Rothamsted Research detectó resistencia a fungicidas SDHI en el 95 % de los aislados británicos analizados de Plenodomus biglobosus, patógeno responsable del cancro del tallo por Phoma.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de Rothamsted Research, en Reino Unido, identificaron por primera vez resistencia a fungicidas inhibidores de la succinato deshidrogenasa, conocidos como SDHI, en poblaciones del hongo Plenodomus biglobosus, uno de los patógenos responsables del cancro del tallo por Phoma en la colza. El hallazgo adquiere relevancia agrícola porque el 95 % de los aislados británicos estudiados resultaron resistentes a dos fungicidas de este grupo, mientras que entre los aislados procedentes de Polonia la proporción fue de solo el 6 %.
El trabajo, realizado por Kevin M. King y Jonathan S. West y publicado en septiembre de 2026 en la revista científica Pest Management Science, constituye el primer informe confirmado de resistencia a los SDHI en P. biglobosus a escala mundial. Los científicos advierten, sin embargo, que los resultados proceden principalmente de ensayos de sensibilidad realizados en laboratorio y que todavía es necesario establecer cuál será su repercusión concreta sobre el control de la enfermedad en condiciones de campo.
La investigación aporta una nueva señal sobre un problema que afecta a distintos sistemas agrícolas. La resistencia a fungicidas ya representa un desafío creciente para el manejo sanitario de los cultivos, debido a la capacidad de las poblaciones de hongos para responder a una presión de selección continuada y reducir progresivamente la eficacia de determinados principios activos.
El 95 % de los aislados británicos mostró resistencia
Los investigadores analizaron aislados de P. biglobosus recolectados en Reino Unido durante 2025 y en Polonia durante 2024. Las pruebas evaluaron su sensibilidad a boscalid y fluxapyroxad, dos fungicidas pertenecientes al grupo de los SDHI, clasificado como grupo 7 por el Comité de Acción para la Resistencia a Fungicidas.
De los 20 aislados británicos examinados, 19 fueron clasificados como resistentes, equivalente al 95 %. En la población polaca, solo uno de 17 aislados, aproximadamente el 6 %, presentó resistencia. La diferencia entre ambos grupos permitió identificar una presencia especialmente elevada del fenómeno en las muestras procedentes de Reino Unido.
Algunos aislados británicos presentaron hasta una reducción de 500 veces en su sensibilidad a los fungicidas analizados bajo condiciones de laboratorio. Esto no significa que todos los tratamientos comerciales hayan perdido automáticamente su eficacia en los campos británicos, pero sí demuestra una modificación muy considerable de la respuesta del patógeno frente a estos compuestos.
La situación refuerza la importancia de utilizar los productos fitosanitarios dentro de programas de manejo que consideren la presión real de enfermedad, la sensibilidad del patógeno y otros métodos agronómicos. Este principio también se aplica en cereales, donde un manejo más preciso de los fungicidas puede proteger la sanidad del cultivo y reducir aplicaciones innecesarias.
Mutaciones explican la pérdida de sensibilidad a los SDHI
Los fungicidas SDHI actúan interfiriendo con la enzima succinato deshidrogenasa, indispensable para procesos metabólicos fundamentales de los hongos. El estudio identificó mutaciones en los genes que codifican esta enzima en los aislados resistentes de P. biglobosus.
Los científicos encontraron sustituciones de aminoácidos asociadas con la resistencia y demostraron que determinadas variantes estaban relacionadas con importantes cambios en la sensibilidad a boscalid y fluxapyroxad. El análisis proporciona así una explicación molecular del comportamiento observado durante los ensayos.
Otro resultado relevante es que los investigadores encontraron pocas evidencias de que las mutaciones responsables de la resistencia impongan una penalización importante sobre la aptitud biológica del patógeno. Este aspecto resulta significativo porque, si los hongos resistentes pueden sobrevivir y reproducirse sin una desventaja considerable frente a los sensibles, las variantes resistentes podrían persistir en las poblaciones agrícolas.
La adaptación de los patógenos a los productos fitosanitarios constituye precisamente uno de los motivos por los que los especialistas recomiendan integrar diferentes estrategias de protección. Las medidas preventivas contra las enfermedades fúngicas incluyen decisiones sobre variedades, rotaciones, manejo agronómico, vigilancia sanitaria y aplicación de fungicidas únicamente cuando las condiciones justifican el tratamiento.
Dos hongos participan en el cancro del tallo por Phoma
El cancro del tallo por Phoma es una de las enfermedades importantes de la colza y está asociado principalmente con dos especies estrechamente relacionadas: Plenodomus lingam, anteriormente conocido como Leptosphaeria maculans, y Plenodomus biglobosus, también denominado históricamente Leptosphaeria biglobosa.
P. lingam ha recibido tradicionalmente mayor atención científica, pero P. biglobosus ha adquirido creciente importancia en cultivos británicos y europeos. Ambos patógenos pueden participar en el desarrollo de lesiones foliares y posteriormente afectar los tallos, comprometiendo el funcionamiento de la planta y, cuando la enfermedad alcanza suficiente severidad, reduciendo el rendimiento.
El nuevo estudio resulta particularmente relevante porque los problemas de sensibilidad no se limitan a una única familia química. Rothamsted Research ya había documentado una disminución de la sensibilidad a fungicidas azoles en poblaciones europeas de los patógenos asociados al Phoma.
En 2025, investigaciones del mismo centro confirmaron por primera vez una reducción de sensibilidad a azoles en P. biglobosus relacionada con una mutación en el gen CYP51, objetivo de esa familia de fungicidas. La nueva detección de resistencia a los SDHI amplía por tanto la preocupación sobre la capacidad adaptativa del patógeno.
La resistencia no implica abandonar inmediatamente los fungicidas
Los autores del estudio insisten en la necesidad de diferenciar los resultados de laboratorio de la eficacia agronómica en campo. Una reducción pronunciada de sensibilidad in vitro constituye una señal de alerta y justifica intensificar la vigilancia, pero se necesitan ensayos adicionales para determinar hasta qué punto esa resistencia puede traducirse en fallos de control del cancro por Phoma bajo diferentes condiciones agrícolas.
Este matiz es importante para evitar interpretar el hallazgo como una demostración de que los SDHI han dejado de funcionar en la colza británica. El investigador Kevin King, responsable del trabajo, señaló que la magnitud de la resistencia detectada en las poblaciones del Reino Unido fue llamativa, pero indicó que ahora es necesario determinar su impacto sobre el control de la enfermedad en campo.
La experiencia con otras enfermedades demuestra además que la sensibilidad observada en laboratorio, el momento de aplicación, la presión del patógeno y las condiciones ambientales deben evaluarse conjuntamente. En Europa, por ejemplo, las variaciones de humedad pueden modificar considerablemente la presión de enfermedades fúngicas sobre los cultivos, lo que condiciona también la necesidad y el rendimiento de los tratamientos.
La vigilancia será clave para conservar las herramientas de control
El profesor Jonathan West, coautor de la investigación, destacó la importancia de mantener una vigilancia continuada sobre las dos especies responsables del Phoma. El seguimiento permitiría detectar cambios en la frecuencia de los aislados resistentes y ofrecer señales tempranas cuando comiencen a comprometerse herramientas fitosanitarias utilizadas por los agricultores.
El contexto internacional refuerza esa necesidad. Rothamsted señala que poblaciones de P. lingam resistentes a SDHI ya han sido detectadas recientemente en Australia, aunque todavía no se han confirmado en Europa. El nuevo estudio demuestra ahora que P. biglobosus sí presenta resistencia a este grupo de fungicidas en poblaciones británicas.
Los resultados también respaldan un enfoque de manejo integrado que reduzca la dependencia excesiva de un único mecanismo de acción. La rotación de principios activos cuando esté técnicamente indicada, el empleo de variedades con resistencia genética, la gestión de los residuos vegetales, las rotaciones de cultivos y el seguimiento de las condiciones favorables para la infección pueden contribuir a disminuir la presión de selección sobre los fungicidas.
La búsqueda de alternativas complementarias también está avanzando en otros sistemas productivos. Investigaciones recientes estudian cómo los microorganismos beneficiosos del suelo pueden contribuir a reforzar la defensa de las plantas frente a hongos agrícolas, aunque estas estrategias requieren validación específica antes de trasladarse a programas comerciales de manejo de enfermedades.
Para la colza europea, el descubrimiento realizado por Rothamsted ofrece sobre todo una advertencia temprana. La elevada frecuencia de resistencia encontrada en las muestras británicas y la ausencia aparente de una fuerte penalización biológica para el hongo hacen necesario continuar estudiando su evolución y comprobar si el fenómeno detectado en laboratorio está afectando ya la eficacia de los programas de control en las explotaciones agrícolas.
Fuentes referenciales:
Rothamsted Research
Pest Management Science — estudio científico de Kevin M. King y Jonathan S. West


