Un experimento con una flor artificial y una solución azucarada mostró que estos insectos pueden generar soluciones nuevas sin entrenamiento directo
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Los abejorros vuelven a sorprender a la ciencia por sus capacidades cognitivas. Aunque su cerebro tiene alrededor de un millón de neuronas, estos insectos son capaces de aprender, recordar señales relevantes y resolver problemas nuevos cuando hay una recompensa alimentaria en juego.
Un experimento reciente con abejorros terrestres, Bombus terrestris, mostró que los animales podían mover una pelota de poliestireno hasta colocarla bajo una flor artificial elevada, subirse a ella y alcanzar una solución azucarada. Lo notable del resultado es que no habían sido entrenados directamente para usar la pelota como escalón.
Una prueba con flor artificial y azúcar
El trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, utilizó una tarea diseñada para observar si los abejorros podían resolver una situación completamente nueva. Primero, los insectos aprendieron que una flor artificial azul contenía una recompensa de azúcar.
Después, la flor fue colocada en el techo de una arena transparente, fuera del alcance directo desde el suelo. En el espacio había una pelota móvil. Para llegar al alimento, los abejorros debían desplazar la pelota hasta ubicarla debajo de la flor, trepar sobre ella y alcanzar la recompensa.
La tarea recuerda al clásico problema de la “caja y el plátano”, usado en estudios de cognición animal: el individuo debe comprender que un objeto puede moverse y utilizarse como herramienta para alcanzar un objetivo inaccesible.
Una solución no aprendida de memoria
Los investigadores destacaron que los abejorros no habían sido entrenados para rodar la pelota hacia la flor ni para usarla como plataforma. Solo tenían experiencia previa con dos elementos separados: la flor asociada a alimento y la pelota como objeto móvil y no amenazante.
Cuando enfrentaron la situación nueva, muchos individuos combinaron esas experiencias previas y produjeron una secuencia de comportamiento diferente: mover la pelota, colocarla en el punto útil y trepar para alcanzar la flor.
Este tipo de respuesta se suma a otras evidencias sobre la inteligencia de los polinizadores. En Mundo Agropecuario ya se ha explicado que las abejas pueden aprender, recordar y tomar decisiones, capacidades esenciales para orientarse, encontrar flores y regresar a sus colonias.
El alimento como motor del aprendizaje
La solución azucarada funcionó como incentivo para activar la exploración y la resolución del problema. En los insectos polinizadores, el azúcar equivale a una fuente de energía directa, por lo que una flor con recompensa puede guiar decisiones, aprendizaje y memoria.
El hallazgo no significa que los abejorros razonen igual que un mamífero o un ave. Lo relevante es que, con un cerebro muy pequeño, pueden organizar conductas flexibles cuando la situación lo exige. Esa flexibilidad les permite aprovechar información previa y aplicarla a un escenario nuevo.
La importancia agrícola de estas capacidades es evidente. Abejorros, abejas y otros insectos no solo visitan flores de forma mecánica; también evalúan señales, aprenden rutas, seleccionan recursos y ajustan su comportamiento. Por eso, los insectos polinizadores necesitan hábitats de calidad para sostener su función en cultivos y ecosistemas.
Por qué importa para la agricultura
Los abejorros son polinizadores relevantes en cultivos agrícolas, especialmente en sistemas donde su capacidad de vibrar flores ayuda a liberar polen. En tomate, por ejemplo, las hembras pueden sujetarse a la flor y contraer sus músculos de vuelo a gran velocidad para desprender el polen de las anteras.
Esta habilidad, conocida como polinización por zumbido, muestra que el vínculo entre insectos y agricultura no se limita a la transferencia pasiva de polen. Los polinizadores ejecutan comportamientos especializados que influyen en la producción de frutos, semillas y calidad de cosecha.
La comprensión de estas conductas refuerza la necesidad de proteger a los polinizadores frente a pérdida de hábitat, pesticidas, urbanización y estrés climático. En ese contexto, la agricultura orgánica puede favorecer a los polinizadores al reducir la presión de insecticidas y aumentar la disponibilidad de flores.
Más que instinto automático
Durante mucho tiempo, los insectos fueron descritos como organismos dominados casi exclusivamente por respuestas instintivas. Experimentos como este obligan a matizar esa idea. Los abejorros no solo reaccionaron al estímulo inmediato; también dirigieron el movimiento de un objeto hacia un lugar funcional para alcanzar el alimento.
El equipo de investigación realizó controles para descartar que el éxito fuera simplemente accidental. En pruebas adicionales, los abejorros tendieron a mover la pelota hacia el lugar donde habían visto previamente la flor, lo que sugiere una acción dirigida y no un movimiento al azar.
Estos resultados conectan con estudios anteriores sobre aprendizaje social en abejorros. Mundo Agropecuario ya había informado que los abejorros muestran habilidades avanzadas de aprendizaje social, un campo que está cambiando la forma en que se entiende la conducta de los insectos.
Un cerebro pequeño con grandes capacidades
El cerebro de un abejorro es diminuto en comparación con el de vertebrados estudiados tradicionalmente en pruebas de inteligencia animal. Sin embargo, su organización neuronal permite resolver tareas complejas en relación con su vida cotidiana: buscar alimento, reconocer flores, orientarse, recordar rutas y adaptarse a cambios en el entorno.
El experimento no convierte a los abejorros en “pequeños mamíferos”, pero sí demuestra que la complejidad cognitiva no depende únicamente del tamaño del cerebro. En insectos sociales y polinizadores, la presión ecológica por encontrar recursos dispersos pudo favorecer capacidades de aprendizaje y decisión más sofisticadas de lo que se suponía.
Para la agricultura, este conocimiento tiene una consecuencia práctica: conservar polinizadores no significa proteger organismos simples y reemplazables, sino mantener una red de animales con comportamientos finos, adaptativos y esenciales para muchos cultivos.
Polinizadores bajo presión
El valor de estos hallazgos aumenta en un momento de preocupación por la reducción de insectos polinizadores. La pérdida de hábitat, el uso de pesticidas, la simplificación del paisaje agrícola y los cambios climáticos pueden afectar la disponibilidad de flores, refugios y rutas de alimentación.
Cuando disminuyen los polinizadores, también se comprometen servicios ecológicos y productivos. En varios cultivos, la presencia de abejas, abejorros, mariposas, sírfidos y otros insectos contribuye a mejorar la formación de frutos y semillas. Esa diversidad también puede sostener la producción cuando una especie específica se ve afectada.
Por eso, los estudios sobre cognición de abejorros no son una curiosidad aislada. Ayudan a entender mejor cómo estos animales interactúan con las flores, cómo aprenden del ambiente y qué condiciones necesitan para cumplir su función ecológica y agrícola.
Un hallazgo para mirar distinto a los insectos
El experimento con la flor artificial, la pelota y la solución azucarada muestra que los abejorros pueden enfrentar un problema nuevo y construir una respuesta útil a partir de experiencias previas. La conducta observada no fue una rutina entrenada paso a paso, sino una combinación flexible de aprendizaje, exploración y acción dirigida.
La investigación refuerza una idea cada vez más aceptada: los insectos polinizadores poseen capacidades sensoriales y cognitivas más complejas de lo que se creía. Entenderlas mejor puede ayudar a diseñar sistemas agrícolas más compatibles con su comportamiento natural y a valorar su papel más allá de la simple polinización.
Fuente(s) referenciales
Der Spiegel: Hummeln lösen selbstständig Probleme: Wenn eine Zuckerlösung lockt, werden sie kreativ
