Agricultura

África refuerza sus semillas ante la amenaza de El Niño

Publicado el 05/09/2026 · REDACCION

El mijo, el sorgo y el maíz tolerante a la sequía pueden proteger las cosechas, pero las fallas de distribución dificultan su llegada a los agricultores


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz

Gobiernos, investigadores y organizaciones agrícolas africanas buscan fortalecer los sistemas de semillas ante los posibles efectos de El Niño sobre la campaña 2026-2027. La necesidad de llevar variedades resistentes a la sequía hasta las explotaciones rurales ocupó parte de los debates del Foro Africano sobre Sistemas Alimentarios, iniciado el 2 de septiembre en Kigali, capital de Ruanda.

El mijo, el sorgo y las variedades de maíz tolerantes a la falta de agua pueden ayudar a los productores a sostener sus cosechas durante estaciones secas. Sin embargo, su adopción ha perdido impulso debido a la escasez de semillas de primera generación, la circulación de productos falsificados, las deficiencias de las redes de distribución y el limitado acceso de los agricultores a información técnica.

El debate adquiere mayor urgencia después de que la Organización Meteorológica Mundial advirtiera que El Niño se intensifica rápidamente en el océano Pacífico. El organismo prevé que el episodio alcance una intensidad muy elevada hacia finales de 2026 y estima una probabilidad cercana a 100 % de que persista hasta febrero de 2027.

Menos superficie para mijo y sorgo

La expansión del maíz como alimento básico ha coincidido con una reducción del espacio dedicado a cereales tradicionalmente adaptados a condiciones secas. Entre 2006 y 2024, la proporción de tierras agrícolas africanas ocupadas por mijo y sorgo disminuyó de 25 % a 17 %, según un informe citado durante el encuentro de Kigali.

El maíz alimenta a más de 300 millones de personas en África subsahariana, por lo que seguirá desempeñando un papel central en la seguridad alimentaria. El reto consiste en ampliar el acceso a variedades tolerantes a la sequía y, al mismo tiempo, conservar cultivos como el mijo y el sorgo, capaces de desenvolverse en ambientes donde las lluvias son escasas o irregulares.

La diversificación puede reducir la exposición de las explotaciones a una pérdida generalizada. Prácticas como la rotación de cultivos para fortalecer la salud del suelo también permiten distribuir riesgos, interrumpir ciclos de plagas y mejorar la capacidad productiva del terreno.

Durante la apertura del foro, Moses Vilakati, responsable de Agricultura, Desarrollo Rural, Economía Azul y Medio Ambiente Sostenible de la Unión Africana, destacó que las semillas constituyen la base de la producción, la productividad, la actividad empresarial rural y la seguridad alimentaria.

La distribución frena las variedades resistentes

África ha avanzado en el desarrollo de variedades mejoradas y en la creación de empresas locales de semillas, pero esos logros científicos no siempre se traducen en materiales disponibles para los pequeños productores. La distancia entre los centros de investigación y las comunidades agrícolas continúa siendo uno de los principales obstáculos.

Evelyne Lusenaka, representante del Centro de Excelencia para los Sistemas de Semillas en África de la Alianza para la Revolución Verde en África, señaló que la escasa disponibilidad de semillas iniciales, las falsificaciones y la debilidad comercial limitan la adopción de nuevas variedades.

La respuesta requiere conectar a los centros de investigación con empresas semilleras, entidades financieras, distribuidores, servicios de extensión, agricultores y mercados. Sin esa cadena, una variedad capaz de soportar períodos secos puede permanecer en ensayos o almacenes sin llegar a las zonas donde resultaría más necesaria.

El problema no se limita al material genético. La adaptación agrícola depende igualmente del manejo del terreno y de sus comunidades biológicas. Las investigaciones sobre microorganismos que fortalecen cultivos sometidos a estrés muestran cómo la salud del suelo puede complementar el uso de variedades resistentes.

El antecedente de la sequía de 2023-2024

La última gran sequía asociada con El Niño dejó una advertencia directa para África austral. Durante la campaña 2023-2024, millones de personas sufrieron escasez de agua, pérdidas de cosechas, mortalidad de ganado y un deterioro crítico de la seguridad alimentaria.

En 2025, alrededor de 167 millones de africanos afrontaron inseguridad alimentaria aguda, de acuerdo con una estimación del Centro Africano de Estudios Estratégicos citada por IPS. Fue el sexto incremento anual consecutivo de la población afectada por crisis alimentarias graves.

La experiencia demuestra que una sequía repercute simultáneamente en cultivos, pasturas, suministro de agua y disponibilidad de semillas para la campaña posterior. Además, la interacción entre estrés hídrico y sanidad vegetal puede producir respuestas inesperadas, como se ha observado en investigaciones sobre los efectos de la sequía sobre plagas agrícolas.

El Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo y sus socios distribuyeron semillas de maíz resistentes a la sequía en Zambia, Malaui y Tanzania antes del episodio de 2023-2024. La intervención buscó reducir las pérdidas antes de que se consolidaran las condiciones adversas.

De la investigación a las parcelas africanas

Bram Govaerts, director general del Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo, sostuvo que África necesita cerrar la brecha entre el descubrimiento científico y su aplicación agrícola. El financiamiento, las políticas públicas, los mercados y los servicios de extensión forman parte del sistema necesario para que las innovaciones lleguen al campo.

Govaerts planteó reforzar la distribución durante los próximos dos años y mantener inversiones de mayor duración durante al menos cinco años. El objetivo es sustituir las respuestas repetidas de emergencia por una preparación capaz de anticipar las temporadas desfavorables.

El Fondo Africano de Producción Alimentaria de Emergencia, financiado por el Banco Africano de Desarrollo con 1.500 millones de dólares, respaldó a 35 países después de las crisis internacionales de alimentos y fertilizantes. Entre sus acciones estuvo facilitar el acceso a semillas de calidad y materiales resistentes al clima.

Innocent Musabyimana, coordinador de la iniciativa Tecnologías para la Transformación Agrícola Africana del Banco Africano de Desarrollo, reconoció que muchas soluciones ya están disponibles. La dificultad reside en alcanzar a millones de productores dispersos por territorios extensos, con infraestructura desigual y mercados rurales poco conectados.

La extensión agrícola como primera línea de respuesta

Los servicios de extensión pueden desempeñar una función decisiva al ayudar a los agricultores a interpretar la información meteorológica, seleccionar variedades, gestionar el agua y el suelo, acceder a créditos y encontrar mercados. Esta asistencia debe mantenerse antes, durante y después de una emergencia climática.

Mel Oluoch, de la Asociación Sasakawa para África, defendió que la extensión agrícola se convierta en una primera línea permanente de resiliencia. Además de transmitir recomendaciones, los técnicos deben incorporar la experiencia de los propios agricultores a los programas de investigación.

La preparación también requiere evaluar cada territorio de manera específica. El Niño no produce los mismos efectos en todas las regiones: puede reducir las precipitaciones en unas zonas y provocar lluvias excesivas e inundaciones en otras. El seguimiento de los riesgos agroclimáticos asociados con lluvias irregulares evidencia la importancia de combinar los pronósticos generales con datos locales sobre suelos, cultivos y calendarios de siembra.

Empresas semilleras expuestas a las malas cosechas

Las compañías locales también necesitan prepararse porque una campaña deficiente puede reducir la producción de semillas y afectar varios ciclos agrícolas. Sin capital circulante, seguros y reservas suficientes, las empresas pueden quedar imposibilitadas para abastecer a los productores antes del cierre de las fechas de siembra.

Mutande Kosta Tembo, representante de la empresa zambiana Afriseed, indicó que el sector requiere variedades resilientes, financiamiento, redes de distribución confiables y alianzas más sólidas. Esas condiciones permitirían anticipar las crisis en lugar de intentar recuperar el suministro cuando el daño ya está en marcha.

La capacidad de los países africanos para afrontar la campaña 2026-2027 dependerá, por tanto, de algo más que producir semillas mejoradas. Será necesario certificar su calidad, impedir las falsificaciones, llevarlas a comunidades remotas, acompañarlas con asesoramiento agronómico y asegurar que los agricultores puedan comprarlas antes de sembrar.

Fuente referencial:
IPS Agencia de Noticias



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