Agricultura

Australia estudia químicos persistentes en fertilizantes agrícolas

Publicado el 07/11/2026 ·

Investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur evaluaron 47 sustancias presentes en biosólidos utilizados para fertilizar terrenos agrícolas. El estudio identifica compuestos que pueden permanecer durante meses o años en el suelo y propone mejorar su vigilancia sin descartar los beneficios agronómicos de estos materiales.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Una investigación de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), en Australia, ha identificado sustancias químicas presentes en fertilizantes elaborados con biosólidos que podrían permanecer durante períodos prolongados en los suelos agrícolas. El trabajo, difundido el 5 de noviembre de 2026, examinó el comportamiento ambiental de 47 compuestos y estableció criterios para determinar cuáles necesitan una vigilancia más detallada.

El estudio fue desarrollado por investigadores de la Escuela de Ingeniería Civil y Ambiental de la UNSW, entre ellos Calvin He y el profesor Denis O’Carroll, del Laboratorio de Investigación del Agua de la universidad. Sus resultados fueron publicados en la revista científica Journal of Hazardous Materials.

La investigación aborda un desafío para la agricultura: aprovechar los nutrientes y la materia orgánica contenidos en los residuos tratados de las depuradoras sin introducir cantidades preocupantes de sustancias químicas persistentes en las parcelas.

En Australia, aproximadamente el 80 % de los biosólidos producidos se reutiliza en terrenos agrícolas, según los datos recogidos por la universidad. Estos materiales permiten recuperar nutrientes y mejorar determinadas propiedades del suelo, pero su composición también puede incluir residuos procedentes de medicamentos, productos de limpieza, artículos de higiene personal y actividades industriales.

Los investigadores encontraron que algunos de esos compuestos pueden permanecer en el suelo durante meses o incluso años. Sin embargo, subrayan que sus resultados no demuestran que los fertilizantes examinados estén causando daños en las explotaciones ni que los alimentos cultivados con biosólidos sean inseguros.

Los biosólidos permiten recuperar nutrientes de las aguas residuales

Los biosólidos son materiales obtenidos a partir de los lodos generados durante el tratamiento de las aguas residuales. Después de recibir procesos destinados a estabilizarlos y reducir los riesgos sanitarios, pueden utilizarse en determinadas condiciones como enmiendas orgánicas para los suelos.

Su interés agrícola se debe principalmente al contenido de materia orgánica y nutrientes, entre ellos nitrógeno y fósforo. Dependiendo de sus características y de las necesidades del terreno, su aplicación puede contribuir al mantenimiento de la fertilidad y al aprovechamiento de recursos que de otra manera requerirían otras formas de disposición.

El uso de estos materiales forma parte de las estrategias de recuperación de nutrientes que buscan reducir las pérdidas de recursos dentro de los sistemas de producción.

En México, por ejemplo, se han desarrollado iniciativas para evaluar el aprovechamiento de biosólidos procedentes de la planta de Atotonilco en la recuperación de suelos agrícolas, con especial atención a los controles de calidad y seguridad.

Sin embargo, el origen de los biosólidos también representa una dificultad. Las aguas residuales urbanas reciben sustancias de numerosos hogares, comercios e instalaciones, por lo que el material resultante puede contener compuestos que no se eliminan completamente durante el tratamiento.

La nueva investigación australiana se concentra precisamente en el destino de una selección de esas sustancias después de su incorporación al suelo.

El estudio examinó 47 sustancias de diferentes orígenes

El equipo de la UNSW seleccionó 47 compuestos químicos que habían sido identificados previamente en biosólidos. La lista incluyó productos farmacéuticos, sustancias utilizadas en artículos de cuidado personal, productos industriales y otros contaminantes de preocupación emergente.

Entre ellos figuraron determinadas sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas como PFAS, así como la carbamazepina, un medicamento empleado para tratar ciertas enfermedades neurológicas.

También se evaluaron compuestos antimicrobianos como el triclosán y el triclocarbán, además de sustancias utilizadas como fragancias, entre ellas el galaxolide y el tonalide.

La selección no representa la totalidad de los contaminantes que pueden encontrarse en los biosólidos. Los investigadores explican que existen cientos de sustancias detectadas en estos materiales y que su trabajo se concentró en aquellas que podrían requerir estudios adicionales.

El objetivo no fue elaborar una lista definitiva de productos peligrosos, sino establecer un procedimiento de evaluación que permita distinguir los compuestos con mayor interés para la vigilancia ambiental.

Esta necesidad de conocer mejor la composición de los materiales recuperados también había sido planteada en una investigación anterior sobre sustancias orgánicas presentes en fertilizantes biosólidos, realizada por científicos de la Universidad Johns Hopkins.

El nuevo estudio australiano avanza sobre una pregunta complementaria: qué puede ocurrir con esos contaminantes una vez que los materiales son aplicados al terreno agrícola.

Algunos compuestos pueden permanecer durante años en el suelo

Uno de los resultados más importantes fue la identificación de sustancias que presentan una persistencia ambiental considerable.

La permanencia de un compuesto depende de su estructura química y de las condiciones del entorno. Algunos pueden degradarse relativamente rápido, mientras que otros resisten los procesos de transformación y permanecen durante períodos prolongados.

Los investigadores encontraron que determinados PFAS, residuos farmacéuticos, antimicrobianos y fragancias pueden persistir durante meses o años, dependiendo del compuesto y del ambiente.

La persistencia adquiere especial importancia cuando los biosólidos se aplican repetidamente sobre una misma parcela.

Si una sustancia se incorpora al terreno con mayor rapidez de la que se degrada o abandona el sistema, existe la posibilidad de que su concentración aumente con el tiempo.

Sin embargo, la permanencia de un compuesto no demuestra automáticamente que exista un efecto perjudicial. Para evaluar el riesgo también deben considerarse su concentración, movilidad, toxicidad y las oportunidades reales de exposición de los organismos.

La investigación distingue estos factores para evitar que la sola detección de una sustancia se interprete como evidencia de daño.

El agua y las características del suelo modifican el comportamiento químico

Las sustancias presentes en los biosólidos no se comportan de la misma manera después de su aplicación agrícola.

Algunas tienden a permanecer asociadas con las partículas del suelo, mientras que otras pueden disolverse y desplazarse con el agua hacia capas más profundas o sistemas acuáticos cercanos.

La temperatura, la humedad, el contenido de materia orgánica y la presencia o ausencia de oxígeno pueden modificar la velocidad de degradación y la movilidad de determinados compuestos.

Esto significa que un mismo contaminante puede presentar comportamientos diferentes según las condiciones de la parcela.

Los investigadores consideran que estas diferencias deben incorporarse a los programas de seguimiento, porque no todos los compuestos necesitan ser buscados en los mismos lugares.

Una sustancia que permanece fuertemente retenida en el suelo puede requerir un tipo de vigilancia distinto del correspondiente a otra que se desplaza con facilidad mediante el agua.

El transporte de contaminantes también está relacionado con las características de los cultivos. Investigaciones anteriores sobre la absorción de PFAS por diferentes especies agrícolas han encontrado respuestas distintas entre plantas, lo que demuestra que no existe un comportamiento uniforme para todos los cultivos y compuestos.

El trabajo australiano, sin embargo, no midió directamente la absorción de las 47 sustancias por cultivos comerciales. Su propósito fue evaluar su destino ambiental y establecer prioridades para futuras investigaciones.

Los investigadores compararon concentraciones y referencias de toxicidad

La evaluación se organizó alrededor de tres preguntas: dónde pueden desplazarse los compuestos después de la aplicación de biosólidos, cuánto tiempo pueden permanecer en el ambiente y si las concentraciones descritas en estudios anteriores justifican una investigación más detallada.

Para responderlas, el equipo reunió información científica existente sobre las propiedades y el comportamiento de las sustancias seleccionadas.

Posteriormente comparó concentraciones comunicadas en biosólidos con referencias ecotoxicológicas utilizadas para estudiar posibles efectos sobre organismos.

Estas referencias incluyen resultados experimentales relacionados con organismos acuáticos, como algas y pequeños invertebrados.

El procedimiento permite identificar sustancias que podrían merecer atención prioritaria, pero no constituye una demostración de que esos efectos estén ocurriendo en los terrenos donde se aplican biosólidos.

Los autores describen su trabajo como una evaluación preliminar de riesgo ambiental, diseñada para orientar investigaciones posteriores.

Es importante señalar que el equipo no realizó nuevos experimentos de aplicación de biosólidos en explotaciones agrícolas para este estudio. Sus conclusiones proceden de la integración y comparación de información científica previamente disponible.

Esta distinción es fundamental para interpretar correctamente los resultados: el trabajo identifica posibilidades de persistencia y exposición, pero no establece una relación causal entre una aplicación agrícola concreta y un daño ambiental observado.

La composición de los biosólidos cambia entre instalaciones

Otro aspecto destacado por la UNSW es la variabilidad de los materiales procedentes de diferentes plantas de tratamiento.

Las concentraciones de contaminantes pueden cambiar según las actividades que generan las aguas residuales, los productos utilizados por la población y las tecnologías de depuración.

Por esa razón, los investigadores consideran inadecuado asumir que todos los biosólidos presentan la misma composición química.

El análisis de un producto concreto debe considerar su origen, el tratamiento recibido y las condiciones previstas para su utilización.

Esta variabilidad también afecta las decisiones de manejo. Una evaluación realizada en una instalación no necesariamente permite describir las características de los materiales producidos en otra.

La necesidad de caracterizar los fertilizantes recuperados ha sido examinada igualmente en investigaciones sobre el rendimiento y la composición de fertilizantes obtenidos mediante procesos de reciclaje.

En esos sistemas, la recuperación de nutrientes ofrece oportunidades agronómicas, pero la calidad del producto final depende del material de origen y de los procedimientos de tratamiento.

La investigación no demuestra que los alimentos sean inseguros

Los científicos insisten en que los resultados deben interpretarse dentro de los límites de una evaluación ambiental preliminar.

El estudio no demuestra que las sustancias analizadas estén causando daños en las explotaciones agrícolas australianas.

Tampoco permite concluir que los alimentos producidos en suelos tratados con biosólidos contengan concentraciones peligrosas de esos compuestos.

La investigación no consistió en analizar productos alimentarios destinados al consumo humano ni en medir la exposición de agricultores o consumidores.

Su objetivo fue identificar sustancias cuya persistencia, movilidad o concentración justifican investigaciones más específicas.

La diferencia es importante porque la detección de un contaminante en un material agrícola no determina por sí sola su transferencia a las plantas ni el nivel de exposición de quienes consumen sus productos.

Para establecer esos riesgos se necesitan mediciones directas y evaluaciones adaptadas a las condiciones de cada sistema productivo.

Los investigadores proponen que las siguientes etapas incluyan análisis de biosólidos y suelos reales, con el fin de comprobar qué sustancias representan preocupaciones ambientales relevantes bajo condiciones locales.

El tratamiento de aguas residuales ofrece posibilidades de mejora

La UNSW considera que los resultados pueden contribuir al desarrollo de estrategias para gestionar los contaminantes sin renunciar necesariamente al aprovechamiento agrícola de los biosólidos.

Entre las alternativas señaladas figuran modificaciones en los procesos de tratamiento de aguas residuales, ajustes en las condiciones de aplicación de los materiales y medidas destinadas a reducir la entrada de determinadas sustancias al sistema.

La elección de una estrategia dependerá de los compuestos identificados y de las características de cada instalación.

Los investigadores también señalan que algunas sustancias podrían controlarse mediante cambios en su utilización antes de que lleguen a las aguas residuales.

Este enfoque reconoce que el problema no comienza necesariamente en la explotación agrícola, sino que puede originarse mucho antes, durante el uso cotidiano de productos domésticos, farmacéuticos e industriales.

La prevención en el origen y la mejora del tratamiento pueden complementar los controles aplicados al fertilizante terminado.

Qué significa el hallazgo para los agricultores

La investigación ofrece información útil para comprender por qué la calidad de un fertilizante orgánico recuperado no puede evaluarse únicamente por su contenido de nutrientes.

Los biosólidos pueden aportar materia orgánica, nitrógeno y fósforo, pero su utilización también requiere comprobar que cumplen las condiciones sanitarias y ambientales aplicables.

Para las explotaciones que emplean estos materiales, la trazabilidad del producto y la información sobre su composición resultan especialmente relevantes.

El trabajo no propone suspender de manera generalizada su utilización agrícola ni establece nuevas dosis de aplicación.

Tampoco demuestra que una práctica concreta de fertilización deba modificarse inmediatamente como consecuencia de sus resultados.

Su principal aportación consiste en ofrecer criterios para identificar sustancias que podrían necesitar controles adicionales, especialmente cuando presentan elevada persistencia ambiental o posibilidades de desplazamiento hacia otros compartimentos.

La información puede ser utilizada por investigadores, operadores de plantas de tratamiento y organismos reguladores para diseñar programas de vigilancia más específicos.

Un paso hacia una fertilización reciclada con mayor control

El estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur aporta una evaluación del comportamiento ambiental de 47 sustancias químicas que pueden encontrarse en biosólidos utilizados como fertilizantes agrícolas.

Sus resultados muestran que determinados compuestos pueden permanecer durante períodos prolongados y que su destino depende de las propiedades químicas y de las condiciones del suelo y del agua.

La investigación también identifica diferencias entre instalaciones de tratamiento, lo que refuerza la necesidad de evaluar los materiales según su origen y composición.

Los autores consideran que estas herramientas pueden ayudar a priorizar los contaminantes que merecen estudios adicionales, sin interpretar automáticamente su presencia como evidencia de daños en las explotaciones.

El aprovechamiento agrícola de los biosólidos representa una oportunidad para recuperar nutrientes y materia orgánica. El desafío consiste en mantener esos beneficios mediante controles capaces de identificar y gestionar las sustancias que podrían persistir en los sistemas productivos.

Fuentes referenciales:
Universidad de Nueva Gales del Sur — Chemicals in sewage-based fertilizer may persist in farmland soil for years, 5 de noviembre de 2026
Journal of Hazardous Materials — Calvin He y colaboradores, Fate and persistence of emerging chemical contaminants after land application of biosolids: A screening-level risk assessment, 2026