Agricultura

Un estudio revela reservas ocultas de potasio en suelos agrícolas

Publicado el 04/11/2026 ·

Investigadores de Israel comprobaron que entre el 50 % y el 74 % del potasio absorbido por plantas de alfalfa sin fertilización potásica adicional procedía de reservas minerales que los análisis convencionales no contabilizan como fácilmente disponibles.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

Una investigación desarrollada en Israel ha demostrado que determinados suelos agrícolas pueden suministrar a los cultivos cantidades importantes de potasio que no aparecen reflejadas en las mediciones convencionales de disponibilidad inmediata de este nutriente. El estudio, difundido el 2 de noviembre de 2026 por la Universidad Hebrea de Jerusalén, aporta nuevos resultados sobre el comportamiento de las reservas minerales del suelo y sus implicaciones para la fertilización agrícola.

El trabajo fue dirigido por la investigadora Shikma Zaarur, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en colaboración con Ran Erel, de la Organización de Investigación Agrícola de Israel, conocida como Instituto Volcani. También participaron especialistas del Servicio Geológico de Israel y de la Universidad Ben-Gurión del Néguev.

Los investigadores comprobaron que las plantas de alfalfa podían obtener cantidades considerables de potasio procedentes de minerales del suelo, incluso cuando ese elemento no figuraba como inmediatamente disponible en los análisis utilizados habitualmente para orientar las aplicaciones de fertilizantes.

Los resultados, publicados en la revista científica Plant and Soil, plantean la necesidad de estudiar con mayor detalle cómo se libera el potasio mineral durante el crecimiento de los cultivos y hasta qué punto los procedimientos convencionales representan su capacidad real de suministro.

Un experimento de 13 meses con tres suelos diferentes

El equipo científico realizó un experimento de invernadero durante 13 meses, utilizando tres tipos de suelo representativos de ambientes agrícolas mediterráneos de Israel.

El primero fue un suelo arcilloso procedente de la llanura costera. El segundo correspondía a un suelo de loess del Néguev occidental, mientras que el tercero era un suelo arenoso rojizo de la región de Rehovot.

Estas diferencias permitieron comparar materiales con distintas características minerales y capacidades de suministro de nutrientes.

Como cultivo experimental se utilizó alfalfa, una especie forrajera con una demanda elevada de potasio y capacidad de producir múltiples cortes durante su desarrollo.

Durante el ensayo, los investigadores realizaron 16 cosechas y siguieron tanto la absorción del nutriente por las plantas como los cambios químicos registrados en los suelos.

El diseño experimental permitió observar el comportamiento del potasio durante un período prolongado de crecimiento intensivo, en lugar de limitar la evaluación a una única cosecha.

Los resultados mostraron que la cantidad de potasio absorbida por las plantas superaba ampliamente lo que podía explicarse mediante las reservas inicialmente identificadas como fácilmente disponibles y los aportes naturales considerados en el balance.

Hasta el 74 % del potasio procedía de reservas minerales

Uno de los resultados más relevantes fue la contribución del potasio no intercambiable, es decir, aquel que permanece asociado a componentes minerales del suelo y que no se detecta mediante los procedimientos habituales como parte de la fracción inmediatamente disponible.

En las plantas cultivadas sin fertilización potásica adicional, entre el 50 % y el 74 % del potasio absorbido procedía de esas reservas.

Además, la absorción total alcanzó valores entre dos y casi cuatro veces superiores a los que podían justificarse mediante las mediciones convencionales de potasio disponible y los aportes naturales contabilizados.

Estos resultados indican que determinados minerales pueden liberar potasio durante el crecimiento de los cultivos a un ritmo agronómicamente relevante.

La investigación no demuestra que todos los suelos posean reservas equivalentes ni que los agricultores puedan prescindir de la fertilización potásica.

Lo que establece es que, bajo las condiciones evaluadas, una parte considerable de la nutrición vegetal dependió de una fuente que no quedaba adecuadamente representada por los indicadores convencionales de disponibilidad.

Los análisis habituales podrían subestimar el suministro natural

El potasio es uno de los tres macronutrientes principales para las plantas, junto con el nitrógeno y el fósforo.

Participa en numerosos procesos fisiológicos, entre ellos la regulación del equilibrio hídrico, el funcionamiento de los estomas, la actividad enzimática y el transporte de sustancias dentro de los tejidos vegetales.

Las recomendaciones de fertilización suelen apoyarse en análisis que determinan las cantidades de potasio intercambiable presentes en el suelo.

Esta fracción representa una parte importante del nutriente accesible para las raíces, pero no necesariamente refleja toda la capacidad de suministro del terreno durante un ciclo agrícola.

El nuevo estudio demuestra que las reservas minerales pueden participar activamente en la nutrición de las plantas y que su contribución depende de las características del suelo.

La importancia de revisar periódicamente los criterios de diagnóstico también aparece en las investigaciones de fertilidad agrícola desarrolladas por la Universidad de Arkansas, donde los análisis de laboratorio se utilizan para evaluar y actualizar recomendaciones de manejo de nutrientes.

El trabajo israelí aborda un mecanismo diferente: no estudia solamente cómo interpretar las concentraciones medidas, sino también cuánto potasio adicional pueden liberar los minerales mientras las plantas están creciendo.

Los suelos arcillosos y arenosos respondieron de forma distinta

La investigación encontró diferencias importantes entre los tres suelos utilizados.

En el suelo arcilloso, que disponía de reservas minerales relativamente abundantes, la aplicación adicional de potasio produjo escasas mejoras en la biomasa total de la alfalfa.

Esto sugiere que el suministro natural del terreno fue suficiente para sostener buena parte de las necesidades nutricionales del cultivo durante el experimento.

En cambio, el suelo arenoso rojizo, caracterizado por una menor disponibilidad de potasio, mostró una respuesta positiva a la fertilización.

En ese material, la aplicación del nutriente incrementó aproximadamente un 13,5 % la biomasa vegetal.

La diferencia es importante porque demuestra que la respuesta a un fertilizante no depende exclusivamente de la especie cultivada o de la cantidad aplicada.

También intervienen la composición mineral del suelo, sus reservas nutricionales y la capacidad de liberar esos elementos durante el desarrollo de las raíces.

En otros sistemas agrícolas se han observado respuestas productivas a formulaciones que combinan varios nutrientes. Por ejemplo, un ensayo realizado en India evaluó una fertilización multinutriente para maíz de secano y registró mejoras de rendimiento bajo las condiciones específicas del experimento.

Ambos trabajos refuerzan la necesidad de adaptar la fertilización al cultivo y al suelo, aunque no son directamente comparables porque utilizaron especies, tratamientos y condiciones experimentales diferentes.

Los minerales arcillosos liberaron potasio durante el cultivo

Para identificar el origen del potasio adicional, los investigadores utilizaron un procedimiento geoquímico basado en el análisis de las relaciones entre potasio y rubidio.

Este enfoque permitió examinar la contribución de las reservas minerales al suministro del nutriente absorbido por las plantas.

Los resultados señalaron a los minerales arcillosos como una fuente principal del potasio que no estaba incluido en la fracción intercambiable inicialmente medida.

El hallazgo es relevante porque estos minerales suelen considerarse depósitos de nutrientes cuya liberación puede ser lenta.

Sin embargo, el experimento mostró que, en determinadas condiciones, esa liberación puede ocurrir a una velocidad suficiente para contribuir significativamente a la nutrición de un cultivo durante meses.

La investigadora Shikma Zaarur explicó que el suelo debe entenderse como un sistema dinámico, capaz de responder a la demanda de nutrientes de las plantas mediante procesos de liberación mineral.

Esta interpretación modifica la manera de evaluar las reservas del terreno: una concentración relativamente baja de potasio intercambiable no significa necesariamente que el suelo carezca de otras fuentes capaces de suministrarlo.

Pero tampoco significa que esas fuentes sean ilimitadas o que puedan mantener indefinidamente la productividad sin reposición de nutrientes.

La investigación podría mejorar las recomendaciones de fertilización

Uno de los posibles beneficios del hallazgo es el desarrollo de métodos de diagnóstico que permitan estimar con mayor precisión la capacidad total de suministro de potasio de los suelos agrícolas.

Si los análisis convencionales subestiman esa capacidad en determinados terrenos, las recomendaciones basadas exclusivamente en ellos podrían conducir a aplicaciones superiores a las necesarias.

Sin embargo, la investigación todavía no establece nuevas dosis comerciales ni propone sustituir los protocolos actuales de fertilización.

Los autores consideran necesario ampliar los estudios para determinar cómo incorporar las reservas minerales a los sistemas de diagnóstico y recomendación agronómica.

La gestión de nutrientes constituye un asunto importante tanto para la rentabilidad de las explotaciones como para la protección de los recursos naturales.

En ese contexto, otra investigación sobre la interacción entre humedad, fertilización y fósforo en los suelos agrícolas mostró que la disponibilidad de agua y las prácticas de manejo pueden modificar el destino de los nutrientes a largo plazo.

Aunque el fósforo y el potasio presentan comportamientos químicos diferentes, ambos casos ilustran por qué las decisiones de fertilización requieren comprender los procesos que ocurren dentro del suelo y no solamente las cantidades aplicadas.

Las reservas minerales también pueden agotarse

Los investigadores advierten que la presencia de potasio no intercambiable no debe interpretarse como una fuente inagotable de fertilidad.

Cuando las plantas absorben nutrientes y la biomasa cosechada se retira de la explotación, parte de esos elementos sale del sistema productivo.

Si la extracción supera de manera persistente la reposición, las reservas del suelo pueden disminuir con el tiempo.

En el caso de la alfalfa, la elevada frecuencia de cosechas permite retirar cantidades importantes de nutrientes, por lo que resulta especialmente necesario considerar el balance nutricional de la explotación.

El estudio demuestra que los minerales pueden contribuir al suministro de potasio durante un período de crecimiento intensivo, pero no determina cuánto tiempo podrían sostener ese aporte bajo sucesivas campañas comerciales.

Por esa razón, los autores subrayan la necesidad de combinar el conocimiento de las reservas minerales con una planificación que conserve la fertilidad a largo plazo.

Reducir aplicaciones innecesarias y evitar el agotamiento del suelo son objetivos complementarios, no contradictorios.

Los resultados todavía necesitan comprobarse en condiciones de campo

La investigación fue realizada en invernadero, con tres suelos específicos y un cultivo de alta demanda potásica.

Este diseño permitió controlar las condiciones experimentales y seguir detalladamente la absorción de nutrientes, pero no reproduce todas las variables que intervienen en una explotación agrícola comercial.

En campo abierto, la disponibilidad de agua, la temperatura, la estructura del suelo, el desarrollo de las raíces y las interacciones con otros nutrientes pueden modificar la liberación y absorción de potasio.

También será necesario estudiar cómo se comportan las reservas minerales en otras especies agrícolas y bajo diferentes regímenes de fertilización.

Los investigadores destacan que sus resultados son especialmente relevantes para ambientes mediterráneos con suelos alcalinos, aunque todavía no permiten establecer recomendaciones generales para todos los sistemas agrícolas de esa región.

La siguiente etapa científica deberá comprobar si los mecanismos observados se mantienen en condiciones productivas reales y cómo pueden incorporarse a los procedimientos utilizados por laboratorios y servicios de asesoramiento agronómico.

Un nuevo elemento para comprender la fertilidad agrícola

El principal aporte de la investigación israelí consiste en demostrar experimentalmente que una proporción considerable del potasio absorbido por la alfalfa puede proceder de reservas minerales que no se consideran fácilmente disponibles en los análisis convencionales.

La magnitud de esa contribución, situada entre el 50 % y el 74 % en las plantas sin fertilización potásica adicional, pone de manifiesto la importancia de la composición mineral del suelo.

La respuesta diferente de los suelos arcillosos y arenosos también confirma que las necesidades de fertilización deben evaluarse según las características de cada terreno.

El trabajo abre una línea de investigación orientada a mejorar la precisión de los diagnósticos nutricionales, evitar aplicaciones innecesarias y proteger las reservas minerales que sostienen la productividad.

Antes de modificar las recomendaciones comerciales, será necesario comprobar estos resultados mediante ensayos de campo y evaluar cómo evoluciona el suministro natural de potasio durante períodos más prolongados.

Fuentes referenciales:
Universidad Hebrea de Jerusalén — Comunicación científica difundida el 2 de noviembre de 2026
Plant and Soil — Non-exchangeable K sustains plant K uptake in alkaline Mediterranean soils, DOI: 10.1007/s11104-026-09118-x