Un estudio de Cornell analiza si los productores deben proteger las uvas, cambiar variedades o trasladar viñedos ante el avance del cambio climático
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
En las regiones vitivinícolas de California, una tarde de calor extremo puede convertirse en una amenaza directa para la producción de uvas de vino. Cuando la temperatura supera los 100 grados Fahrenheit, equivalentes a más de 37 °C, los racimos expuestos al sol directo pueden alcanzar cerca de 140 grados Fahrenheit. En esas condiciones, las bayas se deshidratan, los compuestos responsables del color se degradan y el rendimiento cae.
El problema tiene una dimensión productiva y económica. Un viñedo no se instala para una sola campaña: requiere inversión en tierra, plantas, espalderas, riego y años de espera hasta alcanzar plena producción. En regiones premium como Napa, donde variedades como cabernet sauvignon sostienen precios elevados, una ola de calor severa puede afectar no solo la cosecha inmediata, sino también la rentabilidad de un proyecto pensado para varias décadas.
Un estudio interdisciplinario de investigadores de la Universidad de Cornell, publicado en el American Journal of Enology and Viticulture, evaluó tres caminos posibles para la adaptación de los viñedos al cambio climático: mantener las variedades tradicionales con apoyo tecnológico, sustituirlas por uvas más tolerantes al calor o trasladar la producción hacia zonas más frescas.
El calor cambia las reglas del viñedo
La vid responde de manera sensible a la temperatura en varias etapas de crecimiento. Cerca de 86 grados Fahrenheit, la fotosíntesis comienza a perder eficiencia. Alrededor de 95 grados Fahrenheit, los compuestos que dan color a los vinos tintos empiezan a degradarse. Por encima de 104 grados Fahrenheit, las células vegetales pueden sufrir daños directos.
Esta sensibilidad conecta con un fenómeno más amplio observado en la agricultura: el aumento de las temperaturas altera la fotosíntesis y modifica la capacidad de las plantas para absorber dióxido de carbono, retener agua y sostener su crecimiento. En la vid, esos cambios pueden traducirse en menos rendimiento, menor calidad de fruta y pérdida de atributos asociados al origen.
El desafío es especialmente complejo porque el vino depende de una relación muy estrecha entre variedad, territorio y percepción del consumidor. En otros cultivos, cambiar de variedad o mover la producción puede ser una decisión técnica. En el vino, en cambio, el nombre de la uva y la región de origen forman parte del valor comercial que aparece en la etiqueta.
Napa, cabernet y el valor del origen
Los investigadores Bradley Rickard, profesor de la Dyson School of Applied Economics and Management; Alex Susskind, profesor Banfi Vintners de Educación y Gestión del Vino en la Nolan School of Hotel Administration; y Justine E. Vanden Heuvel, profesora en la sección de horticultura de la School of Integrative Plant Science, colaboraron para analizar el problema desde la agronomía y la economía.
El trabajo parte de una pregunta práctica: qué conviene hacer cuando el clima que definió históricamente un viñedo empieza a cambiar. Para una zona como Napa, la respuesta no es sencilla. Mantener cabernet sauvignon puede conservar valor de marca, pero también aumenta la exposición a olas de calor. Cambiar de variedad puede mejorar la tolerancia climática, aunque tal vez reduzca el precio obtenido. Moverse a una región más fresca puede disminuir el riesgo térmico, pero debilitar la asociación comercial con el territorio original.
El tema enlaza con una preocupación ya visible en la viticultura internacional: el cambio climático está desdibujando la personalidad de los vinos, al modificar fechas de cosecha, equilibrio entre azúcares y acidez, expresión aromática y tipicidad regional.
Tres estrategias de adaptación
La primera estrategia evaluada fue la adopción de tecnología, en particular el uso de mallas de sombreo sobre las vides. Estas estructuras bloquean parte de la radiación directa, reducen la temperatura de los racimos y ayudan a proteger la calidad durante episodios de calor extremo. Su limitación está en el costo: deben instalarse, mantenerse y reemplazarse cada cierto tiempo.
La segunda opción fue cambiar la variedad de uva. En lugar de seguir con cabernet sauvignon, los productores podrían plantar variedades más tolerantes a condiciones cálidas, como carignane. Estas uvas pueden producir más fruta bajo estrés térmico, aunque no siempre alcanzan el mismo precio que las variedades tradicionales en regiones de alta reputación.
La tercera vía fue la migración productiva. En vez de cambiar la uva, un productor podría mover parte de la producción a una zona más fresca, como Lake County, donde las temperaturas históricas son más bajas que en Napa. Esta opción reduce presión climática, pero modifica el origen geográfico que muchos consumidores reconocen y valoran.
Consumidores dispuestos a pagar más
Para incorporar la percepción del mercado, el equipo encuestó a más de 300 consumidores de vino en Estados Unidos. A los participantes se les mostraron etiquetas hipotéticas que representaban las tres estrategias: uso de tecnología de sombreo, cambio de variedad o producción en una nueva región.
Los resultados fueron relevantes para los productores. Cuando los consumidores recibieron información de que un vino usaba tecnología de sombreo para proteger las uvas del calor extremo, estuvieron dispuestos a pagar en promedio cerca de 17% más. En el caso de vinos elaborados con una variedad diferente, el premio fue de aproximadamente 12% cuando se explicó que el cambio ayudaba al viñedo a adaptarse al estrés climático.
Incluso los vinos producidos en una nueva región recibieron una mejora moderada en la percepción de valor. Sin embargo, los investigadores consideraron que ese efecto podía ser temporal, asociado a la novedad, y que probablemente disminuiría después de algunos años.
La mejor opción depende del escenario climático
El modelo económico desarrollado por Cornell mostró que no existe una única respuesta válida para todos los viñedos. Si el cambio climático provoca aumentos leves de temperatura, mantener cabernet sauvignon en Napa sigue siendo la alternativa más rentable. En un escenario de estrés térmico moderado, la instalación de mallas de sombreo puede compensar sus costos al proteger rendimiento y calidad.
En los escenarios más extremos, el cambio hacia variedades más tolerantes al calor ofreció el mejor retorno financiero. Esta conclusión muestra que la adaptación no es una decisión fija, sino una secuencia de ajustes que depende de la intensidad del calentamiento, los costos de inversión, el precio de la uva, la respuesta del consumidor y la duración esperada del viñedo.
La necesidad de desarrollar sistemas productivos más preparados frente al clima también aparece en otros cultivos, donde la evolución de las plantas puede guiar el desarrollo de cultivos más resistentes. En viticultura, esa búsqueda se expresa en variedades, portainjertos, manejo de sombra, riego, orientación de hileras y nuevas decisiones de localización.
Una decisión entre identidad, rendimiento y mercado
El estudio deja claro que los productores de uva para vino enfrentan un dilema distinto al de muchos otros sectores agrícolas. No se trata únicamente de evitar pérdidas por calor, sino de proteger una identidad comercial construida alrededor de una variedad y un territorio. En Napa, cabernet sauvignon no es solo una planta productiva: es parte del valor económico del vino.
La adaptación climática, por tanto, deberá equilibrar tres dimensiones: la capacidad fisiológica de la vid para soportar calor, la rentabilidad de las inversiones y la disposición de los consumidores a aceptar cambios en la etiqueta. Si el público entiende que una tecnología, una variedad distinta o una nueva zona productiva responden a una necesidad climática real, puede estar dispuesto a pagar más, al menos durante un periodo inicial.
El calor extremo ya no aparece como una anomalía aislada, sino como un factor que obliga a rediseñar decisiones de largo plazo. En viñedos donde las plantas pueden producir durante unos 30 años, elegir hoy una variedad, una tecnología o una ubicación implica anticipar el clima de varias décadas. Para los productores, esa anticipación será cada vez más importante que reaccionar después de cada ola de calor.
Fuente(s) referenciales
Phys.org / Cornell University – Climate change and wine grapes: Go, stay or change?
