Un estudio de la Universidad de Australia Occidental analizó una rotación trigo de invierno–maíz de verano y encontró mejoras en calidad del suelo, absorción de nitrógeno y reducción de emisiones
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
Reducir una parte del fertilizante nitrogenado sintético y sustituirla con pequeñas cantidades de fertilizante orgánico puede mejorar la calidad del suelo, favorecer la productividad de los cultivos y aumentar la absorción de nitrógeno por las plantas. Esa fue la conclusión de un estudio colaborativo de The University of Western Australia, que evaluó cómo distintas combinaciones de fertilización orgánica e inorgánica influyen en el rendimiento agrícola y en el funcionamiento del sistema suelo–planta.
La investigación fue publicada en la revista científica Land Degradation & Development y contó con la participación del Hackett Professor Kadambot Siddique, del UWA Institute of Agriculture, junto con socios internacionales de investigación de China. El trabajo se enfocó en una rotación de trigo de invierno y maíz de verano, un sistema agrícola en el que la gestión del nitrógeno resulta decisiva para sostener la producción y, al mismo tiempo, reducir impactos ambientales.
El estudio comparó diferentes estrategias de manejo del nitrógeno. Los investigadores analizaron aplicaciones suficientes y reducidas de fertilizante nitrogenado sintético, combinadas con dosis bajas y altas de fertilizante orgánico. La pregunta central era precisa: hasta qué punto una reducción del nitrógeno sintético, cuando se acompaña con componentes orgánicos, puede mantener la productividad del cultivo, mejorar la salud del suelo y reducir emisiones asociadas al uso agrícola de fertilizantes.
El resultado principal apunta a una estrategia de equilibrio. La sustitución parcial del nitrógeno sintético por aportes orgánicos en bajas cantidades no solo mantuvo el desempeño productivo, sino que favoreció una mejor absorción de nitrógeno por los cultivos. Esto indica que el sistema suelo–planta utilizó los nutrientes de manera más eficiente, con una circulación más favorable dentro del perfil agrícola evaluado.
La relación causa–resultado es clara: al combinar una reducción del fertilizante nitrogenado sintético con fertilizante orgánico, se mejoró la calidad del suelo y se fortaleció el aprovechamiento del nitrógeno. Esa mejora en el funcionamiento del suelo apoyó una mayor productividad de los cultivos y una absorción más eficiente del nutriente. En términos prácticos, el manejo combinado permitió producir sin depender exclusivamente de aplicaciones completas de nitrógeno sintético.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio fue la reducción de las emisiones de óxido nitroso, conocido como N₂O, un gas asociado al uso de fertilizantes nitrogenados en agricultura. Los tratamientos que combinaron nitrógeno reducido con fertilizante orgánico disminuyeron de forma significativa las emisiones anuales de óxido nitroso en comparación con la aplicación completa de nitrógeno sintético.
El profesor Kadambot Siddique explicó que reducir el nitrógeno sintético en menos de un 45 %, junto con la aplicación de fertilizante orgánico, puede mantener la productividad sin aumentar las emisiones. Este dato es especialmente importante porque ofrece un umbral técnico concreto: no se trata de eliminar el nitrógeno sintético, sino de ajustar su uso dentro de una estrategia combinada que mejore resultados agronómicos, ecológicos y económicos.
El contexto económico también forma parte del análisis. El estudio fue presentado en un momento de presión sobre el suministro global de fertilizantes. Cerca del 60 % del suministro mundial de fertilizantes nitrogenados basados en urea pasa por el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica afectada por tensiones geopolíticas. Estas interrupciones han contribuido a escasez y mayores costos para productores, incluidos los agricultores australianos, que dependen de importaciones de fertilizantes.
Para Australia, el hallazgo tiene una lectura práctica inmediata. En un escenario de fertilizantes más caros y cadenas de suministro vulnerables, los productores buscan formas de usar estos insumos con mayor eficiencia sin comprometer la producción. La investigación de The University of Western Australia aporta evidencia sobre una vía posible: reducir parcialmente la dependencia de nitrógeno sintético mediante una integración calculada de fertilizante orgánico.
La clave no está únicamente en aplicar menos fertilizante, sino en modificar la arquitectura del manejo nutricional. El estudio muestra que la combinación de insumos orgánicos e inorgánicos puede mejorar la eficiencia de uso del nitrógeno, fortalecer la calidad del suelo y reducir emisiones agrícolas. Esa triple dimensión permite interpretar el resultado más allá del ahorro de insumos: se trata de una práctica con impacto productivo, ambiental y económico.
En la rotación trigo de invierno–maíz de verano evaluada, el uso equilibrado de fertilización orgánica y sintética favoreció una mejor dinámica de nutrientes. La mayor absorción de nitrógeno por los cultivos indica que una proporción más alta del nutriente aplicado terminó siendo utilizada por las plantas, en lugar de perderse por procesos que reducen la eficiencia agrícola o generan emisiones.
El trabajo también contribuye a una discusión más amplia sobre el manejo de suelos agrícolas. La fertilización nitrogenada es esencial para sostener rendimientos, pero su uso excesivo puede deteriorar la calidad del suelo, aumentar pérdidas de nutrientes y elevar emisiones. En ese marco, las estrategias que combinan reducción moderada de nitrógeno sintético con aportes orgánicos permiten avanzar hacia sistemas más eficientes sin sacrificar productividad.
Desde el punto de vista técnico, el hallazgo más importante es que la reducción del nitrógeno sintético no produjo una penalización productiva cuando se aplicó junto con fertilizante orgánico. Por el contrario, el sistema mostró mejoras en calidad del suelo, absorción de nitrógeno y productividad. Esta combinación convierte al fertilizante orgánico en un complemento funcional, no en un simple reemplazo simbólico.
La investigación también refuerza la importancia de adaptar las estrategias de fertilización a objetivos múltiples. Para los productores, el desafío no es solo obtener buenos rendimientos, sino hacerlo con costos controlados, menor exposición a interrupciones del mercado internacional de fertilizantes y menor impacto ambiental. El enfoque estudiado por UWA y sus socios de China apunta precisamente a ese equilibrio.
En términos agrícolas, el mensaje es concreto: una reducción moderada del nitrógeno sintético, inferior al 45 %, acompañada por fertilizante orgánico, puede sostener la productividad y evitar un aumento de emisiones. Para regiones con presión por costos de fertilizantes o preocupación por la degradación del suelo, esta evidencia ofrece una base técnica para revisar los programas de nutrición de cultivos.
El estudio no plantea una sustitución total del fertilizante nitrogenado sintético, sino una optimización de su uso. Esa diferencia es importante. La agricultura intensiva seguirá necesitando nitrógeno para sostener rendimientos, pero el trabajo muestra que parte de esa dependencia puede reducirse si se incorporan aportes orgánicos en esquemas bien manejados.
La investigación liderada desde The University of Western Australia, con participación del UWA Institute of Agriculture y colaboradores de China, deja una conclusión de alto valor práctico: el manejo combinado de fertilizantes puede mejorar la eficiencia del nitrógeno, elevar la calidad del suelo, favorecer el rendimiento de los cultivos y disminuir emisiones de óxido nitroso. En un contexto de fertilizantes costosos y cadenas globales frágiles, esa combinación puede convertirse en una herramienta relevante para productores que buscan estabilidad productiva y mayor sostenibilidad.
Referencias
https://phys.org/news/2026-04-nitrogen-fertilizer-soil-crops.html
https://doi.org/10.1002/ldr.70282
