Suelos que frenan enfermedades de los cultivos


Una investigación en Australia identificó suelos agrícolas capaces de reducir la infección del hongo Sclerotinia sclerotiorum en canola y legumbres


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

En Australia, investigadores de la Universidad Curtin identificaron suelos agrícolas capaces de actuar como una barrera biológica natural frente a una de las enfermedades más dañinas de los cultivos extensivos: la pudrición del tallo por esclerotinia. El trabajo, publicado en la revista Applied Soil Ecology, analizó cómo determinados suelos pueden inhibir la infección y la supervivencia de Sclerotinia sclerotiorum, el hongo responsable de pérdidas importantes en cultivos como la canola y las legumbres.

El hallazgo es relevante porque desplaza parte de la atención desde el patógeno hacia el propio suelo. La investigación muestra que algunos campos no son simplemente menos afectados por casualidad, sino que contienen comunidades microbianas y propiedades químicas capaces de limitar el avance del hongo. Esta mirada coincide con una línea cada vez más fuerte de estudio sobre el microbioma del suelo como componente decisivo para la productividad agrícola.

Un suelo que no actúa como simple soporte

El autor principal del estudio, el doctor Viet-Cuong Han, del Centre for Crop and Disease Management de la Universidad Curtin, explicó que el trabajo resalta el papel del suelo como un sistema biológico vivo y no como un medio pasivo donde solo crecen las plantas. Los investigadores identificaron un suelo que suprime de forma natural a Sclerotinia sclerotiorum al impedir que el hongo infecte las plantas y al inhibir la germinación de sus estructuras de supervivencia en el suelo.

Este punto es clave para la agricultura extensiva australiana, donde la canola y las legumbres forman parte de sistemas productivos muy expuestos a enfermedades de origen fúngico. En el caso de la pudrición del tallo por esclerotinia, el problema no se limita al daño visible en la planta: el patógeno puede persistir en el ambiente agrícola mediante estructuras resistentes, lo que complica su manejo y aumenta el riesgo en campañas posteriores.

Bacterias Bacillus y Streptomyces en el centro del hallazgo

Al comparar en condiciones de campo un suelo supresivo con otro cercano que favorecía la enfermedad, el equipo encontró diferencias claras en la estructura de la comunidad microbiana. Los suelos supresivos estaban enriquecidos con organismos de biocontrol presentes de forma natural, especialmente bacterias de los géneros Bacillus y Streptomyces. Estos microorganismos antagonizan al patógeno, es decir, interfieren con su crecimiento, infección o supervivencia.

El estudio mostró que las bacterias Bacillus tienen un papel central en los suelos capaces de reducir la enfermedad. Además, tanto Bacillus como Streptomyces ayudaron a frenar el crecimiento fúngico y a disminuir la enfermedad en pruebas de laboratorio y en ensayos con plantas. Este tipo de resultado fortalece el interés por los microorganismos del suelo como aliados productivos, especialmente cuando el objetivo es reducir la presión de enfermedades sin depender únicamente de controles químicos.

La investigación también identificó bacterias procedentes de suelos de Australia Occidental que no habían sido descritas previamente como antagonistas de Sclerotinia sclerotiorum. Esto sugiere que los suelos agrícolas locales pueden contener recursos biológicos todavía poco explorados para el manejo de enfermedades de los cultivos.

El microbioma puede transferir parte del efecto protector

Uno de los aspectos más importantes del trabajo es que el efecto supresivo no quedó limitado al suelo original. Bajo condiciones controladas y experimentales, los investigadores comprobaron que un suelo normalmente favorable a la enfermedad podía expresar cierta capacidad de supresión cuando era inoculado con el microbioma procedente del suelo supresivo.

Ese resultado apunta a una posible vía futura: usar comunidades microbianas del suelo como indicadores, herramientas o base para estrategias de manejo biológico. No significa que el hallazgo ya sea una receta de aplicación inmediata en campo, pero sí abre una ruta para estudiar cómo se puede favorecer o introducir una microbiota agrícola útil contra patógenos persistentes.

La idea conecta con otros avances sobre bacterias del suelo como aliadas naturales contra plagas y enfermedades agrícolas, un campo que busca aprovechar organismos beneficiosos para mejorar la protección de cultivos sin sustituir la agronomía de base, sino complementándola.

Menor acidez y relación carbono-nitrógeno más baja

Además de las diferencias microbianas, el equipo encontró que ciertas propiedades del suelo estaban vinculadas con la supresión de la enfermedad. Los suelos menos ácidos y aquellos con niveles más bajos de relación carbono-nitrógeno mostraron mayor capacidad para inhibir al patógeno.

Este dato es importante porque sitúa el manejo del suelo dentro de la estrategia sanitaria del cultivo. No se trata únicamente de identificar bacterias útiles, sino de entender qué condiciones edáficas permiten que esas comunidades microbianas se mantengan activas y funcionales. En otras palabras, la protección biológica depende tanto de los organismos presentes como del ambiente en el que viven.

La profesora Sarita Bennett, coautora del trabajo y subdirectora de la School of Molecular and Life Sciences, señaló que los resultados tienen implicaciones relevantes para las industrias australianas de cultivos extensivos. La pudrición del tallo por esclerotinia se está volviendo cada vez más frecuente en los sistemas agrícolas, y las comunidades microbianas del suelo pueden desempeñar un papel crucial para limitar su prevalencia.

Trabajar con la biología del suelo

El doctor Han destacó que los resultados abren la puerta a futuras estrategias de manejo de enfermedades que trabajen con la biología del suelo, en lugar de depender solo del control químico. Prácticas agronómicas que apoyen la salud edáfica, como mantener la materia orgánica y evitar disturbios innecesarios, podrían favorecer las comunidades microbianas asociadas con la supresión natural de enfermedades.

Esta perspectiva se integra con una visión más amplia de microorganismos aplicados a una agricultura más sostenible, donde la fertilidad, la sanidad vegetal y la resiliencia del sistema productivo se observan como procesos conectados. En el caso de Sclerotinia sclerotiorum, comprender qué microbios participan y qué condiciones del suelo los favorecen puede acercar a los productores a un manejo más biológico de enfermedades persistentes.

El estudio no plantea abandonar las herramientas actuales de protección de cultivos, sino ampliar el enfoque. La supresión natural del suelo puede convertirse en una pieza complementaria dentro de programas integrados que consideren rotación, manejo de residuos, estructura del suelo, materia orgánica, microbiota y presión del patógeno.

Para cultivos como canola y legumbres, el hallazgo ofrece una señal práctica: la sanidad del cultivo empieza antes de la siembra y no depende solo de lo que se aplica sobre la planta. También está influida por la vida microscópica del suelo, por sus propiedades químicas y por la capacidad del sistema agrícola para sostener comunidades que frenen a los patógenos desde la raíz del problema.

Fuente(s) referenciales

Phys.org / Curtin University: Study finds soils can naturally suppress major crop diseases