Ciencia y Tecnología

Pergaminos medievales revelan 3.700 años de viruela ovina

Publicado el 08/09/2026 · REDACCION

El ADN recuperado de manuscritos y dientes antiguos permitió reconstruir la evolución de un virus que perjudica desde hace milenios la salud y la producción de los rebaños


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.

El ADN conservado en pergaminos medievales y restos arqueológicos permitió reconstruir más de 3.700 años de historia de la viruela ovina, una enfermedad vírica altamente contagiosa que continúa afectando a rebaños en diferentes regiones. La investigación, dirigida por el University College de Dublín, fue publicada en la revista Science Advances.

El equipo internacional encontró material genético del virus en manuscritos europeos fabricados con pieles de animales, entre ellos los Evangelios de York, de aproximadamente mil años de antigüedad. Al combinar esos resultados con secuencias procedentes de dientes de ovejas de la Edad del Bronce, los científicos pudieron seguir la evolución del patógeno durante varios milenios.

El trabajo convierte a los libros antiguos en una fuente inesperada para la historia de la sanidad animal. Sus páginas no solo conservan textos: también pueden retener rastros biológicos de los animales utilizados para producir el pergamino y ofrecer información sobre enfermedades que circulaban en los rebaños del pasado.

La viruela ovina ha acompañado a la ganadería durante milenios

La viruela ovina es una infección causada por un capripoxvirus capaz de propagarse rápidamente dentro de los rebaños. Puede generar cuadros graves y una mortalidad elevada, particularmente entre animales jóvenes, además de reducir la producción de carne, leche y lana.

La identificación de ADN vírico en dientes de oveja recuperados en antiguos asentamientos pastorales de la estepa euroasiática aportó las detecciones más antiguas conocidas por el equipo. Los dientes tienen la capacidad de proteger durante largos periodos parte del material genético presente en el organismo cuando murió el animal.

Al comparar los genomas antiguos con secuencias modernas, los investigadores estimaron que los principales linajes de los capripoxvirus atravesaron procesos de diversificación hace aproximadamente 11.500 y 3.700 años. Esta cronología coincide con etapas decisivas de la domesticación y con el desplazamiento de ovejas desde la estepa euroasiática hacia Europa.

La coincidencia temporal no demuestra por sí sola que esos movimientos ganaderos causaran la diversificación del virus. Sin embargo, proporciona un marco para estudiar cómo la expansión del pastoreo, el intercambio de animales y el contacto entre rebaños pudieron influir en la evolución y dispersión de los patógenos.

Los manuscritos funcionaron como archivos sanitarios

Durante siglos, numerosos libros europeos fueron confeccionados con pergamino obtenido de pieles de ovejas, cabras y vacas. El procesamiento permitió crear un soporte resistente para la escritura, pero también conservó fragmentos del ADN del animal y de algunos microorganismos presentes en sus tejidos.

Entre las piezas examinadas se encontraban los Evangelios de York, considerados uno de los manuscritos mejor conservados del primer periodo anglosajón. Los científicos también estudiaron el Corpus Glossary del Corpus Christi College de Cambridge, uno de los primeros diccionarios ingleses, y otros códices de Gran Bretaña y Europa continental.

El análisis reveló que determinadas páginas contenían ADN del virus de la viruela ovina. Esto indica que algunas pieles empleadas para producir los pergaminos procedían de animales infectados, convirtiendo los volúmenes en bioarchivos sobre el estado sanitario de antiguos rebaños.

La investigación demuestra que el estudio genético de materiales históricos puede complementar los registros arqueológicos y documentales. Al igual que la recuperación de semillas antiguas permite rescatar información genética de variedades agrícolas, las pieles conservadas en archivos y bibliotecas pueden aportar datos sobre la evolución de enfermedades pecuarias.

El virus apareció en pieles de varias especies

Uno de los resultados más llamativos fue la detección de material genético de la viruela ovina en pergaminos identificados como piel de ternero y de cabra. Los investigadores plantearon dos explicaciones posibles: infecciones excepcionales entre especies o contaminación durante la fabricación y manipulación del material.

El hallazgo no permite afirmar automáticamente que todos esos animales estuvieran infectados. La contaminación cruzada pudo ocurrir durante el sacrificio, el transporte, el tratamiento de las pieles o la elaboración conjunta de pergaminos procedentes de distintos rebaños.

Resolver esta diferencia será importante para comprender el rango histórico de hospedadores del virus. También puede ayudar a determinar si algunas variantes antiguas presentaban características biológicas distintas de las cepas conocidas actualmente.

La vigilancia de enfermedades capaces de afectar a varias especies sigue siendo una prioridad ganadera. La epidemia de lengua azul registrada en rebaños franceses, por ejemplo, mostró cómo un virus puede circular entre bovinos, ovinos y caprinos y obligar a reforzar la vacunación y el control sanitario.

La genética reconstruye la evolución de los patógenos

Louis L’Hôte, autor principal del estudio e investigador del University College de Dublín, destacó que los pergaminos pueden conservar ADN de patógenos y que bibliotecas y archivos de otros lugares podrían contener evidencias de brotes antiguos ocurridos entre animales de pastoreo.

La comparación de genomas separados por siglos permite identificar parentescos, estimar cuándo se diferenciaron determinados linajes y observar cambios acumulados durante la evolución. Estas reconstrucciones pueden aportar contexto sobre la persistencia geográfica del patógeno y su relación histórica con la ganadería.

La genética también se está utilizando para intervenir sobre los vectores de algunas enfermedades actuales. Una investigación sobre la edición de genes en jejenes transmisores de la lengua azul mostró cómo las nuevas herramientas moleculares pueden contribuir al estudio de la sanidad pecuaria, aunque sus aplicaciones requieren evaluaciones adicionales.

El valor del nuevo estudio es principalmente histórico, evolutivo y epidemiológico. Los resultados no constituyen por sí mismos una vacuna, una prueba diagnóstica nueva ni un tratamiento contra la viruela ovina, pero amplían la información disponible para comprender la trayectoria del virus.

Una enfermedad con consecuencias productivas actuales

La viruela ovina puede propagarse con rapidez y comprometer una parte importante del rebaño. Además de la mortalidad, las explotaciones pueden afrontar pérdida de condición corporal, menor producción, restricciones al movimiento de animales y costes asociados con vigilancia y medidas de control.

La experiencia con otras infecciones demuestra que la actividad del patógeno o de sus vectores puede mantenerse fuera de los periodos considerados tradicionalmente de mayor riesgo. Un estudio sobre la persistencia invernal de insectos transmisores de enfermedades ganaderas subrayó la necesidad de sostener la vigilancia durante todo el año.

Los investigadores consideran que los genomas antiguos pueden ayudar a interpretar cómo evolucionaron los patógenos que todavía afectan a la producción pecuaria. La incorporación de más muestras arqueológicas y pergaminos permitiría completar los periodos sin información y comprobar cómo cambiaron los linajes a medida que crecían el comercio y la movilidad del ganado.

Este enfoque abre una nueva línea de colaboración entre genetistas, veterinarios, arqueólogos, historiadores y responsables de archivos. La posibilidad de estudiar enfermedades animales mediante piezas documentales ofrece un registro independiente de los brotes, incluso en épocas o territorios donde no quedaron descripciones escritas de sus efectos.

Fuentes referenciales:
Agencia SINC
Science Advances



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