Un estudio de la Universidad de Alberta, en Canadá, demuestra que corregir el pH en cultivos forrajeros puede mejorar el aprovechamiento del nitrógeno por los cereales sembrados posteriormente.
Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz
La gestión de la acidez de los suelos agrícolas no debería limitarse a las necesidades inmediatas de cada cultivo. Una investigación de la Universidad de Alberta, en Canadá, revela que las decisiones sobre fertilización, encalado y rotación pueden producir efectos que se prolongan durante varios años y condicionan la productividad de las siguientes cosechas.
El trabajo, publicado en la revista científica Canadian Journal of Plant Science, examinó cómo distintas prácticas agrícolas modifican progresivamente las propiedades químicas del suelo y la disponibilidad de nitrógeno para las plantas. Sus resultados muestran que corregir la acidez durante el cultivo de leguminosas forrajeras puede beneficiar posteriormente a cereales como el trigo y la avena, incluso cuando estos no responden directamente al encalado con aumentos de rendimiento.
La investigación resulta especialmente relevante para las regiones agrícolas del oeste canadiense, donde la intensificación de la producción, el uso continuado de fertilizantes y la extracción de nutrientes mediante las cosechas están modificando gradualmente las condiciones de los terrenos cultivados.
Cuatro décadas de observaciones agrícolas
Los investigadores utilizaron información recopilada entre 1980 y 2020 en las parcelas experimentales Breton Plots, pertenecientes a la Universidad de Alberta. Este sistema de investigación de larga duración permitió examinar los efectos acumulados de diferentes estrategias de manejo sobre la fertilidad del suelo.
El análisis consideró tratamientos con fertilizantes sintéticos, estiércol y cal agrícola, aplicados dentro de una rotación de cinco años que incluía trigo, avena, cebada y una mezcla forrajera de alfalfa y bromo.
El objetivo no consistía únicamente en determinar qué tratamiento favorecía una cosecha específica, sino en comprender cómo las intervenciones realizadas durante una etapa de la rotación podían modificar las condiciones disponibles para los cultivos posteriores.
Este enfoque amplía la perspectiva tradicional del manejo agrícola, en la que las decisiones de fertilización suelen concentrarse en las necesidades de la temporada. La gestión de los niveles de fertilización del suelo requiere considerar también la disponibilidad futura de nutrientes y la capacidad de las plantas para aprovechar las reservas presentes en el terreno.
La alfalfa puede favorecer a los cereales de las siguientes cosechas
Uno de los resultados más importantes fue la respuesta de las leguminosas forrajeras a la corrección de la acidez. En las parcelas tratadas con fertilizantes sintéticos, la aplicación de cal favoreció el crecimiento de la alfalfa, aumentó la fijación biológica de nitrógeno y mejoró la absorción de nutrientes esenciales.
La alfalfa establece asociaciones con bacterias capaces de transformar el nitrógeno atmosférico en formas que la planta puede utilizar. Cuando las condiciones del suelo favorecen este proceso, parte del nitrógeno incorporado al sistema puede quedar disponible para los cultivos posteriores.
Los investigadores observaron que el trigo y la avena sembrados después de la alfalfa aprovecharon mayores cantidades de nitrógeno cuando la leguminosa anterior había crecido en un suelo corregido con cal.
Sin embargo, los cereales no mostraron necesariamente incrementos directos de rendimiento por la aplicación del corrector. El beneficio identificado fue principalmente indirecto y estuvo relacionado con el funcionamiento del sistema de rotación.
El profesor Miles Dyck, especialista en suelos de la Universidad de Alberta y coautor del estudio junto con Linda Gorim, explicó que mejorar las condiciones para una especie puede favorecer posteriormente a otras plantas cultivadas en el mismo terreno.
Los resultados sugieren que las decisiones sobre encalado deberían evaluarse durante dos o tres ciclos completos de rotación, equivalentes aproximadamente a un período de diez a quince años en el sistema estudiado.
La alfalfa también puede contribuir a la acidificación
La investigación identificó una situación aparentemente contradictoria: aunque la alfalfa puede mejorar la disponibilidad de nitrógeno para los cultivos posteriores, también puede contribuir a la acidificación progresiva del suelo.
Durante su crecimiento, las raíces absorben cantidades importantes de nutrientes con carga positiva, entre ellos calcio y magnesio. Este proceso puede favorecer la liberación de acidez al entorno radicular.
Además, cuando se cosecha el forraje, parte de esos nutrientes se retira del sistema agrícola junto con la biomasa vegetal. La extracción continuada puede acelerar la disminución del pH si no se adoptan medidas adecuadas de reposición y manejo.
Esto no significa que los agricultores deban abandonar el cultivo de alfalfa. Por el contrario, los investigadores destacan la necesidad de incorporar sus efectos sobre la química del suelo dentro de la planificación de las rotaciones.
La importancia de mantener condiciones químicas adecuadas también se observa en otras investigaciones sobre la nutrición mineral del suelo y la calidad de los cultivos, donde la disponibilidad de elementos esenciales depende de múltiples factores, incluido el grado de acidez.
Los fertilizantes modifican la acidez de manera diferente
El estudio también examinó las consecuencias de utilizar distintas fuentes de nutrientes durante períodos prolongados.
Las parcelas tratadas con fertilizantes sintéticos registraron una acidificación más rápida, incluso cuando recibieron aplicaciones de cal. Esto indica que la corrección del pH no siempre puede considerarse una intervención definitiva.
Por su parte, el estiércol ralentizó la acidificación en mayor medida que los fertilizantes sintéticos evaluados. Los investigadores relacionaron este comportamiento con la devolución al suelo de nutrientes como calcio y magnesio, que contribuyen a mantener su capacidad de amortiguar los cambios de acidez.
Los resultados no establecen que todos los fertilizantes minerales produzcan exactamente los mismos efectos ni que el estiércol sea una solución universal. Las consecuencias dependen de las características de los materiales, las dosis, el sistema productivo y el historial del terreno.
La relación entre fertilización y propiedades biológicas del suelo también merece atención. El uso excesivo de fertilizantes puede alterar comunidades microbianas beneficiosas, especialmente cuando las aplicaciones modifican de forma persistente las condiciones químicas en las que se desarrollan.
El encalado debe responder a las condiciones de cada terreno
La cal agrícola se utiliza para neutralizar parte de la acidez del suelo y crear condiciones más favorables para determinados cultivos. Sin embargo, su eficacia depende de factores como el pH inicial, la capacidad amortiguadora del terreno, la profundidad de incorporación y las necesidades de las especies cultivadas.
La investigación canadiense destaca que las aplicaciones deben planificarse considerando sus efectos acumulados y no exclusivamente la respuesta inmediata de una cosecha.
En este sentido, el encalado de suelos agrícolas constituye una herramienta de manejo que requiere diagnósticos previos y seguimiento posterior para determinar cuándo resulta necesario corregir nuevamente la acidez.
Los autores señalan que las prácticas agrícolas actuales pueden aumentar gradualmente la acidez durante décadas. Cuando aparecen pérdidas visibles de productividad, recuperar condiciones favorables puede exigir inversiones y períodos de recuperación considerables.
La acidez puede concentrarse cerca de la superficie
Otro aspecto importante del trabajo se relaciona con la profundidad a la que se realizan los análisis del suelo.
En sistemas de labranza cero o reducida, la acidificación puede concentrarse especialmente en los primeros ocho centímetros del terreno, donde se depositan repetidamente las semillas y los fertilizantes.
Los análisis convencionales suelen utilizar muestras obtenidas a profundidades mayores, como 15, 30 o 61 centímetros. Cuando se mezclan capas con características químicas diferentes, existe el riesgo de que una zona superficial particularmente ácida no quede suficientemente identificada.
Por ello, los investigadores recomiendan realizar muestreos por capas y repetir las evaluaciones en lugares y profundidades comparables a lo largo del tiempo.
Esta estrategia permite detectar cambios graduales antes de que afecten de manera importante a los cultivos más sensibles.
La necesidad de adaptar las intervenciones a las características locales también aparece en experiencias de recuperación de suelos negros mediante rotaciones agrícolas en China, donde las prácticas de manejo se ajustan a las condiciones específicas de cada región.
Planificar la fertilidad durante diez o quince años
La principal aportación del estudio es demostrar que la productividad de una rotación no puede evaluarse únicamente mediante el rendimiento de sus cultivos individuales.
Una intervención que favorece a una leguminosa puede mejorar posteriormente el aprovechamiento del nitrógeno por los cereales. Al mismo tiempo, esa misma leguminosa puede contribuir a modificar la acidez del terreno mediante la absorción y extracción de nutrientes.
Esta combinación de efectos obliga a considerar conjuntamente la química del suelo, la actividad biológica, las fuentes de fertilización y la secuencia de cultivos.
Los investigadores consideran especialmente importante realizar análisis periódicos del pH, identificar las capas donde se concentra la acidez y planificar el encalado para proteger especies sensibles como la alfalfa y otras leguminosas.
Los resultados proceden de un sistema experimental específico del oeste de Canadá y no proporcionan una dosis universal de cal ni una recomendación idéntica para todas las explotaciones. Su aplicación en otras regiones requiere considerar las características de los suelos, el clima, los cultivos y las prácticas agrícolas locales.
El trabajo aporta evidencia de que el manejo preventivo de la acidez puede ofrecer beneficios que solo se manifiestan después de varias temporadas, especialmente cuando las decisiones agronómicas se coordinan a escala de toda la rotación.
Fuentes referenciales:
Universidad de Alberta — Información sobre la investigación de suelos agrícolas
Canadian Journal of Plant Science — Perennial legume forages drive soil acidification and nitrogen availability to subsequent crops in a cereal–forage rotation


