considerar el carbono retenido por los pastizales y los suelos donde se desarrolla la producción.

El balance completo debe integrar las emisiones de los animales, la captura realizada por la vegetación, el carbono que permanece bajo tierra y el que abandona el sistema con los productos.

La ganadería climáticamente inteligente busca precisamente reducir las emisiones y mejorar el almacenamiento de carbono mediante pastoreo planificado, manejo forrajero, eficiencia productiva y protección del suelo.

Esto no elimina la necesidad de controlar las emisiones ganaderas, pero permite evaluar el sistema completo en lugar de concentrarse en un solo componente.

El hemisferio sur sigue subrepresentado

Marconato explicó que la realización del estudio presentó dificultades por la escasez de instrumentos capaces de medir continuamente los intercambios de dióxido de carbono en Sudamérica.

Los sensores necesarios para esta clase de investigaciones son costosos, complejos de mantener y se encuentran concentrados principalmente en estaciones del hemisferio norte.

Como consecuencia, muchos ecosistemas productivos del hemisferio sur están ausentes o insuficientemente representados en las bases de datos internacionales.

Esta falta de información afecta la precisión de los modelos globales, que son calibrados a partir de los registros disponibles.

Cuando Marconato aplicó a la Región Pampeana un modelo ajustado con datos del hemisferio norte, los resultados obtenidos no representaron correctamente los balances observados en los campos argentinos.

Una red regional permitiría mejorar los modelos

El investigador planteó la necesidad de crear en Sudamérica una red de sensores semejante a Fluxnet, una iniciativa internacional que reúne mediciones de los intercambios de carbono, agua y energía entre los ecosistemas y la atmósfera.

Una infraestructura regional permitiría incorporar datos de pastizales, cultivos y sistemas ganaderos que actualmente tienen poca presencia en los mapas globales.

También ayudaría a evaluar diferentes rotaciones agrícolas, estrategias de pastoreo y condiciones climáticas propias de las regiones productivas sudamericanas.

El principal obstáculo es económico. Cuando los equipos se dañan, con frecuencia deben enviarse al exterior para su reparación, un proceso que implica costos, trámites y largos periodos sin mediciones.

La continuidad de estos estudios requiere financiamiento, mantenimiento técnico y personal capacitado para operar los instrumentos y analizar series de datos durante varios años.

Una hectárea ganadera frente a dos agrícolas

El balance obtenido en Carlos Casares ofrece una referencia concreta para la Región Pampeana: una hectárea agrícola perdió casi dos toneladas de carbono durante la rotación estudiada y una hectárea de pastizal pastoreado incorporó alrededor de cuatro.

La diferencia estuvo determinada por el destino final de la materia capturada. En la agricultura, cerca del 70 % salió con las cosechas y los barbechos mantuvieron pérdidas sin una vegetación que compensara las emisiones del suelo.

En el pastizal, el 96 % del carbono fijado permaneció en las raíces, en el terreno y en los organismos del suelo, mientras solo el 4 % salió en forma de carne.

Los resultados respaldan la incorporación de cultivos de cobertura en los periodos de barbecho y la conservación de áreas ganaderas con pastoreo rotativo dentro de paisajes donde predominan los cultivos comerciales.

Fuente(s) referenciales

Infocampo: En el partido del cuidado del carbono, la ganadería con pastoreo rotativo le gana por goleada a la agricultura



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