Una simple zona de arena soleada puede ayudar más que muchos hoteles de insectos, porque la mayoría de las abejas silvestres anida en el suelo.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Los hoteles para abejas se han vuelto habituales en jardines, balcones y huertos urbanos, pero no siempre cumplen la función que prometen. Aunque pueden servir para algunas especies, muchos quedan vacíos o benefician solo a una parte reducida de las abejas silvestres. Para la mayoría de ellas, el refugio más importante no está en tubos de bambú ni en pequeñas estructuras de madera, sino en el suelo.
El artículo publicado por Merkur, con base en datos y recomendaciones de organizaciones como WWF, NABU, BUND, Öko-Test y el portal alemán de agricultura ecológica Ökolandbau.de, pone el foco en una alternativa sencilla: el sandario, una superficie de arena seca, soleada y poco cubierta de vegetación donde las abejas que anidan en tierra pueden excavar sus celdas de cría.
Por qué el hotel de abejas no siempre funciona
Cuando se habla de abejas, muchas personas piensan primero en la abeja melífera. Sin embargo, las abejas silvestres cumplen una función decisiva en la polinización de plantas cultivadas y silvestres. En Alemania existen más de 560 especies de abejas silvestres, y solo el 37 % se considera fuera de peligro. Además, 31 especies están amenazadas de extinción, 197 figuran como amenazadas y 42 se encuentran en lista de alerta previa.
El problema es que los hoteles comerciales no responden a la necesidad principal de muchas especies. Aproximadamente tres cuartas partes de las abejas silvestres anidan en el suelo. Por eso, una estructura con cañas, tubos o madera perforada puede ayudar a algunas especies, pero deja fuera a la mayoría. Esta diferencia es clave para entender por qué la conservación de abejas silvestres exige mirar más allá de los refugios decorativos.
Además, muchos hoteles de insectos presentan fallas prácticas: tubos demasiado cortos, cañas mal fijadas, entradas astilladas, materiales de relleno inútiles o incluso tubos de vidrio que favorecen la aparición de hongos en la cría. En esos casos, el objeto puede verse atractivo para el jardín, pero ofrecer poco valor ecológico real.
Qué es un sandario y por qué ayuda
Un sandario es una zona artificial de arena instalada en el jardín para imitar un hábitat natural de nidificación. No requiere una estructura compleja. Lo esencial es ofrecer arena gruesa, sin lavar, con cierta estabilidad, ubicada en un lugar cálido y soleado. Para las abejas que anidan en tierra, esa superficie funciona como espacio de cría.
La idea es simple: las abejas excavadoras necesitan suelo abierto, seco y poco perturbado. En paisajes agrícolas intensivos, jardines demasiado limpios o superficies urbanas selladas, esos lugares desaparecen. Por eso, una pequeña franja de arena puede convertirse en un recurso importante dentro de una estrategia más amplia de protección de polinizadores.
El sandario cumple una doble función. Sirve como sitio de nidificación y, si se maneja bien, también favorece plantas adaptadas a suelos pobres y secos. Algunas de esas plantas ofrecen alimento a especies especializadas de abejas, lo que fortalece la relación entre hábitat, floración y reproducción.
Cómo debe prepararse la zona de arena
La superficie no necesita ser grande. Desde unos 40 por 40 centímetros puede aportar valor si se instala correctamente. El lugar debe recibir sol directo, mantenerse cálido y permitir que el agua drene con rapidez. Si el suelo es arcilloso o muy compacto, conviene añadir una capa de grava o piedra bajo la arena para evitar encharcamientos.
El tipo de arena es determinante. No sirve la arena fina y lavada de parque infantil, porque se desmorona con facilidad y las galerías pueden colapsar. Lo recomendable es usar arena gruesa, sin lavar y con mezcla de tamaños de grano. Una pequeña proporción de arcilla puede aportar estabilidad. Si el material húmedo se compacta en un molde y conserva la forma al secarse, es una buena señal.
La superficie debe quedar abierta y no cubrirse con mallas antihierbas, porque eso bloquearía el acceso de las abejas al suelo. Alrededor pueden colocarse piedras, ramas o madera muerta, que ayudan a contener la arena y ofrecen material adicional. Este enfoque se relaciona con la creación de refugios útiles para insectos polinizadores en espacios cotidianos.
Plantas cercanas, pero sin cubrirlo todo
Un sandario no debe transformarse en un cantero denso. Cuanta más arena abierta conserve, mejor funcionará para las especies excavadoras. En superficies pequeñas, lo más adecuado es dejar la arena libre. En espacios mayores pueden añadirse plantas resistentes a la sequía, siempre de forma moderada.
Entre las plantas mencionadas para zonas cercanas aparecen especies como siempreviva, clavelina, sedum, tomillo rastrero y otros vegetales adaptados a sequedad. En el entorno inmediato también pueden ubicarse hierbas mediterráneas y plantas con flor como romero, tomillo, orégano, salvia, lavanda, campánulas, malvas, cardos o zanahoria silvestre.
La clave es que las abejas encuentren alimento cerca del lugar donde anidan. Esa relación entre flores diversas y presencia de polinizadores coincide con investigaciones sobre flores que benefician a las abejas, donde la variedad vegetal aparece como un factor importante para sostener comunidades más ricas de insectos.
Una herramienta sencilla para jardines y huertos
El valor del sandario no está en reemplazar todas las medidas de conservación, sino en corregir una carencia frecuente. Muchas iniciativas bien intencionadas se concentran en hoteles de insectos, pero olvidan que la mayoría de las abejas silvestres necesita suelo desnudo, seco y soleado. En jardines, huertos urbanos y espacios rurales pequeños, dejar o crear esas superficies puede ser más útil que instalar estructuras decorativas.
La medida también ayuda a cambiar la forma de mirar el jardín. Un espacio favorable para polinizadores no tiene que estar completamente cubierto de césped perfecto ni de flores ornamentales. Puede incluir arena, madera muerta, piedras, hierbas aromáticas y pequeñas zonas sin intervención. Esa diversidad de microhábitats es especialmente valiosa en entornos donde la agricultura intensiva, la urbanización y el sellado del suelo han reducido los refugios naturales.
Las abejas silvestres no representan una amenaza para las personas. Aunque las hembras pueden tener aguijón, su capacidad de picar suele ser limitada y muchas especies son discretas y solitarias. Protegerlas no implica llenar el jardín de insectos agresivos, sino devolverles una pequeña parte del hábitat que necesitan para reproducirse y seguir cumpliendo su función en la polinización agrícola y silvestre.
Fuente(s) referenciales
Merkur: Vergessen Sie das Bienenhotel – es gibt etwas viel Besseres für Wildbienen
