En Veracruz y otras regiones mexicanas, especialistas advierten riesgos para abejas nativas, murciélagos, colibríes, mariposas y cultivos como café, cítricos y vainilla
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
México enfrenta una crisis silenciosa en sus poblaciones de polinizadores. Abejas, mariposas, murciélagos, colibríes, escarabajos y otros insectos sostienen una parte decisiva de la reproducción vegetal y de la productividad agrícola, pero sus poblaciones están siendo presionadas por la pérdida de hábitat, los plaguicidas, la urbanización, el cambio de uso de suelo y el deterioro ambiental.
La alerta adquiere fuerza por la dimensión de las cifras. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza estima que 16.5% de los polinizadores vertebrados, principalmente murciélagos, están en peligro de extinción, mientras que más de 40% de los polinizadores invertebrados, incluidas abejas nativas y manejadas, se encuentran amenazados. En México, donde se reconocen cerca de 10 mil especies de polinizadores, la pérdida de estos organismos comprometería cultivos, ecosistemas y empleos vinculados a las cadenas agroalimentarias.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura calcula que 87.5% de las plantas con flores dependen de animales para su polinización y que alrededor de 35% de la producción mundial de cultivos requiere directamente de polinizadores. Para el campo mexicano, esas cifras no son una abstracción. En zonas productoras de café, cítricos, vainilla, agave, piña o chile habanero, la reducción de polinizadores puede traducirse en menor estabilidad productiva y en mayor vulnerabilidad de los sistemas agrícolas.
Agroquímicos y cambio climático golpean a las abejas
Juan José Pale Lara, director del parque temático La Colmena Palajos y presidente de los criadores de abejas reinas en México, ubica dos factores centrales detrás del riesgo que enfrentan las abejas: el uso de agroquímicos altamente tóxicos y el cambio climático. La combinación de ambos factores está asociada con muerte masiva de colonias, pérdida de colmenas y caída sostenida de la producción.
El problema aparece con especial fuerza en cultivos como piña, chile habanero y cítricos, donde el uso de determinados agroquímicos ha sido señalado como una causa de mortalidad en abejas. Las especies nativas resultan particularmente vulnerables porque son más frágiles y no siempre cuentan con manejo sistemático o protección suficiente. La causa y el resultado son claros: la exposición química en zonas agrícolas deteriora las colonias y reduce la presencia de polinizadores justo en territorios donde la producción depende de ellos.
Pale Lara también advierte otro patrón dañino. En algunas zonas se aprovecha la miel de abejas nativas, pero luego se abandonan las colmenas, lo que acelera su desaparición. Ese abandono, sumado a la exposición a plaguicidas y a los cambios ambientales, coloca a estas especies en una situación más delicada que la de abejas manejadas con mayor regularidad.
Veracruz concentra una diversidad clave de abejas nativas
Veracruz aparece como un territorio especialmente relevante dentro de esta crisis. El estado alberga 23 de las 46 especies de abejas nativas registradas en México, es decir, aproximadamente la mitad de la diversidad nacional conocida. Esa riqueza biológica tiene una relación directa con cultivos de alto valor agrícola y cultural, entre ellos café, cítricos y vainilla.
La situación veracruzana permite entender por qué la pérdida de polinizadores no es solo un asunto ambiental. Si disminuyen las abejas nativas, también se debilitan procesos agrícolas que dependen de ellas. En el caso de la vainilla, Fernando Arana, biólogo y activista de la cuenca alta de La Antigua, destacó la importancia de una abeja específica para su polinización: la euglosina, conocida como abeja de la orquídea.
Arana explicó que en Papantla estas abejas se reproducen, aunque en una porción mínima. También comparó la situación con Madagascar, otro productor de vainilla, donde la polinización ya no ocurre de forma natural y debe realizarse a mano. Ese ejemplo muestra una implicación práctica contundente: cuando desaparece el polinizador adecuado, el trabajo que antes hacía la naturaleza debe ser sustituido por una intervención humana más lenta, costosa y limitada.
Murciélagos, colibríes y mariposas también sostienen el campo
La crisis no se limita a las abejas. Los murciélagos nectatívoros son polinizadores clave del agave, de cactus columnares y de numerosas plantas nativas. Su declive está vinculado con pérdida y perturbación de refugios, destrucción de cuevas, urbanización, expansión agrícola y contaminación por plaguicidas. También se mencionan amenazas asociadas con energía eólica, turismo no regulado y persecución derivada de estigmas sanitarios.
La bióloga Frida Amezcua subrayó que los murciélagos atraviesan un periodo difícil porque la urbanización les ha quitado territorio. Además, su imagen pública ha sido dañada por asociaciones con el miedo o el terror, lo que favorece agresiones contra animales que cumplen una función ecológica y agrícola. Su pérdida implica dejar de contar con auxiliares naturales en el campo.
Las mariposas y polillas también tienen un papel decisivo, especialmente en la polinización nocturna y en plantas con corolas profundas. En México, su disminución se relaciona con fragmentación de ecosistemas, pérdida de plantas hospederas, agroquímicos y alteraciones en los ciclos de floración provocadas por el cambio climático. Durante el Foro por los Polinizadores, especialistas advirtieron que este deterioro forma parte de una tendencia global observada desde los años noventa.
Los colibríes, por su parte, enfrentan riesgos ligados a pérdida de vegetación nativa, urbanización, incendios, reducción de fuentes de néctar y uso de plaguicidas que afectan la floración. México es un centro de diversidad de estas aves, muchas de ellas endémicas. Cuando la deforestación reduce sus refugios, también se debilita la reproducción de plantas que dependen de ellos.
La deforestación y la desinformación agravan el problema
La pérdida de bosques aparece como una amenaza transversal. Fernando Arana señaló que cuando desaparecen los bosques también se pierden colonias de abejas y funciones específicas que muchas veces pasan inadvertidas. Cada especie cumple una tarea dentro del ecosistema, y esa especialización no puede reemplazarse fácilmente cuando el hábitat se degrada.
La desinformación también juega en contra. Gildardo, productor de miel, recordó que la mezcla de poblaciones de abejas africanizadas generó confusión y un ambiente de destrucción contra colmenas que no correspondían a ese problema, como las meliponas. Su planteamiento apunta a una necesidad concreta: conocer mejor las aportaciones de cada especie antes de dañarlas o eliminarlas por temor.
Los especialistas coinciden en que no bastan pequeñas pláticas o talleres aislados. Se requiere una reeducación más amplia, con participación de autoridades y sectores sociales, para reconocer que los polinizadores no son un elemento decorativo de la naturaleza, sino una base funcional de la agricultura y de los ecosistemas.
La consecuencia práctica es directa. Si los polinizadores disminuyen, cultivos y plantas nativas pierden capacidad reproductiva; si se reducen los cultivos dependientes de polinización, las cadenas agroalimentarias quedan expuestas; y si se deterioran los ecosistemas que sostienen a estos animales, la producción agrícola pierde aliados naturales difíciles de reemplazar. En México, la protección de abejas nativas, murciélagos, colibríes, mariposas, polillas y escarabajos ya no es solo una preocupación ambiental: es una condición para sostener parte de la vida agrícola del país.
Referencias
https://www.excelsior.com.mx/nacional/desaparicion-polinizadores-pone-riesgo-vida-y-cultivos
