La experiencia de AgroCalafate en Santa Cruz logró rindes cercanos a 3500 kg/ha en avena y 3000 kg/ha en trigo en lotes puntuales
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz
En la provincia argentina de Santa Cruz, a pocos kilómetros del glaciar Perito Moreno, una experiencia agrícola inédita completó por primera vez un ciclo productivo de trigo y avena en escala comercial. El ensayo fue desarrollado por AgroCalafate en la Estancia Alice, ubicada a unos 40 kilómetros de El Calafate, sobre la ruta que conduce al Parque Nacional Los Glaciares.
El proyecto fue impulsado por Tomás Ciurlanti, Nicolás Zuber y Ricardo Coggiola, junto con la participación de la empresa estatal provincial Santa Cruz Puede y el establecimiento de Alejandro Bárcena. La campaña 2025/2026 permitió implantar, desarrollar y cosechar granos en una zona donde históricamente predominaban los pastizales y la ganadería extensiva.
Una cosecha en el extremo sur argentino
La experiencia se realizó sobre más de 300 hectáreas, principalmente con avena y trigo. En los mejores ambientes del establecimiento, los rindes alcanzaron cerca de 3500 kg/ha en avena y 3000 kg/ha en trigo, cifras que sorprendieron incluso a los propios impulsores del proyecto.
El resultado tiene relevancia porque muestra el potencial de una región poco asociada a la producción agrícola de granos. En un país con fuerte tradición cerealera, la expansión experimental hacia la Patagonia Austral abre una discusión sobre adaptación agronómica, manejo del suelo y nuevas fronteras productivas para el trigo y otros cultivos de invierno.
Agua de deshielo, suelo y planificación
El esquema productivo debió adaptarse al ciclo climático local. La preparación del suelo comenzó hacia fines de septiembre de 2025, con varias labores de acondicionamiento para lograr una cama de siembra adecuada. En la Patagonia Austral, el manejo depende de ventanas muy específicas: el suelo se prepara tras el invierno, el perfil se recarga con agua de deshielo y la siembra se realiza en primavera.
Durante el crecimiento se aplicó seguimiento agronómico, monitoreo fenológico y fertilización foliar. La cosecha comenzó a partir de mediados de enero y se extendió hasta mayo, con avena y algunos lotes de trigo como los primeros en alcanzar condiciones adecuadas para la trilla.
La avena mostró los mejores resultados
La avena tuvo un papel central en la primera campaña. Los lotes con mejores condiciones físicas y antecedentes de manejo agrícola expresaron los rendimientos más altos, mientras que las superficies más prístinas, sin historia agrícola consolidada, mostraron resultados menores y dejaron aprendizajes para los próximos ciclos.
La importancia de este cultivo no es menor. En Argentina, la avena es un cultivo forrajero clave, con programas de mejoramiento orientados a rendimiento, adaptación y resistencia sanitaria. Su desempeño en Santa Cruz refuerza el interés por evaluar cultivares capaces de responder en ambientes fríos y de ciclo corto.
Trigo en un ambiente exigente
El trigo también confirmó potencial productivo en sectores puntuales, aunque la campaña dejó claro que el ambiente patagónico exige ajustes precisos. Las lluvias superiores a lo habitual durante marzo y abril complicaron parte de la cosecha, especialmente en los lotes que aún no habían alcanzado condiciones óptimas.
La experiencia aporta datos para una región donde todavía deben definirse fechas de siembra, selección de ambientes, cultivares, fertilización, manejo de residuos y estrategias de cosecha. En cereales, el rendimiento final depende de la sincronía entre clima, suelo y etapas del cultivo, un tema clave también frente a eventos extremos que afectan la producción mundial de trigo.
Agricultura y ganadería en un mismo sistema
El destino de la producción fue la planta de alimento balanceado que Santa Cruz Puede instaló en Río Gallegos. Ese punto conecta la experiencia agrícola con la ganadería provincial, ya que los granos y los restos de cosecha pueden aportar materia prima y fibra efectiva para la alimentación animal.
Para AgroCalafate, la integración entre agricultura y ganadería es una de las claves del modelo. La incorporación de cultivos en lotes antes destinados a ganadería extensiva podría permitir rotaciones más técnicas, mayor agregado de valor local y mejor disponibilidad de insumos para rodeos en períodos climáticos desfavorables.
Lecciones para la próxima campaña
La primera campaña no fue uniforme. Los mejores resultados se concentraron en suelos con mejor estructura y antecedentes de manejo, mientras que otros sectores mostraron la necesidad de construir fertilidad, mejorar las condiciones físicas y ajustar decisiones agronómicas.
De cara al próximo ciclo, el objetivo será trabajar sobre superficies ya acondicionadas, mejorar la selección de ambientes, definir cultivares más adecuados y optimizar fechas de siembra. La información generada en campo será central para saber si la experiencia puede repetirse y ampliarse con estabilidad productiva.
Una nueva postal productiva en Santa Cruz
El impacto local ya empieza a sentirse. Más productores de la zona se acercaron a consultar por la posibilidad de iniciar experiencias similares en nuevos campos. La imagen de tractores, cosechadoras y vehículos turísticos compartiendo caminos de ripio cerca del glaciar Perito Moreno resume el cambio que empieza a observarse en el paisaje rural de El Calafate.
El caso no implica que toda la Patagonia Austral pueda convertirse en una nueva zona cerealera, pero sí demuestra que, bajo manejo adecuado, determinados ambientes pueden sostener cultivos de invierno con resultados productivos concretos. La clave estará en avanzar con datos, planificación y prudencia agronómica.
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