Los materiales generados en la planta de Atotonilco de Tula aportan materia orgánica y nutrientes, pero su uso agrícola exige controles estrictos de patógenos y metales pesados
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
México estudia ampliar el aprovechamiento agrícola de los biosólidos generados por la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Atotonilco de Tula, en Hidalgo, como una alternativa para recuperar la fertilidad de suelos agrícolas y reutilizar un subproducto que actualmente forma parte del tratamiento de las aguas residuales del Valle de México.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural destacó el 27 de septiembre de 2026 el potencial agronómico de estos materiales, ricos en materia orgánica y nutrientes. Su incorporación controlada puede contribuir a mejorar la estructura del suelo, aumentar su capacidad para retener agua y nutrientes y reducir parcialmente la dependencia de fertilizantes químicos.
La propuesta forma parte de una estrategia más amplia de bioeconomía circular, en la que residuos generados por actividades urbanas, agropecuarias o agroindustriales vuelven al sistema productivo después de un tratamiento adecuado. Es un enfoque relacionado con otras iniciativas que buscan transformar residuos orgánicos en fertilizantes útiles para la agricultura.
Una planta que trata aguas residuales de la Ciudad de México
La PTAR de Atotonilco de Tula está en operación desde diciembre de 2017 y ocupa unas 161 hectáreas. De acuerdo con Agricultura, fue construida con una inversión superior a 10.000 millones de pesos y puede tratar hasta el 60 % de las aguas residuales procedentes de la Ciudad de México.
Las aguas llegan principalmente a través del Túnel Emisor Oriente, el Túnel Emisor Central y el río El Salto-Tlamaco. La instalación utiliza procesos biológicos y químicos y, una vez concluido el tratamiento, el agua es clorada y puede destinarse a usos agrícolas conforme a la normativa aplicable.
El proceso produce además biogás, empleado para cogenerar electricidad, y biosólidos. Estos últimos concentran materia orgánica y nutrientes que pueden adquirir valor agronómico si cumplen las condiciones sanitarias y ambientales necesarias para incorporarse al terreno.
La relación entre tratamiento de aguas y agricultura requiere, sin embargo, especial vigilancia. Investigaciones recientes han mostrado que el uso de aguas residuales tratadas en el riego puede plantear riesgos asociados a contaminantes, lo que refuerza la necesidad de evaluar cada recurso reutilizado antes de incorporarlo a los sistemas de producción de alimentos.
Materia orgánica para mejorar estructura y retención de agua
Un estudio de caso del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) sobre el uso agrícola de biosólidos de Atotonilco identifica beneficios potenciales en tres dimensiones: agronómica, ambiental y socioeconómica.
Desde el punto de vista agronómico, el aporte de materia orgánica puede mejorar determinadas propiedades físicas del suelo y favorecer la retención de humedad y nutrientes. Esta capacidad resulta especialmente relevante en parcelas degradadas o con contenidos reducidos de materia orgánica.
La relación entre estructura y disponibilidad de humedad es fundamental para el comportamiento de los cultivos. La capacidad de retención de agua de los suelos agrícolas depende de factores como textura, porosidad, estructura, compactación y materia orgánica, por lo que las enmiendas deben evaluarse según las características específicas de cada parcela.
En el ámbito ambiental, reutilizar biosólidos permite reducir el volumen destinado a disposición final y recuperar nutrientes que de otro modo quedarían fuera del ciclo productivo. El estudio del IICA también contempla posibles beneficios económicos y sociales relacionados con las actividades de transporte, aplicación, seguimiento e investigación.
Ensayos agrícolas respaldan la evaluación en Hidalgo
El aprovechamiento de estos materiales no parte únicamente de una propuesta teórica. En Hidalgo se han desarrollado proyectos experimentales para estudiar el potencial agrícola de los biosólidos procedentes de Atotonilco.
Memorias técnicas del Congreso Interamericano de Agua, Suelo y Agrobiodiversidad del INIFAP recogen investigaciones sobre el potencial agrícola de estos materiales, sus efectos sobre las propiedades del suelo y la respuesta del cultivo de avena a su aplicación.
El Gobierno de Hidalgo también ha impulsado un proyecto estratégico de recuperación de la fertilidad de los suelos que contempla específicamente el uso agrícola de biosólidos de la PTAR de Atotonilco de Tula.
La utilización de fuentes orgánicas junto con una fertilización mineral ajustada es un campo activo de investigación agronómica. Un estudio publicado anteriormente por Mundo Agropecuario mostró que reducir parte del nitrógeno sintético y complementarlo con aporte orgánico puede mejorar propiedades del suelo y la productividad, aunque las respuestas dependen del cultivo, la dosis, el clima y las condiciones edáficas.
Patógenos y metales pesados marcan el límite de seguridad
El potencial agrícola de los biosólidos no significa que cualquier material procedente del tratamiento de aguas residuales pueda aplicarse directamente a una parcela. Agricultura reconoce que uno de los principales desafíos consiste en garantizar concentraciones seguras de patógenos y metales pesados antes de su utilización.
México cuenta con la NOM-004-SEMARNAT-2002, que establece especificaciones y límites máximos permisibles de contaminantes para el aprovechamiento y disposición final de lodos y biosólidos. Agricultura considera que la revisión y actualización del marco normativo es uno de los aspectos que deberán acompañar una utilización agrícola más amplia de estos materiales.
También se necesita infraestructura para transportar y distribuir el producto, protocolos para definir las dosis apropiadas y seguimiento de las características del suelo y de los biosólidos. La composición de estos materiales puede variar y, por tanto, su manejo agronómico no debería plantearse como una sustitución automática de los fertilizantes convencionales.
La recuperación de nutrientes desde corrientes residuales ya está siendo investigada en otros sistemas agrícolas. El interés responde a la posibilidad de disminuir pérdidas y devolver elementos esenciales al suelo, aunque el principio fundamental continúa siendo obtener insumos reciclados seguros, estables y dosificables antes de utilizarlos como fertilizantes.
Bioeconomía circular aplicada directamente al campo
El caso de Atotonilco conecta dos desafíos de gran escala: gestionar los residuos producidos por una de las mayores concentraciones urbanas de América y recuperar suelos utilizados para la producción agropecuaria. Agricultura vincula esta iniciativa con la propuesta de Estrategia Sectorial de Bioeconomía Agrícola para México, desarrollada con apoyo del IICA.
El objetivo es aprovechar de forma más eficiente recursos biológicos y residuos mediante innovación, prácticas sostenibles y nuevas actividades económicas. En ese esquema, los biosólidos dejan de considerarse exclusivamente un residuo y pasan a evaluarse como una posible fuente local de materia orgánica y nutrientes.
La experiencia mexicana coincide con una tendencia internacional hacia sistemas agrícolas donde los nutrientes circulen entre diferentes actividades productivas. El principio ya se estudia en sectores como la ganadería, donde la separación y recuperación de nutrientes del estiércol permite obtener productos fertilizantes diferenciados para devolver nitrógeno, fósforo y potasio a los cultivos.
En Atotonilco de Tula, el paso decisivo será determinar bajo qué condiciones los beneficios agronómicos observados pueden trasladarse de manera segura y económicamente viable a una escala mayor. El potencial existe, pero su aprovechamiento depende de controles de calidad, investigación agronómica, dosis adaptadas a cada suelo y cumplimiento de las normas ambientales y sanitarias.
Fuentes referenciales:
Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural de México
Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura – Estudio de caso sobre uso agrícola de biosólidos en Atotonilco de Tula
INIFAP – Congreso Interamericano de Agua, Suelo y Agrobiodiversidad


