La mayor superficie compensó una reducción del rendimiento estadounidense, mientras Argentina gana espacio exportador y Sudamérica refuerza su peso en el mercado mundial
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
El mercado internacional de soja recibió señales contrapuestas después del informe de agosto del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). El organismo redujo el rendimiento previsto para la campaña 2026/27, pero amplió la superficie que será cosechada y elevó la producción estadounidense hasta aproximadamente 122,9 millones de toneladas.
La revisión resultó más holgada de lo esperado por parte del mercado. El rendimiento fue ajustado de 53 a 52,7 bushels por acre, equivalentes a cerca de 35,5 quintales por hectárea, mientras el área cosechada aumentó de 84,4 a 85,8 millones de acres, es decir, de aproximadamente 34,2 a 34,7 millones de hectáreas.
El incremento de 1,4 millones de acres compensó la menor productividad estimada. Como resultado, la cosecha subió en 44 millones de bushels frente al cálculo de julio y quedó situada en 4.520 millones de bushels.
Una cosecha mayor pese a la reducción del rendimiento
El nuevo rendimiento constituye la primera previsión de la temporada basada en encuestas del Servicio Nacional de Estadísticas Agrícolas del USDA. Además de ubicarse 0,3 bushels por debajo del cálculo de julio, queda ligeramente por debajo del récord registrado durante la campaña anterior.
La ampliación de superficie responde principalmente a una mayor área agrícola en estados como Misuri, Misisipi y Minnesota. Esta corrección muestra la importancia de analizar de manera conjunta productividad y extensión cultivada: una caída del rendimiento medio no implica necesariamente una reducción de la oferta total cuando aumenta la cantidad de hectáreas cosechables.
El USDA elevó en 39 millones de bushels la oferta estadounidense de soja. La mejora fue algo menor que el aumento de la producción porque las existencias iniciales fueron ajustadas a la baja debido a una molienda ligeramente mayor durante el ciclo anterior.
Para los productores, la previsión mantiene la atención sobre el clima de las últimas fases del cultivo. El rendimiento definitivo todavía puede cambiar de acuerdo con las temperaturas, las precipitaciones y el estado de las plantas durante el llenado de los granos.
La molienda sostiene la demanda estadounidense
El informe elevó en 30 millones de bushels la molienda prevista para Estados Unidos, hasta 2.780 millones durante 2026/27. El ajuste responde a márgenes favorables para la industria y a una demanda más firme tanto de harina como de aceite de soja.
Las exportaciones estadounidenses de harina fueron incrementadas en 700.000 toneladas cortas y quedaron proyectadas en 22,7 millones. El USDA relacionó esta revisión con una mayor demanda internacional y con aumentos del consumo o las importaciones en mercados como México, Filipinas, Tailandia, Turquía, la Unión Europea y Ecuador.
Las exportaciones de soja en grano permanecieron sin cambios, en 1.660 millones de bushels. Las existencias finales, en cambio, subieron en 10 millones y quedaron calculadas en 320 millones de bushels, una señal de que la mayor cosecha no será absorbida completamente por el crecimiento del procesamiento interno.
El precio medio previsto para el productor estadounidense se mantuvo en 11,40 dólares por bushel. El USDA tampoco modificó sus estimaciones de 310 dólares por tonelada corta para la harina y de 70 centavos por libra para el aceite de soja.
Los cambios en oferta y demanda influyen directamente sobre Chicago, principal referencia internacional para la oleaginosa. Durante la campaña anterior, una subida de la soja en Chicago mejoró los precios del mercado argentino, demostrando la rapidez con la que las variaciones externas llegan a las plazas sudamericanas.
Sudamérica conserva un papel decisivo en el comercio
El balance mundial para 2026/27 incorporó una producción de soja ligeramente mayor, un aumento de la molienda y existencias finales de 124,2 millones de toneladas. La mayor cosecha estadounidense fue compensada parcialmente por una reducción de la producción prevista en Ucrania.
El USDA mantuvo sin cambios el volumen global de exportaciones, pero redistribuyó el origen de parte de esos embarques. La menor disponibilidad ucraniana fue compensada por un aumento de las ventas proyectadas para Argentina, lo que abre un espacio adicional para la oferta sudamericana.
Brasil conserva una posición dominante como productor y exportador, mientras Argentina destaca por su capacidad industrial y su presencia en los mercados de harina y aceite. Durante 2026, el complejo regional mostró cambios importantes, entre ellos el momento en que Brasil superó temporalmente a Argentina en las exportaciones de harina de soja.
La competencia no se limita al volumen cosechado. También intervienen la capacidad de almacenamiento, el costo del transporte terrestre, la disponibilidad de puertos, los márgenes de molienda y las políticas comerciales de cada país.
En Brasil, las grandes cosechas han puesto a prueba corredores y terminales de exportación. Los episodios de congestión registrados durante la recolección mostraron que la logística puede convertirse en un límite para movilizar la soja brasileña, incluso cuando existe suficiente producción para abastecer el mercado.
China continúa definiendo los flujos comerciales
La demanda de China sigue siendo una de las variables centrales para determinar qué país obtiene mayor participación en el comercio de soja. Los compradores chinos evalúan precios, disponibilidad, relaciones comerciales, tiempos de entrega y costos logísticos al distribuir sus adquisiciones entre Estados Unidos, Brasil y Argentina.
El desplazamiento de compras hacia Sudamérica ya modificó la estructura del mercado. Durante 2025, China aumentó su dependencia de la soja brasileña frente al suministro estadounidense, fortaleciendo la posición comercial de Brasil y acentuando la competencia entre los principales exportadores.
Para Estados Unidos, el crecimiento de la molienda interna ofrece una salida adicional frente a la incertidumbre exportadora. En Sudamérica, la combinación de ventas de grano, harina y aceite permite atender distintos segmentos de la demanda internacional, pero exige mantener márgenes competitivos en toda la cadena.
Oportunidades y riesgos para Argentina
La mejora de las exportaciones argentinas dentro del balance mundial constituye una señal favorable para el complejo sojero. La industria del Gran Rosario dispone de una amplia capacidad de procesamiento y de terminales especializadas en el despacho de harina, aceite y grano.
Sin embargo, la oportunidad comercial coincide con desafíos internos relacionados con costos, impuestos, infraestructura, disponibilidad de semillas y ritmo de incorporación tecnológica. Una estimación empresarial reciente situó en alrededor de 3.000 millones de dólares anuales el impacto potencial de la brecha tecnológica de la soja argentina, aunque ese cálculo no procede de una auditoría pública independiente.
La posible influencia de El Niño sobre las precipitaciones del Cono Sur también será seguida durante la siembra y el desarrollo de la campaña. Una mayor disponibilidad de humedad puede favorecer el rendimiento en áreas con buen drenaje, pero los resultados dependerán de la distribución temporal de las lluvias y de las condiciones particulares de cada región productiva.
El informe de agosto deja un mercado con oferta estadounidense mayor de la prevista, demanda industrial firme y existencias globales amplias. Para Sudamérica, el espacio exportador adicional representa una oportunidad concreta, aunque el resultado económico dependerá de la cosecha regional, las compras de China, los costos logísticos y la evolución de los precios internacionales.
Fuentes referenciales:
Clarín Rural
Departamento de Agricultura de Estados Unidos
Servicio de Investigación Económica del USDA

