El largo viaje de una semilla destinada a cambiar la agricultura mundial

Ing. Agr. Gustavo Huesca Perez
Consultor y Analista Agropecuario
Capítulo 3
Cuando los antiguos agricultores chinos comenzaron a cultivar soja hace unos cinco mil años, jamás pudieron imaginar que aquella pequeña leguminosa atravesaría continentes y océanos hasta convertirse, hoy, en uno de los pilares de la alimentación mundial.
Su historia es, probablemente, una de las más apasionantes de la agricultura.
Durante siglos, la soja fue parte de la vida cotidiana en China, Corea y Japón. Allí nacieron alimentos que hoy conocemos en todo el mundo, como el tofu, el miso, el natto y la salsa de soja. Mucho antes de que Occidente hablara de proteínas vegetales, millones de personas ya las consumían diariamente.
Mientras tanto, Europa apenas sabía de su existencia.
Recién en los siglos XVII y XVIII comenzaron a llegar noticias sobre aquella curiosa planta oriental. Los primeros viajeros, comerciantes y naturalistas llevaron semillas a jardines botánicos europeos, donde despertó más interés científico que agrícola.
En aquel momento nadie veía en la soja un cultivo con futuro.
Las tierras europeas ya estaban dominadas por cereales tradicionales, y la demanda de proteínas vegetales todavía era limitada. La soja permaneció durante muchos años como una verdadera rareza botánica.
El gran cambio comenzó en los Estados Unidos.
Hacia fines del siglo XIX y principios del XX, investigadores y productores empezaron a estudiar seriamente sus posibilidades. Al principio fue utilizada como forrajera y como cultivo para mejorar los suelos. Sin embargo, muy pronto comprendieron que sus granos ofrecían un potencial enorme para la producción de aceite y proteína.
Ese descubrimiento cambiaría la historia.
A medida que avanzaba el siglo XX, la demanda mundial de aceites vegetales y alimentos balanceados crecía sin pausa. La soja aparecía como la respuesta ideal.
Comenzaron entonces décadas de intenso mejoramiento genético. Su condición de autógama le daba ventajas en esos momentos para la selección genética. Los científicos seleccionaron plantas más productivas, más resistentes a enfermedades, mejor adaptadas a distintos climas y con mayor contenido de aceite y proteínas.
La soja dejaba de ser una curiosidad para transformarse en un cultivo estratégico.
Pero todavía faltaba un capítulo decisivo.
El de Sudamérica.
El encuentro con las pampas
La llegada de la soja a América Latina, México, Brasil y luego a la Argentina fue lenta y casi silenciosa.
Las primeras introducciones ocurrieron a comienzos del siglo XX, principalmente con fines experimentales. Algunas instituciones oficiales y establecimientos educativos realizaron pequeños ensayos para conocer su comportamiento.
En aquellos años nadie imaginaba el futuro que le esperaba.
La explotación agropecuaria argentina estaba dominada por trigo, maíz, lino, girasol y, al mismo nivel, la ganadería. La soja era apenas una promesa lejana.
Recién varias décadas después comenzaron a desarrollarse trabajos más sistemáticos de investigación y selección de variedades adaptadas a nuestras condiciones ambientales.
El gran impulso llegaría a partir de los años sesenta y, especialmente, durante las décadas siguientes.
En mi caso, comencé mis estudios universitarios en la Facultad de Agronomía de la UBA en esos años. La soja apenas era conocida como un cultivo extensivo de poca escala. Recuerdo un profesor de la Cátedra de Oleaginosas, el Ing. Agr Antonio Pascale, un verdadero maestro, que nos hablaba de un cultivo que, según él, iba a ser un “boom” en la Argentina. Se refería a la soja. Se quedó corto.
¡¡¡Podríamos decir, un iluminado, un adelantado!!!
Paralelamente, investigadores del sector público, universidades, empresas semilleras y productores comenzaron a trabajar juntos para adaptar aquel cultivo asiático a las distintas regiones agrícolas argentinas.
Fue esencial la tarea del INTA, que ordenó la investigación, Así nació la clasificación por zonas, elaborada, más que nada por el ciclo del cultivo. En el mundo hay 13 grupos de madurez( Maturity Groups o MG)que identifican la adaptación de las variedades a las distintas latitudes y duración del día. Van desde el MG000 Zonas muy frías
(Canadá) hasta MG X (Zonas tropicales).
En Argentina los grupos más utilizados van desde el grupo III al VIII según la región. Grupos III y IV: sur de Bs As, grupo V y VI en la gran zona pampeana sojera, el corazón de este cultivo) (Santa Fe- Córdoba y Bs As) y los VII y VIII en el NOA y NEA.
No fue un camino sencillo.
Hubo fracasos, variedades que no prosperaron, problemas sanitarios y muchas dudas.
Pero también hubo hombres y mujeres convencidos de que la soja tenía un enorme futuro. El tiempo les dio la razón.
Las excelentes condiciones de nuestros suelos, el clima favorable, la capacidad de innovación de los productores argentinos y el permanente aporte de la investigación permitieron que el cultivo creciera año tras año.
Lo que al principio ocupaba unas pocas hectáreas experimentales terminó extendiéndose sobre millones de hectáreas.
Había comenzado el camino hacia una verdadera revolución agrícola liderada por la soja.
Sin embargo, el crecimiento explosivo todavía estaba por llegar.
Faltaban dos ingredientes decisivos: la siembra directa y la biotecnología.
Ellas serán las protagonistas del próximo capítulo.
Desde mi experiencia
Cuando comencé mi actividad profesional, la soja todavía estaba construyendo su lugar dentro de la agricultura argentina. Tuve la oportunidad de conversar con investigadores, recorrer ensayos y observar cómo cada nueva variedad aportaba un pequeño avance. En aquellos años nadie hablaba de «la soja» como hoy. Era simplemente otro cultivo con un posible potencial.
Yo me había radicado en la zona de Bolívar, que era el corazón girasolero argentino, junto a C. Casares, Pehuajó, Henderson y Daireaux. Allí la soja encontraba una fuerte barrera para entrar. Los productores manejaban desde hacía mucho tiempo otra oleaginosa importante, el girasol, pero poco a poco el girasol fue cediendo el paso y hoy compiten de igual a igual.
Ver cómo, con el tiempo, pasó de ser una alternativa interesante a convertirse en el principal cultivo del país fue una experiencia extraordinaria que tuve el privilegio de vivir desde adentro.
En los próximos capítulos de esta que para mí es una apasionante saga, como ver la evolución de un cultivo que revolucionó la producción agropecuaria mundial, hablaré de las adaptaciones que permitió la soja debido a nuevos sistemas de siembra y de alternancia de cultivos. La gran eficiencia demostrada en las formas de producción, implementadas por la enorme capacidad técnica e innovativa de los productores agropecuarios que, en la Argentina, han dejado en evidencia ser parte del sector más estratégico y una verdadera locomotora que empuja en forma dinámica la economía y una verdadera bisagra, la biotecnología que , con sus materiales transgénicos, produjo un vuelco irreversible en las prioridades de los productores, que encontraron en la soja, un verdadero cultivo estratégico para su economía.
El Ing. Agr. Gustavo Huesca Perez es colaborador destacado de Mundo Agropecuario
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