La dependencia del gas natural y las alteraciones del comercio internacional elevan el costo del nitrógeno, mientras Australia estudia alternativas biológicas para reducir su vulnerabilidad.
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
El aumento del precio y las dificultades de abastecimiento de fertilizantes nitrogenados están presionando a los agricultores y exponiendo la fragilidad de una cadena mundial indispensable para producir cereales, aceites, carne y productos lácteos. El problema adquiere especial importancia en Australia, país que importa anualmente entre 3,5 y 4 millones de toneladas de fertilizantes.
Katharina Belt, investigadora de la Universidad de Sídney, advierte que el nitrógeno sintético es un componente poco visible de la producción alimentaria. Aunque no aparece entre los ingredientes de una hogaza, resulta esencial para obtener el trigo utilizado en el pan, la cebada destinada a la cerveza, la canola procesada como aceite y el maíz empleado en la alimentación ganadera.
Las estimaciones citadas por la investigadora indican que aproximadamente la mitad de la población mundial dispone de alimentos gracias al uso de fertilizantes nitrogenados sintéticos. La dependencia productiva convierte cualquier alteración del suministro en un riesgo para los rendimientos agrícolas, los ingresos rurales y los precios pagados por los consumidores.
El gas natural determina el precio del nitrógeno
El nitrógeno constituye casi el 80 % de la atmósfera, pero las plantas no pueden absorber directamente el gas presente en el aire. Para aprovecharlo, debe transformarse en compuestos asimilables, como amonio o nitrato.
La industria realiza esa conversión mediante el proceso Haber-Bosch, que combina nitrógeno atmosférico con hidrógeno a temperaturas y presiones elevadas para producir amoníaco. Posteriormente, el amoníaco se transforma en fertilizantes como la urea y el nitrato de amonio.
El gas natural, compuesto principalmente por metano, proporciona tanto la energía necesaria para las plantas industriales como el hidrógeno utilizado en la fabricación. Por esa razón, los precios de los fertilizantes nitrogenados están estrechamente vinculados con los mercados energéticos internacionales.
Esta relación ya ha afectado la actividad industrial en regiones como la Unión Europea, donde los elevados costos del gas redujeron la competitividad de la producción de fertilizantes y obligaron a algunos fabricantes a limitar su oferta.
Los conflictos alteran una cadena de suministro concentrada
Las tensiones geopolíticas y las interrupciones energéticas de los últimos años han incrementado la volatilidad. La invasión rusa de Ucrania y el conflicto entre Estados Unidos e Irán figuran entre los acontecimientos que han afectado los flujos de gas, materias primas y fertilizantes terminados.
Los países que dependen de las importaciones quedan expuestos simultáneamente a cambios en los precios energéticos, restricciones comerciales, disponibilidad de transporte y riesgos en las rutas marítimas. En Australia, la entrada anual de millones de toneladas desde el exterior hace que esos movimientos internacionales lleguen rápidamente a los costos de las explotaciones.
En otros mercados, la disponibilidad física tampoco se traduce necesariamente en precios asequibles. Alemania, por ejemplo, registró una reducción estacional de la demanda después de la siembra de maíz, pero los valores de los fertilizantes nitrogenados permanecieron firmes pese al aumento de la producción europea.
Aplicar menos nitrógeno compromete rendimiento y calidad
Los agricultores no pueden eliminar abruptamente la fertilización sin consecuencias productivas. Una dosis insuficiente puede reducir el rendimiento, disminuir la calidad del grano y recortar los ingresos, especialmente en cultivos con una elevada demanda de nutrientes.
Cuando el fertilizante se encarece, los productores deben decidir entre asumir un mayor costo, disminuir la dosis, cambiar de cultivo o reducir la superficie sembrada. Cada alternativa puede trasladar presión a otros segmentos de la cadena alimentaria.
El efecto no se limita al trigo y al pan. El encarecimiento del maíz afecta la alimentación del ganado, mientras que mayores costos en cebada y canola repercuten en las industrias de bebidas y aceites. Los gastos adicionales pueden terminar reflejándose en cereales procesados, productos lácteos y alimentos de origen animal.
La necesidad agronómica también cambia con el clima y el potencial productivo. Un estudio en el Cinturón del Maíz estadounidense encontró que las tasas económicamente óptimas de nitrógeno aumentaron durante tres décadas, en parte por las pérdidas asociadas con primaveras húmedas y por rendimientos más altos.
Los biofertilizantes ofrecen apoyo, pero no una sustitución inmediata
Una posible respuesta consiste en ampliar la producción y utilización de fertilizantes orgánicos y biológicos. Estos insumos pueden elaborarse a partir de compost, estiércol y otros materiales reciclados mediante procesos como el compostaje o la digestión anaerobia.
Algunos productos incorporan microorganismos beneficiosos capaces de mejorar el acceso de las plantas a los nutrientes. Ciertas bacterias y hongos colonizan las raíces o el suelo circundante, mientras otros microorganismos intervienen en la liberación gradual de compuestos que las plantas pueden absorber.
La alternativa permitiría aprovechar residuos locales y reducir parcialmente la exposición a los combustibles fósiles. Esa ventaja también tiene una dimensión climática: la fabricación convencional de amoníaco genera entre 430 y 500 millones de toneladas de dióxido de carbono al año y representa aproximadamente el 2 % de las emisiones mundiales de CO₂.
Sin embargo, los biofertilizantes suelen contener concentraciones de nitrógeno considerablemente menores que los productos convencionales. Para suministrar una cantidad equivalente del nutriente puede ser necesario transportar y aplicar volúmenes mayores, con implicaciones económicas y logísticas para las fincas.
Su funcionamiento también depende de la temperatura, la humedad, el tipo de suelo, las precipitaciones, la variedad cultivada y las comunidades microbianas presentes. Esa variabilidad impide asumir que un producto eficaz en una región ofrecerá el mismo resultado bajo condiciones diferentes.
La eficiencia permite reducir costos y pérdidas de nutrientes
Además de diversificar las fuentes, existe margen para mejorar la precisión de las aplicaciones. El objetivo consiste en colocar la cantidad adecuada de nitrógeno en el lugar y momento donde el cultivo pueda aprovecharla, evitando pérdidas por lixiviación, volatilización o escorrentía.
Los resultados del proyecto suizo Smart-N muestran el potencial de este enfoque. La fertilización localizada del trigo de invierno mediante mapas e imágenes satelitales permitió aumentar el rendimiento y reducir el excedente de nitrógeno frente a una aplicación uniforme.
Para que los insumos biológicos y las técnicas de precisión puedan respaldar decisiones comerciales, Belt considera necesarias pruebas independientes y ensayos prolongados en distintos suelos, climas y sistemas productivos. Los agricultores también requieren herramientas que permitan seleccionar el producto, la dosis y el momento de aplicación más adecuados para cada explotación.
La diversificación no implica abandonar de inmediato los fertilizantes sintéticos, sino disminuir progresivamente una dependencia vulnerable. Combinar fuentes minerales, materiales orgánicos, microorganismos, análisis de suelo y aplicaciones de precisión puede aumentar la capacidad de respuesta de las fincas frente a nuevas interrupciones del mercado mundial.
Fuentes referenciales:
Phys.org
The Conversation

