Agricultura

Retrasar el riego eleva la rentabilidad de la semilla de alfalfa

Publicado el 05/09/2026 · REDACCION

Un ensayo de cinco años en Australia Meridional obtuvo mejores rendimientos y márgenes cuando el cultivo alcanzó una caída foliar temprana antes de recibir agua


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Camila Herrera R.

Retrasar estratégicamente el riego hasta que las plantas de alfalfa mostraran las primeras señales de caída de hojas permitió aumentar generalmente el rendimiento de semillas y obtener el mayor margen bruto en un ensayo realizado cerca de Keith, en Australia Meridional. Los resultados cuestionan la idea de que una mayor cantidad de agua produce necesariamente más semilla.

La investigación, difundida por AgriFutures Australia, se prolongó durante cinco cosechas y evaluó distintas variedades y niveles de estrés hídrico bajo condiciones comerciales. El tratamiento con el retraso más prolongado del riego produjo aproximadamente entre 0,6 y 0,7 toneladas métricas de semilla por hectárea como promedio durante el periodo estudiado.

La estrategia no consistió en someter la alfalfa a una sequía extrema. Los técnicos esperaron hasta observar una caída foliar incipiente y entonces aplicaron el agua. La intervención fue acompañada por mediciones de humedad del suelo e información meteorológica para evitar que el déficit se volviera severo o persistente.

El ensayo comparó 31 variedades durante cinco cosechas

La experiencia comenzó en junio de 2018 en Warrawee Park, una explotación próxima a Keith. Los investigadores compararon 31 variedades comerciales y de referencia durante un periodo equivalente a la vida productiva de un cultivo destinado a la obtención de semillas.

Cada variedad fue cultivada bajo tres estrategias de riego por inundación. El tratamiento estándar siguió las prácticas habituales de la zona; el nivel de estrés moderado retrasó el suministro de agua hasta que las plantas comenzaron a marchitarse; y el tratamiento denominado de estrés alto esperó hasta la aparición de las primeras señales de caída de hojas.

Los investigadores midieron anualmente la producción de semillas y la cosecha primaveral de heno. También desarrollaron un ensayo separado para evaluar la producción de materia seca y calcularon los márgenes brutos considerando los ingresos por semilla y heno, los costos variables y los gastos de irrigación.

El seguimiento simultáneo de la planta y del suelo fue una parte decisiva del método. La humedad disponible depende de la textura, la profundidad y la capacidad de retención del terreno, factores que también condicionan la productividad y eficiencia hídrica de los suelos arenosos.

El estrés controlado superó al riego convencional

Después del año de establecimiento, la estrategia de mayor estrés produjo generalmente más semillas que el riego estándar. La excepción ocurrió durante la campaña 2021-2022, cuando las lluvias alteraron los tratamientos previstos y las diferencias entre ellos dejaron de ser estadísticamente significativas.

El tratamiento moderado presentó resultados menos consistentes. Esperar solamente hasta que la planta comenzara a marchitarse no generó una mejora fiable frente al manejo convencional, lo que indica que el momento preciso de la intervención resulta más importante que una reducción genérica del agua aplicada.

La respuesta tampoco significa que todo estrés hídrico beneficie a la alfalfa. Permitir una deshidratación intensa o prolongada podría limitar el crecimiento y comprometer la producción. Otros estudios han mostrado que la intensidad del déficit de agua modifica de forma distinta la respuesta de los cultivos, por lo que no conviene trasladar automáticamente una estrategia entre especies o ambientes.

En el ensayo australiano, la caída inicial de hojas funcionó como una señal observable para decidir el momento del riego. Ese indicador estuvo respaldado por datos de humedad y clima, en lugar de utilizarse aisladamente o depender de un calendario fijo.

El margen bruto alcanzó hasta 4.210 dólares por hectárea

El tratamiento de estrés alto consiguió el mayor margen bruto en cada uno de los cuatro años incluidos en el análisis económico. Los resultados se situaron aproximadamente entre 3.064 y 4.210 dólares por hectárea, frente a un intervalo de 2.071 a 3.074 dólares bajo el manejo estándar.

La diferencia respondió a la combinación de rendimientos de semilla generalmente superiores y menores costos de irrigación. Durante el último año analizado, el precio elevado de la semilla amplió además la ventaja económica de la estrategia.

Los autores advierten que esas cantidades corresponden a márgenes comparativos y no al costo completo de producción. Cada agricultor debe incorporar sus propios valores de agua, energía, mano de obra, insumos, maquinaria, heno y semilla antes de estimar la rentabilidad que podría obtener.

La relevancia económica del manejo aumenta en regiones donde el agua de riego representa un recurso limitado o costoso. Ahorrar una aplicación solo aporta valor si la decisión no reduce el ingreso total ni deteriora la persistencia del cultivo.

Cuatro variedades mantuvieron rendimientos destacados

La selección varietal también influyó sobre los resultados. SW18NPK91, SARDI 10 Series II, Heritage 10 y SARDI 7 Series II estuvieron entre las variedades con mayor producción a través de los diferentes tratamientos y temporadas.

Su comportamiento indica que la programación del riego y la genética deben evaluarse conjuntamente. Una variedad capaz de mantener rendimientos comparativamente elevados bajo distintos niveles de humedad puede ofrecer mayor estabilidad, aunque las condiciones de cada campaña continúan influyendo sobre la cosecha.

Los productores también necesitan considerar la adaptación local, la dormancia, la persistencia, la resistencia a enfermedades, la producción de heno y la disponibilidad comercial de semilla. Un buen resultado experimental no convierte automáticamente a una variedad en la opción más adecuada para todas las explotaciones.

La alfalfa es una leguminosa cuya productividad también depende del establecimiento radicular y de la asociación con microorganismos que fijan nitrógeno. El manejo hídrico puede complementarse con prácticas dirigidas a mejorar la actividad biológica y la fertilidad del suelo, siempre que se ajusten a las condiciones de la parcela.

La estrategia debe probarse primero en una superficie pequeña

El ensayo se realizó sobre un suelo franco arenoso y con riego por inundación. Por esta razón, AgriFutures Australia recomienda que los agricultores determinen el retraso seguro según el tipo de suelo, el sistema de irrigación, la capacidad de almacenamiento hídrico, el estado del cultivo y las condiciones meteorológicas.

Una explotación con suelo arcilloso, riego presurizado o clima diferente puede obtener una respuesta distinta. La señal visual de caída foliar tampoco debe sustituir las mediciones disponibles ni la inspección frecuente de las plantas.

Los productores interesados pueden comenzar con una superficie reducida o una sola unidad de riego, manteniendo otra zona bajo el manejo habitual para comparar resultados. El registro de agua aplicada, rendimiento de semilla, producción de heno, costos e ingresos permitiría determinar si la modificación funciona en las condiciones particulares de la finca.

El objetivo agronómico no es restringir el agua indiscriminadamente, sino aplicarla en el momento en que genera mayor valor para la producción de semillas. La experiencia australiana demuestra que un calendario rígido o el riego ante la primera señal de marchitez pueden resultar menos eficientes que una decisión basada en el estado real de las plantas y del suelo.

Fuente referencial:
Phys.org



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