Un estudio de la Universidad de Manchester advierte brechas entre las exigencias europeas y la realidad de trazabilidad del sector bovino de Brasil
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Las nuevas reglas europeas contra la deforestación abren un desafío complejo para el comercio agropecuario global. Una investigación de la Universidad de Manchester advierte que existen brechas importantes entre las exigencias del Reglamento de la Unión Europea sobre productos libres de deforestación y la forma en que funciona en la práctica la gobernanza de la carne bovina en Brasil.
El estudio, publicado en la revista Global Policy, analiza el caso del sector brasileño de la carne vacuna, uno de los mayores exportadores del mundo y una actividad vinculada históricamente con la presión sobre ecosistemas tropicales. Sus autores sostienen que una regulación importadora puede tener límites si no se ajusta a las instituciones, sistemas de monitoreo y realidades productivas del país proveedor.
Qué exige el reglamento europeo
El Reglamento de Productos Libres de Deforestación de la Unión Europea, conocido como EUDR por sus siglas en inglés, exige que empresas importadoras demuestren que productos como carne bovina, soja, cacao, café, aceite de palma y madera no están vinculados a deforestación.
Las compañías que no cumplan con la norma pueden enfrentar multas o quedar excluidas del mercado europeo. En la práctica, esto obliga a reforzar controles de origen, documentación, legalidad, transparencia y trazabilidad agroexportadora.
La investigación cobra relevancia porque el Reino Unido evalúa endurecer su propio enfoque frente a las importaciones asociadas a deforestación. Organizaciones ambientales y responsables de política pública han señalado la legislación europea como posible modelo, pero el estudio plantea que copiarla sin ajustes podría generar problemas similares.
Brasil, carne bovina y presión ambiental
Brasil ocupa una posición central en el comercio mundial de carne bovina. Su escala ganadera, su capacidad exportadora y su presencia en mercados internacionales lo convierten en un caso clave para evaluar la eficacia real de las normas ambientales aplicadas al comercio agrícola.
En Mundo Agropecuario se ha abordado previamente cómo Brasil combina fortaleza productiva con desafíos ambientales, especialmente por la presión sobre biodiversidad, trazabilidad y aceptación de sus productos en mercados cada vez más exigentes. Ese equilibrio entre auge agrícola y pérdida de biodiversidad vuelve a aparecer en este estudio.
La ganadería brasileña cuenta con bases de datos ambientales y pecuarias amplias, pero el problema central no es solo la existencia de información. La dificultad está en integrar esos sistemas de forma que permitan seguir el ganado durante toda la cadena de suministro.
Tres brechas principales
Los investigadores identificaron tres obstáculos principales para la implementación efectiva de las reglas europeas en el sector bovino brasileño.
La primera brecha está en la definición de bosque. Grandes áreas del Cerrado brasileño, un ecosistema bajo fuerte presión ambiental, quedan fuera de la definición europea de bosque. Para los autores, esto crea un vacío relevante porque una parte de la conversión de tierras puede producirse en zonas que no encajan plenamente en esa categoría regulatoria.
La segunda brecha está en la fragmentación de los sistemas de monitoreo y trazabilidad. Brasil dispone de registros ambientales y ganaderos extensos, pero no siempre están bien conectados. Esa falta de integración dificulta comprobar el recorrido completo del ganado desde la finca de origen hasta el punto de exportación.
La tercera brecha está en el cambio de los flujos comerciales globales. Europa fue durante años un destino importante para la carne brasileña, pero China compra actualmente alrededor del 60% de las exportaciones de carne bovina de Brasil, mientras que la Unión Europea representa cerca del 5%. Esa diferencia reduce la capacidad europea de condicionar por sí sola el comportamiento del mercado.
El riesgo de mover el problema, no resolverlo
El estudio advierte que las regulaciones impulsadas por mercados consumidores ricos pueden trasladar costos de cumplimiento a productores, ganaderos y proveedores de países exportadores. El impacto puede ser mayor para pequeños productores o actores con menos recursos para adaptarse a sistemas complejos de documentación y verificación.
Este punto resulta clave para el agro latinoamericano. Las exigencias ambientales pueden abrir oportunidades de diferenciación, pero también aumentar costos si no van acompañadas de apoyo técnico, inversión y reglas claras. En análisis recientes sobre Brasil, Mundo Agropecuario ya ha señalado que el rodeo bovino mantiene una fortaleza estructural, aunque bajo creciente presión por exigencias ambientales y trazabilidad.
Para los autores, el riesgo es que el cumplimiento termine convertido en una cuestión de papeleo más que en una mejora ambiental efectiva. Si las reglas no se conectan con los sistemas reales de gobernanza, podrían desviar comercio hacia otros mercados sin reducir necesariamente la deforestación.
Cooperación, trazabilidad y apoyo técnico
La investigación plantea que las normas de importación tienen más posibilidades de funcionar cuando se combinan con inversión en trazabilidad, apoyo técnico y cooperación entre países importadores y productores.
Entre las recomendaciones aparecen una mayor integración de los sistemas brasileños de monitoreo ambiental, respaldo para pequeños productores y armonización de definiciones y estándares. El objetivo no sería únicamente bloquear productos, sino construir condiciones para que las cadenas ganaderas puedan demostrar mejor su origen y su cumplimiento ambiental.
El antecedente de otros productos agrícolas muestra que la trazabilidad ya se convirtió en una condición comercial decisiva. En el caso del cacao, por ejemplo, las nuevas exigencias ambientales internacionales han impulsado un debate sobre origen, certificación y controles en el comercio agrícola internacional.
Una señal para el Reino Unido y otros mercados
John James Loomis, autor principal del estudio e investigador del Global Development Institute de la Universidad de Manchester y de la Fundação Getulio Vargas, señaló que el reglamento europeo representa un cambio importante en la gobernanza global de la sostenibilidad, pero que las reglas por sí solas no bastan.
El investigador advirtió que el éxito depende de la alineación entre las nuevas normas y las instituciones, sistemas de monitoreo y realidades de los países productores. Sin esa conexión, existe el riesgo de que el cumplimiento se mida más por documentos que por resultados ambientales.
El profesor Khalid Nadvi, coautor del trabajo y profesor de Desarrollo Internacional en la Universidad de Manchester, sostuvo que los esfuerzos para combatir la deforestación importada deben trabajar con los países productores, no limitarse a imponer nuevos requisitos. Para el investigador, la gobernanza ambiental efectiva requiere cooperación, fortalecimiento de capacidades y responsabilidad compartida en las cadenas globales.
Un desafío comercial y ambiental para la carne bovina
El caso brasileño muestra que la lucha contra la deforestación asociada al comercio agropecuario no depende únicamente de aprobar normas más estrictas. También requiere sistemas de trazabilidad interoperables, definiciones compatibles, incentivos para productores y coordinación internacional.
Para la carne bovina de Brasil, el EUDR representa una presión adicional en un mercado global cada vez más atento al origen de los alimentos. Para la Unión Europea, el Reino Unido y otros compradores, el reto será convertir las exigencias ambientales en resultados reales sin desplazar el problema hacia otros destinos comerciales.
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