Un estudio de dos años realizado en Georgia, Estados Unidos, encontró una mayor persistencia de una cepa experimental de la bacteria en parcelas fertilizadas con residuos de aves. La humedad, la temperatura y los episodios meteorológicos también influyeron en los resultados.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.
El aprovechamiento de los residuos de las granjas avícolas como fertilizantes agrícolas ofrece una fuente de nutrientes y materia orgánica, pero también exige prestar atención a la supervivencia de bacterias en los suelos de cultivo. Una investigación realizada en el estado de Georgia, Estados Unidos, encontró que una cepa experimental de Escherichia coli persistió en mayor medida en terrenos tratados con determinados abonos derivados de la producción avícola que en parcelas sin estas enmiendas.
Los resultados, publicados el 30 de septiembre de 2026 en la revista científica Risk Analysis, proceden de un estudio de campo desarrollado durante dos años en sistemas de producción de cebolla dulce.
La investigación fue encabezada por Harsimran Kaur Kapoor, junto con especialistas vinculados a la Universidad de Georgia, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y otras instituciones académicas.
El equipo examinó cómo diferentes tratamientos del suelo y las condiciones meteorológicas modificaban la supervivencia bacteriana. Los resultados aportan información para mejorar la evaluación de riesgos asociados con el uso agrícola de residuos orgánicos de origen animal.
El hallazgo no significa que todos los abonos avícolas estén contaminados ni que las cebollas producidas con estos materiales sean necesariamente peligrosas. Los investigadores introdujeron deliberadamente una cepa de E. coli en parcelas experimentales para estudiar su comportamiento bajo condiciones controladas de investigación.
Georgia utiliza grandes cantidades de residuos avícolas como fertilizante
Georgia figura entre los principales estados productores de aves de corral de Estados Unidos. Según los antecedentes recogidos por los investigadores, sus explotaciones generan aproximadamente dos millones de toneladas de cama avícola al año.
Este material contiene una mezcla de estiércol, residuos de alimento, plumas y materiales utilizados como cama en las instalaciones ganaderas.
Su aprovechamiento agrícola permite recuperar nutrientes que pueden contribuir al crecimiento de los cultivos, especialmente nitrógeno y fósforo.
Sin embargo, la utilización de residuos animales requiere tratamientos y procedimientos adecuados para reducir riesgos microbiológicos.
El procesamiento térmico y el compostaje se emplean para disminuir la presencia de microorganismos perjudiciales. Aun así, las características del producto final y las condiciones del suelo pueden influir en el comportamiento de bacterias que entren posteriormente en contacto con esos materiales.
La investigación estadounidense se concentró precisamente en esta última cuestión: determinar si diferentes enmiendas avícolas modificaban la persistencia de una bacteria introducida experimentalmente en el terreno.
Dos años de experimentos en parcelas de cebolla dulce
Los ensayos se realizaron en Lyons, Georgia, dentro de un sistema de investigación relacionado con la producción de cebolla dulce.
El equipo comparó parcelas con tres condiciones principales: suelo sin enmiendas orgánicas, suelo tratado con cama avícola compostada y suelo fertilizado con pellets avícolas sometidos a tratamiento térmico.
También se establecieron parcelas de control sin inoculación bacteriana.
Para estudiar el comportamiento de la bacteria, los investigadores utilizaron Escherichia coli TVS 353, una cepa empleada como organismo sustituto en investigaciones sobre la supervivencia ambiental de bacterias entéricas, incluida Salmonella enterica.
Esta distinción es importante: el experimento no consistió en provocar un brote de enfermedad ni en demostrar la presencia de una cepa patógena concreta en cebollas destinadas al mercado.
Las poblaciones bacterianas se midieron mediante muestreos sucesivos del suelo, con un seguimiento que alcanzó los 161 días en el diseño experimental.
Los investigadores utilizaron modelos estadísticos para relacionar los resultados con las condiciones ambientales registradas durante las dos temporadas.
Los suelos abonados favorecieron una mayor persistencia bacteriana
Los resultados mostraron que la supervivencia de E. coli fue superior en los terrenos tratados con pellets avícolas y cama compostada que en los suelos sin estas enmiendas.
Sin embargo, la magnitud y la significación estadística de las diferencias variaron entre las dos temporadas.
Durante el primer año, las parcelas con pellets tratados térmicamente presentaron un incremento significativo de 1,3 unidades logarítmicas en la población bacteriana respecto de las parcelas inoculadas sin enmienda.
En los suelos con cama avícola compostada, el aumento fue de 1,2 unidades logarítmicas.
En el segundo año, las diferencias fueron menores. El incremento estimado para los pellets tratados térmicamente fue de 0,6 unidades logarítmicas, pero no alcanzó significación estadística.
Esta variabilidad impide afirmar que una enmienda determinada producirá siempre el mismo efecto en cualquier parcela.
Los resultados indican que las propiedades del abono y las condiciones ambientales pueden interactuar, modificando la supervivencia de bacterias presentes en el suelo.
El tratamiento del abono no elimina todos los factores de riesgo
Una de las cuestiones relevantes del estudio es que los materiales evaluados habían sido sometidos a procesos utilizados habitualmente para acondicionar residuos orgánicos.
El compostaje y el tratamiento térmico pueden reducir las poblaciones de microorganismos presentes inicialmente en un residuo.
No obstante, el experimento evaluó qué ocurría cuando una bacteria se introducía posteriormente en suelos que contenían esas enmiendas.
Por tanto, la mayor supervivencia observada no demuestra que los tratamientos de compostaje o calentamiento fueran ineficaces para higienizar los productos originales.
Los investigadores consideran que la materia orgánica, los nutrientes y otras características del suelo modificado podrían contribuir a crear condiciones favorables para la persistencia microbiana.
La disponibilidad de recursos y las interacciones con las comunidades bacterianas naturales pueden influir en estos procesos.
La relación entre residuos ganaderos y microbiología del suelo ya había sido examinada en una investigación sobre el manejo del estiércol y la presencia de bacterias resistentes a los antibióticos en diferentes tipos de suelo.
Aunque aquel trabajo abordó la resistencia antimicrobiana y no la supervivencia de la cepa utilizada en Georgia, ambos muestran la necesidad de considerar las propiedades biológicas del terreno al aplicar residuos animales.
La humedad y la temperatura modificaron la supervivencia de E. coli
El estudio identificó relaciones entre la persistencia bacteriana y distintas variables meteorológicas.
Durante el primer año, una mayor humedad relativa estuvo asociada con un aumento de la supervivencia de E. coli en determinadas parcelas.
En el segundo año, los investigadores encontraron asociaciones entre la población bacteriana y la velocidad del viento, la temperatura del aire y la temperatura del suelo.
Las temperaturas más elevadas del aire y los vientos más intensos se relacionaron, en general, con una menor supervivencia en parte de los modelos analizados.
En cambio, una mayor temperatura del suelo estuvo asociada con una persistencia superior bajo las condiciones estudiadas.
La lluvia también apareció como una variable significativa en determinados análisis, especialmente en las comparaciones realizadas en parcelas con cebollas.
Estos resultados no permiten establecer reglas universales basadas únicamente en una variable meteorológica.
La influencia del tiempo atmosférico cambió entre temporadas y dependió de las características del modelo estadístico utilizado.
Los autores destacan que los episodios meteorológicos extremos pueden ser especialmente importantes para comprender las diferencias observadas entre años.
Los episodios extremos pueden alterar el comportamiento de las bacterias
Una de las aportaciones del trabajo consiste en mostrar que los promedios meteorológicos de una temporada no siempre explican adecuadamente la persistencia bacteriana.
Dos campañas pueden presentar temperaturas medias relativamente similares y, sin embargo, experimentar secuencias distintas de lluvias intensas, períodos húmedos o episodios de viento.
Estas diferencias pueden modificar las condiciones inmediatas del suelo.
Los investigadores analizaron variables registradas durante los días anteriores a cada muestreo, en lugar de limitarse a comparar las condiciones generales de las temporadas.
Este procedimiento permitió identificar asociaciones que podrían pasar inadvertidas si se utilizaran exclusivamente valores medios de largo plazo.
El hallazgo resulta relevante para la gestión agrícola porque los productores deben tomar decisiones sobre la aplicación de enmiendas y las labores de cultivo en condiciones ambientales cambiantes.
Sin embargo, el estudio no establece un umbral meteorológico único a partir del cual un suelo pueda considerarse seguro o inseguro.
Los autores proponen continuar desarrollando modelos que incorporen la intensidad y frecuencia de los fenómenos extremos, junto con la disminución de las poblaciones bacterianas a lo largo del tiempo.
La presencia de cebollas no cambió significativamente la persistencia en el suelo
Además de las parcelas destinadas a estudiar las enmiendas, los investigadores establecieron tratamientos con plantas de cebolla dulce.
Las cebollas se trasplantaron a terrenos tratados con pellets avícolas sometidos a calentamiento.
El objetivo era determinar si la presencia del cultivo modificaba la supervivencia de E. coli en el suelo.
Los resultados no mostraron un efecto estadísticamente significativo de la presencia de cebollas sobre la persistencia bacteriana en esas parcelas.
Esto no significa que todas las hortalizas interactúen de la misma manera con los microorganismos del suelo.
Las raíces de diferentes especies liberan compuestos y modifican las condiciones de su entorno inmediato, conocido como rizosfera.
Una investigación anterior publicada en Mundo Agropecuario examinó cómo los compuestos liberados por las raíces pueden influir en la distribución de genes de resistencia a los antibióticos procedentes del estiércol.
El estudio de Georgia abordó un fenómeno diferente, pero confirma la importancia de evaluar por separado el comportamiento de las bacterias en el suelo y su posible presencia sobre los productos cosechados.
El curado de las cebollas redujo la presencia de la bacteria
La investigación también examinó una práctica habitual de la producción de cebolla: el curado posterior a la cosecha.
Durante este proceso, los bulbos permanecen en condiciones que favorecen el secado de sus capas externas y la preparación para su conservación.
En el experimento, las cebollas cosechadas permanecieron 14 días en el campo durante la etapa de curado.
Los investigadores observaron una disminución considerable de los niveles de E. coli en la superficie de los bulbos después de ese período.
Este resultado aporta información sobre el comportamiento de la bacteria durante una fase concreta del manejo poscosecha.
No obstante, no debe interpretarse como una garantía de eliminación completa de microorganismos peligrosos.
La eficacia de los procedimientos de curado y conservación depende de las condiciones ambientales, el estado del producto y las características de los microorganismos presentes.
El estudio tampoco demuestra que el curado sustituya las prácticas preventivas necesarias durante la producción.
La inocuidad comienza antes de la cosecha
Los resultados tienen implicaciones para las explotaciones que utilizan fertilizantes orgánicos de origen animal en cultivos destinados al consumo humano.
El manejo de estos materiales debe considerar su procedencia, tratamiento, almacenamiento y aplicación.
También es importante evitar situaciones que puedan favorecer la contaminación de los productos durante las labores agrícolas.
En Estados Unidos, las autoridades alimentarias mantienen requisitos y orientaciones relacionados con las enmiendas biológicas del suelo de origen animal.
La investigación de Georgia aporta nuevos datos para mejorar la evaluación de riesgos, pero no establece por sí misma un nuevo período obligatorio entre la fertilización y la cosecha.
Los autores señalan que las autoridades necesitan más información sobre la supervivencia de microorganismos en diferentes sistemas productivos.
Las condiciones locales son especialmente importantes porque el comportamiento de una bacteria puede cambiar según el tipo de suelo, el clima y las características del abono.
Por ello, trasladar directamente los resultados de Georgia a cualquier otra región agrícola sería inapropiado sin estudios adicionales.
El aprovechamiento del estiércol sigue siendo importante para la agricultura
Los investigadores no plantean abandonar el uso de residuos orgánicos de origen animal.
Estos materiales pueden contribuir a recuperar nutrientes y aprovechar subproductos generados por la ganadería.
Su utilización también puede formar parte de estrategias destinadas a mejorar determinadas propiedades del suelo.
El desafío consiste en obtener esos beneficios mediante prácticas que mantengan controlados los riesgos sanitarios y ambientales.
En otros sistemas productivos se han estudiado alternativas para recuperar nutrientes de las explotaciones ganaderas. Por ejemplo, un ensayo desarrollado en Países Bajos comprobó que la orina de terneros recogida por separado podía proporcionar nitrógeno al maíz con una eficacia comparable a determinados fertilizantes minerales.
Aquel trabajo se concentró en la eficiencia de la fertilización nitrogenada, mientras que la investigación estadounidense analiza la supervivencia bacteriana asociada con residuos avícolas.
Ambos enfoques muestran que el valor agronómico de un residuo no debe evaluarse únicamente por su contenido de nutrientes.
También importan su tratamiento, las condiciones de aplicación y las posibles consecuencias para el suelo, el cultivo y el ambiente.
El estudio tiene limitaciones que deben considerarse
Los autores reconocen que los resultados proceden de un sistema experimental concreto y de dos temporadas de seguimiento.
La cepa utilizada fue introducida deliberadamente para evaluar su supervivencia, por lo que las poblaciones observadas no representan necesariamente las condiciones habituales de las explotaciones comerciales.
Además, las diferencias entre tratamientos no fueron estadísticamente significativas en todos los años.
Los investigadores también señalan que sería útil realizar muestreos más frecuentes para mejorar la precisión de los modelos.
La incorporación de nuevas variables permitiría comprender mejor cómo disminuyen las poblaciones bacterianas bajo distintas condiciones ambientales.
Otra prioridad es ampliar los experimentos a regiones con suelos, temperaturas, precipitaciones y características topográficas diferentes.
Los autores consideran necesario continuar estudiando sistemas de producción orgánica y otras prácticas agrícolas para desarrollar recomendaciones adaptadas a las condiciones locales.
La gestión del abono avícola necesita considerar el clima y el suelo
La investigación publicada en Risk Analysis aporta evidencias de que la supervivencia de una cepa experimental de Escherichia coli puede aumentar en suelos tratados con determinados productos derivados de residuos avícolas.
El efecto fue más evidente durante el primer año de los experimentos, mientras que las condiciones meteorológicas modificaron las asociaciones observadas en ambas temporadas.
La humedad relativa, la lluvia, las temperaturas del aire y del suelo y la velocidad del viento aparecieron como variables relevantes para explicar la persistencia bacteriana.
El trabajo también encontró que la presencia de cebollas no modificó significativamente la supervivencia en el suelo y que el curado de los bulbos estuvo acompañado de una disminución considerable de los niveles bacterianos superficiales.
Los resultados no implican que los fertilizantes orgánicos sean inseguros por definición. Su principal aportación es demostrar que la evaluación de riesgos debe considerar conjuntamente el material utilizado, las características del terreno y las condiciones ambientales.
Para los productores agrícolas, esta información puede contribuir al desarrollo de prácticas de fertilización orgánica que aprovechen los nutrientes de los residuos ganaderos sin descuidar la prevención microbiológica durante el cultivo y la cosecha.
Fuentes referenciales:
Risk Analysis: Temporal and Environmental Influences on the Survival of Escherichia coli in Poultry Litter-Based Soil Amendments in Georgia Sweet Onion Production Systems, 30 de septiembre de 2026
PubMed: registro científico del estudio sobre E. coli, enmiendas avícolas y cebolla dulce
Phys.org: información sobre la supervivencia de E. coli en suelos de cebolla fertilizados con residuos avícolas


