La Universidad de Nueva Inglaterra, en Australia, propone un estándar de extracción aplicable a distintas texturas de suelo para proteger la producción agrícola y la salud humana
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La contaminación por microplásticos en suelos agrícolas necesita métodos de medición más precisos, comparables y accesibles. Esa es la base del trabajo desarrollado en la University of New England, UNE, en Australia, donde un equipo de investigación liderado por la candidata doctoral Nivetha Sivarajah elaboró un nuevo marco multicriterio para identificar el método más eficaz de extracción de microplásticos en distintos tipos de suelo.
El estudio, publicado en la revista científica Soil Advances, propone un procedimiento que los investigadores presentan como un nuevo estándar de referencia para el análisis de suelos y la extracción de microplásticos. Su importancia está en que actualmente no existe un método único ampliamente estandarizado para medir este tipo de contaminación en suelos agrícolas, lo que dificulta conocer con precisión la magnitud real del problema.
El equipo de la UNE evaluó cómo extraer seis tipos comunes de plásticos desde diferentes texturas de suelo, considerando al mismo tiempo recuperación, integridad espectral, tiempo de extracción, costo e impacto ambiental. Esa combinación de criterios permitió seleccionar un método que no solo recupera una alta proporción de microplásticos, sino que también puede ser adoptado por laboratorios con recursos limitados.
Una metodología pensada para ser usada en distintos países
El desarrollo liderado por Nivetha Sivarajah no se enfocó únicamente en lograr precisión técnica. El costo fue uno de los criterios centrales del diseño, porque un método caro limita su aplicación en regiones con menos recursos. La investigadora destacó que cuanto más barato sea el procedimiento, mayores serán las posibilidades de adopción, especialmente en zonas de bajo nivel socioeconómico.
El método optimizado combina una secuencia de digestión de materia orgánica seguida por separación por densidad. Con ese procedimiento, el equipo alcanzó una recuperación superior al 92% de los microplásticos analizados. El costo estimado fue de aproximadamente 5,47 dólares australianos por muestra, con el uso de reactivos de bajo impacto ambiental.
La relación causa y resultado es concreta: al integrar digestión orgánica y separación por densidad dentro de un marco que también evalúa costo, tiempo, recuperación e impacto ambiental, el proceso permite extraer microplásticos de forma más eficiente y barata; esa mejora técnica puede facilitar mediciones comparables entre laboratorios y ayudar a conocer mejor la contaminación real de los suelos agrícolas.
Seis plásticos comunes y distintas texturas de suelo
Uno de los aportes centrales del trabajo fue comparar la eficacia del método frente a seis tipos comunes de plásticos presentes en suelos con diferentes texturas. Esta decisión es relevante porque los suelos agrícolas no se comportan de manera uniforme: la textura puede influir en la retención de partículas, en la separación de materiales y en la recuperación final de los microplásticos.
El marco multicriterio diseñado por el equipo de la University of New England permitió ponderar varios factores al mismo tiempo. La recuperación indica cuántas partículas logran extraerse. La integridad espectral permite comprobar si los plásticos recuperados conservan características útiles para su identificación. El tiempo de extracción determina la viabilidad operativa del método. El costo define si el procedimiento puede utilizarse de manera amplia. El impacto ambiental evalúa si los reactivos y pasos técnicos no generan una carga adicional innecesaria.
La combinación de esos criterios evita que el método sea elegido solo por una variable. Un procedimiento podría ser muy preciso, pero demasiado caro; otro podría ser rápido, pero ambientalmente problemático; otro podría recuperar partículas, pero alterar su identificación. La propuesta de la UNE busca equilibrar esos factores para ofrecer una herramienta útil tanto para investigación como para vigilancia ambiental agrícola.
Por qué los suelos agrícolas están bajo presión
Los suelos agrícolas acumulan plásticos por distintas vías descritas por el equipo de investigación. Entre ellas se encuentran películas de acolchado, biosólidos, lodos de depuradora, mallas de sombreo y residuos que se degradan con el tiempo hasta formar microplásticos.
Ese proceso tiene implicaciones productivas y sanitarias. La presencia de microplásticos en suelos agrícolas representa una amenaza para la salud del suelo, los rendimientos de los cultivos, la seguridad alimentaria y la calidad de las aguas subterráneas. Además, estas partículas pueden transferirse a través de la cadena alimentaria y convertirse en un riesgo para la salud humana.
El valor del método desarrollado por la UNE está en que permite avanzar desde una preocupación general hacia una medición más concreta. Para proteger suelos agrícolas no basta con saber que los microplásticos existen; es necesario cuantificarlos, compararlos entre regiones y entender cómo se comportan en diferentes condiciones edáficas.
Una base para estándares globales
Nivetha Sivarajah indicó que actualmente no se dispone de un método estándar para este tipo de análisis. Por eso, una vez adoptado, el procedimiento podría ayudar a comprender con mayor precisión la verdadera extensión de la contaminación por microplásticos en suelos agrícolas.
La estandarización es importante porque los resultados dispersos o generados con métodos incompatibles dificultan la toma de decisiones. Si distintos laboratorios usan procedimientos muy diferentes, las mediciones pueden no ser comparables. En cambio, un método accesible, de bajo costo y con alta recuperación puede contribuir a construir datos más sólidos sobre la magnitud del problema.
El estudio ofrece una base para que científicos de diferentes países avancen hacia estándares globales. La accesibilidad económica del método es una de sus fortalezas, ya que permite que no quede restringido a laboratorios con mayor financiamiento o equipamiento especializado.
De Australia a los arrozales de Sri Lanka
El trabajo no queda cerrado con la publicación científica. Sivarajah ya está aplicando el método a muestras de suelo recogidas en Sri Lanka para estudiar la abundancia de microplásticos en arrozales del país. Esa etapa permitirá poner a prueba el procedimiento en condiciones reales y en un sistema agrícola de alta importancia alimentaria.
La investigadora también analizará cómo migran los microplásticos a través de distintas capas del suelo, especialmente en áreas donde se utiliza compost de residuos sólidos municipales. Ese punto es relevante porque no todas las partículas permanecen en la superficie. Comprender su movimiento vertical puede ayudar a evaluar riesgos para raíces, capas profundas del suelo y aguas subterráneas.
La investigación se desarrolla dentro del UNE Pollution Science Research Group, desde donde Sivarajah continuará probando el método en campo. El paso hacia muestras de Sri Lanka refuerza la dimensión internacional del trabajo y su posible utilidad para países agrícolas con necesidades urgentes de monitoreo ambiental.
Un avance técnico con implicaciones agrícolas
Para el sector agropecuario, el aporte principal del método está en convertir una amenaza difícil de medir en un fenómeno más rastreable. Los microplásticos pueden llegar al suelo mediante prácticas o insumos usados en la producción, pero también por residuos y materiales externos al manejo directo del agricultor. Sin herramientas confiables de extracción y análisis, la magnitud del problema queda parcialmente oculta.
El procedimiento de la University of New England permite recuperar más del 92% de las partículas evaluadas, mantener criterios de identificación, reducir costos y emplear reactivos con menor impacto ambiental. Esa combinación es clave para que el análisis de microplásticos no sea solo una capacidad de investigación avanzada, sino una herramienta potencialmente replicable en distintos territorios.
La lectura práctica es clara: si los laboratorios pueden extraer y medir microplásticos de manera más barata y estandarizada, los agricultores, investigadores y autoridades tendrán mejores datos para evaluar riesgos en suelos productivos. Eso puede apoyar decisiones sobre manejo de residuos, uso de compost, monitoreo de biosólidos, control de plásticos agrícolas y protección de la calidad del suelo.
Medir mejor para proteger suelo, agua y alimentos
El método desarrollado en la UNE no elimina por sí solo la contaminación por microplásticos, pero sí mejora la capacidad para detectarla y compararla. En suelos agrícolas, esa diferencia es decisiva. Un problema que no se mide con precisión difícilmente puede gestionarse de manera eficaz.
La investigación liderada por Nivetha Sivarajah aporta un marco técnico que combina recuperación, calidad analítica, rapidez, costo y menor impacto ambiental. Al hacerlo, abre la puerta a una vigilancia más amplia de los microplásticos en suelos agrícolas y a una discusión más concreta sobre sus efectos en la producción de alimentos, la salud del suelo, las aguas subterráneas y la salud humana.
En un escenario donde los plásticos agrícolas, los biosólidos, los lodos y los residuos degradados siguen incorporándose a los sistemas productivos, disponer de una metodología accesible puede marcar una diferencia. La propuesta de la University of New England apunta precisamente a eso: ofrecer una herramienta que permita medir mejor para proteger mejor.
Referencias
Phys.org. Low-cost method could standardize microplastic extraction from soils worldwide.
https://phys.org/news/2026-04-method-standardize-microplastic-soils-worldwide.html
