Un análisis mundial de la Universidad de Bonn comprobó que las regulaciones, los incentivos financieros y las normas de manejo pueden frenar la degradación de las tierras de cultivo, aunque sus resultados dependen de la fortaleza institucional de cada país.
Redactor: Luis Ortega
Editor: Javier Morales O.
Las políticas públicas destinadas a proteger los suelos agrícolas han producido mejoras medibles en numerosos países, de acuerdo con una investigación mundial dirigida por la Universidad de Bonn, en Alemania.
El estudio examinó imágenes satelitales obtenidas entre 2001 y 2019 para determinar si las regulaciones nacionales, los pagos agroambientales y otras medidas de conservación habían conseguido reducir la degradación de las tierras cultivadas.
Los resultados muestran que las intervenciones gubernamentales pueden mejorar la calidad del suelo y favorecer la producción agrícola. Sin embargo, su eficacia depende de la capacidad de las instituciones para vigilar el cumplimiento de las normas, aplicar sanciones y financiar los programas de protección.
La investigación fue publicada en la revista científica Nature Food por Guyo Dureti, Hadi y David Wuepper, integrantes de la Universidad de Bonn.
La degradación amenaza la fertilidad agrícola
La erosión, la salinización y la reducción de organismos como las lombrices y los hongos beneficiosos pueden causar graves daños a la fertilidad de las tierras agrícolas.
Estas amenazas se suman a los efectos de determinadas prácticas productivas, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. La combinación de estos factores puede reducir la capacidad del suelo para sostener los cultivos y mantener rendimientos estables.
El suelo no funciona únicamente como soporte físico para las plantas. Es un sistema vivo donde microorganismos, hongos, raíces y fauna edáfica participan en el reciclaje de nutrientes, la formación de materia orgánica y la regulación del agua.
La conservación de esa red biológica resulta esencial para mantener la productividad. La biodiversidad del suelo en la agricultura interviene en numerosos servicios ecosistémicos vinculados con la producción de alimentos y la resiliencia de los campos.
Imágenes satelitales de las regiones agrícolas del mundo
Los investigadores compararon imágenes satelitales tomadas durante un período de 19 años. El objetivo inicial fue medir cómo había cambiado anualmente la biomasa de los cultivos en las diferentes regiones productivas.
Un aumento de la vegetación, por sí solo, no demuestra que la condición del suelo haya mejorado. Los cultivos también pueden crecer más debido a cambios en las precipitaciones, las temperaturas, el riego, la mecanización o la cantidad de fertilizantes aplicada.
Para separar estos factores, el equipo incorporó mediciones satelitales de alta resolución sobre el microclima local, el uso de fertilizantes y la irrigación.
El análisis comprendió más de 83 millones de píxeles distribuidos alrededor del planeta. Cada píxel representaba una superficie de un kilómetro cuadrado, lo que permitió seguir la evolución de las tierras agrícolas en las principales regiones productivas.
Comparación entre países vecinos
El equipo prestó especial atención a la influencia de las regulaciones nacionales, los incentivos agroambientales y otras políticas destinadas a conservar los suelos.
Para medir sus efectos, los investigadores utilizaron un enfoque similar a un experimento natural. Compararon países vecinos donde uno había introducido una nueva medida de protección y el otro no.
El análisis se concentró en las regiones situadas a ambos lados de las fronteras. Esta metodología permitió reducir la influencia de diferencias climáticas, geográficas o productivas que podrían alterar los resultados.
Cuando las tierras ubicadas inmediatamente a un lado de la frontera evolucionaban de manera diferente a las situadas en el país vecino, el cambio podía relacionarse con mayor precisión con la política aplicada.
Los incentivos financieros figuran entre las medidas más eficaces
Los resultados demostraron que las medidas gubernamentales para combatir la degradación pueden funcionar. Entre las herramientas más eficaces aparecen los incentivos económicos que recompensan a los agricultores por proteger sus tierras.
Estos pagos pueden respaldar prácticas como la optimización del uso de fertilizantes, la sustitución de herbicidas y pesticidas por alternativas menos perjudiciales o la plantación de setos para reducir la erosión.
El manejo de los fertilizantes es especialmente importante porque sus efectos dependen del producto, la dosis y el período de aplicación. Estudios anteriores han mostrado diferencias entre los abonos orgánicos y minerales en aspectos relacionados con la estructura, el carbono y la calidad del suelo agrícola.
Los investigadores también encontraron efectos relevantes en las regulaciones que establecen cómo deben gestionarse las parcelas. Entre ellas se incluyen las normas sobre rotación de cultivos y la obligación de conservar elementos del paisaje, como franjas de flores silvestres.
La fortaleza institucional determina los resultados
Una regulación escrita no garantiza por sí misma la recuperación de las tierras agrícolas. El estudio comprobó que la eficacia de las medidas depende en gran medida del entorno político e institucional donde se aplican.
Los países con instituciones gubernamentales sólidas obtuvieron mejores resultados. En estos territorios existen mayores posibilidades de vigilar el cumplimiento de las normas y actuar cuando los productores o propietarios no respetan las disposiciones establecidas.
Las políticas tienen menos impacto cuando las autoridades carecen de capacidad para supervisar las explotaciones, verificar las prácticas aplicadas o hacer cumplir las obligaciones legales.
La corrupción también perjudica los resultados porque debilita la ejecución de los programas y reduce la posibilidad de que los recursos destinados a la conservación lleguen a las actividades previstas.
La inversión pública influye en la recuperación
El nivel de financiación representa otro elemento decisivo. Los países que destinan más recursos a la protección de sus suelos consiguen mejores resultados en la conservación de la calidad agrícola.
Los programas necesitan fondos para compensar a los agricultores, ofrecer asistencia técnica, realizar controles, recopilar información y mantener las medidas durante períodos suficientemente largos.
Las inversiones también pueden apoyar la restauración de tierras afectadas por problemas específicos. En regiones con acumulación de sales, por ejemplo, se han evaluado tratamientos con yeso y materia orgánica para recuperar suelos salinos y sódicos destinados a la producción agrícola.
La continuidad presupuestaria es relevante porque la recuperación del suelo suele requerir varios ciclos productivos. Las mejoras pueden desaparecer cuando los programas se interrumpen antes de que las nuevas prácticas queden integradas en el manejo habitual.
Erosión, salinización y pérdida de organismos
La erosión elimina las capas superficiales donde se concentra buena parte de la materia orgánica y los nutrientes disponibles para los cultivos. El proceso puede acelerarse por el laboreo excesivo, la deforestación, el sobrepastoreo y la falta de cobertura vegetal.
La salinización ocurre cuando las sales se acumulan hasta niveles que dificultan la absorción de agua por las raíces. El problema afecta especialmente a regiones áridas y semiáridas con agricultura de regadío, drenaje insuficiente o elevada evaporación.
La disminución de lombrices, hongos beneficiosos y otros organismos altera la estructura del terreno y el reciclaje de nutrientes. También reduce la capacidad del ecosistema edáfico para responder a sequías, inundaciones y otras perturbaciones.
Una revisión internacional sobre las prácticas agrícolas que amenazan la salud del suelo identificó la erosión, la salinización, la compactación y la contaminación entre las principales presiones sobre la resiliencia de las tierras cultivadas.
Beneficios para la producción y la seguridad alimentaria
Los suelos saludables no solo tienen valor ambiental. También permiten obtener mayores rendimientos y sostener la producción durante períodos de estrés climático.
Una estructura estable facilita la infiltración y el almacenamiento de agua, mientras que una comunidad biológica diversa contribuye a liberar nutrientes y mantener procesos esenciales para el crecimiento vegetal.
La mejora de las tierras agrícolas puede reducir la vulnerabilidad de los productores ante la pérdida de fertilidad y ayudar a evitar la expansión de la agricultura hacia nuevos ecosistemas.
Guyo Dureti destacó que el resultado general transmite un mensaje positivo: las regulaciones gubernamentales pueden mejorar significativamente la calidad de las tierras y contribuir tanto a la protección ambiental como a la seguridad alimentaria.
Políticas adaptadas a las capacidades de cada país
Los hallazgos indican que las políticas de conservación deben diseñarse junto con mecanismos efectivos de financiación, seguimiento y cumplimiento.
Los incentivos económicos pueden facilitar la adopción voluntaria de prácticas más sostenibles, mientras que las regulaciones directas resultan útiles para establecer requisitos mínimos de manejo y proteger elementos esenciales del paisaje agrícola.
La combinación adecuada dependerá de las condiciones productivas, administrativas y económicas de cada país. En territorios con instituciones débiles, aprobar nuevas leyes sin aumentar la capacidad de ejecución puede producir resultados limitados.
La investigación, titulada Agri-environmental policies have reduced cropland degradation globally, aporta evidencia mundial de que la acción pública puede frenar la degradación, siempre que las medidas estén respaldadas por instituciones capaces de convertirlas en cambios reales sobre el terreno.
Fuente(s) referenciales
Phys.org: Global soil protections deliver measurable gains for farmland health

